Como los cangrejos

Por: 
Miguel Gómez Martínez
07 de Diciembre 2017
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Al gobierno, obsesionado por su imagen, le importan poco la calidad de las políticas públicas y su ejecución.
Al gobierno, obsesionado por su imagen, le importan poco la calidad de las políticas públicas y su ejecución.
 
Dado que el gobierno insiste en sacar pecho por los resultados sin igual que obtiene en todos los campos, tenemos que seguir diciendo que existe un largo trecho entre la fantasía y la realidad. Porque la realidad es la realidad, y no es buena.

Los índices internacionales tienen como principal ventaja la de permitir una comparación en el tiempo, realizada por personas que suponemos son independientes en sus análisis. Si miramos el resultado final del Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial para el 2017, vamos para atrás, como los cangrejos.

 
En el consolidado perdimos, en el último año, cinco posiciones pasando del puesto 61 al 66. Es un balance muy pobre, pero explicable, pues el tema de competitividad, asociado con la política de comercio exterior, no ha recibido atención durante estos siete años.
 
El informe está estructurado en 12 pilares que resumen temas económicos, sociales e institucionales. En los que salimos mejor calificados son Eficiencia de los Mercados Financieros (puesto 27) y Tamaño del Mercado (puesto 37). En el primero, es claro que la calidad de la supervisión y las mejoras en bancarización han sido importantes. En el segundo, la inercia demográfica juega un papel importante, y Colombia es hoy el tercer mercado más importante de América Latina, después de Brasil y México.

En el pilar institucional obtenemos nuestro peor resultado, con un dramático puesto 117 sobre 137. Por ello, conviene analizar, con detalle, lo que nos está sucediendo.

 
De lejos, el principal factor que dificulta hacer negocios en Colombia es la corrupción mencionada por el 17,6 por ciento de los encuestados. En la medición de ‘favoritismo en la toma de decisiones de los miembros del gobierno’, ocupamos un penoso lugar 119 entre 137 países. 

No se le escapa a los observadores internacionales el uso indebido del poder para pagar favores y privilegiar a los amigos, que se ha impuesto como nunca antes en nuestra historia.

 
Si se mide el criterio de ‘eficiencia del gasto público’, somos coleros, con el puesto 129 entre 136 naciones. En el factor ‘peso de las regulaciones estatales’, que mide la calidad de la burocracia, estamos graves, con un angustioso puesto 123. 

Cuando se le pregunta a los encuestados por otros factores que hacen difícil emprender en Colombia, se mencionan las tasas impositivas (14,2 por ciento) y la legislación tributaria, con 5,7 por ciento.

 
La ineficiencia de la burocracia estatal es señalada en tercer lugar, con 9,2 por ciento en una administración que se hizo elegir con el lema del ‘buen gobierno’. Salen también mal calificadas la infraestructura, la inestabilidad de las políticas y la calidad del régimen laboral.

Lo triste de este diagnóstico es que no sorprende. Decir que la corrupción está desbordada, que nuestro sistema tributario es un desastre, o que tenemos una burocracia asfixiante e inepta, no es una noticia. Si los problemas son tan evidentes, ¿por qué no actuamos para solucionarlos? ¿Por qué seguimos perdiendo lugares en las clasificaciones internacionales sin que las políticas públicas reaccionen?

Al gobierno, obsesionado por su imagen, le importan poco la calidad de las políticas públicas y su ejecución.Considera que una rueda de prensa y un titular solucionan los problemas. Mientras tanto, vamos para el estanque.

 
Portafolio, Diciembre 6 de 2017