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Tema lácteo: Conjurar los riesgos especulativos

Por Ricardo Sánchez Rondón - 14 de Mayo 2015

El Estado colombiano se ha caracterizado por una administración mesurada de sus recursos. Por esta razón, hace un manejo conservador, para minimizar el riesgo.

El Estado colombiano se ha caracterizado por una administración mesurada de sus recursos. Por esta razón, hace un manejo conservador, para minimizar el riesgo. El portafolio de divisas, el Sistema General de Regalías y la adopción de la Regla Fiscal son ejemplos de opciones de hacer frente a la inestabilidad y volatilidad de los mercados y de las finanzas. A la vez que el Estado colombiano regula, diversifica y minimiza el riesgo, interviene frente a los excesos especulativos de precios, como hizo recientemente frente a los precios desbordados de los medicamentos.

No se entendería entonces que el Gobierno Nacional acogiera propuestas de algunos voceros de la industria láctea, que pretenden trasladar a los productores colombianos la volatilidad del mercado internacional de leche (el comercio internacional de leche representa un 7% del consumo mundial de leche). Por cuenta de esta volatilidad, los precios internacionales de leche han oscilado entre un 50 y un 60 % del precio por tonelada de leche en polvo entre los años 2011 a 2014.

Sin embargo, hay algunos aspectos susceptibles de ajuste para conjurar los riesgos especulativos y sus probables impactos negativos sobre el precio y volúmenes demandados de leche nacional. Entre los más importantes están los siguientes: primero, el uso creciente de lactosueros como materia prima de los derivados lácteos, cuyas importaciones aumentaron en 31 % en 2014.   Los lactosueros son comercializados como bebida láctea o como quesos, pese a que no pueden ser considerados como lácteos. La Superintendencia de Industria y Comercio tiene en ciernes una medida que prohibiría denominar como derivado lácteo a todo producto cuyo contenido de leche sea inferior al 51 %. Por la misma razón, su exhibición no debe estar asociada a la de productos que si tienen estas características. Esta precisión legal tiene implicaciones en el sistema de pago, puesto que el DANE tendría que afinar la categoría de bebidas y quesos elaborados con lactosueros, para excluirlos del grupo de lácteos para el cálculo del IPC; dicho grupo constituye un elemento importante en el sistema de pago al productor de leche.   De otra parte, si las importaciones continúan creciendo a las altas tasas en que vienen haciéndolo, (a febrero de 2015 las importaciones lácteas están cerca de triplicarse con relación al año anterior) el Gobierno puede invocar, como lo hiciera en el 2013, la cláusula de salvaguardia en defensa de la producción nacional.   Segundo, los beneficios de precios más bajos de los lácteos importados no se trasladan proporcionalmente a los consumidores. Son capturados en buena parte por intermediarios o procesadores, y a la par, estimulan aún más el ingreso de importaciones. En tanto los precios de la leche importada fueron 10 % inferiores a los de la leche en polvo procesada nacionalmente en 2014, el precio al consumidor varió en uno por ciento. La leche en polvo importada representa un 32 % del total consumido de leche en polvo entera en el país. La acumulación de inventarios de leche en polvo puede tornarse especulativa a partir de importaciones realizadas en épocas de bajos precios internacionales, cuyo costo financiero se traslada indirectamente a los productores colombianos mediante precios a la baja. Los inventarios de leche en polvo aumentaron en 40 % en solo 2 meses, entre octubre y diciembre de 2014.

La ampliación del margen de beneficio comercial a costa de productores y consumidores, debe ser penalizado mediante un menor peso del margen comercial en el sistema de pago, sin perjuicio de la intervención que pudiera tener la Superintendencia de Industria y Comercio cuando dichos márgenes excedan ciertos límites. De manera similar, cuando los inventarios se incrementen o disminuyan extraordinariamente en un plazo breve, de uno a 2 meses, dicha variabilidad no sería considerada en el sistema de pago, por su carácter potencialmente especulativo, estos aspectos requieren de un cuidadoso monitoreo, el cual debería estar a cargo de la Unidad de Seguimiento de Precios.   Por último, pese a la complejidad y elaborada construcción institucional que requiere el sistema de pago, ha sido la búsqueda de precios y/o márgenes justos lo que en buena parte ha posibilitado la supervivencia de una gran masa de pequeños productores que nutren una muy sólida y rentable industria nacional. La leche ha sido el único alimento típico de pequeños y medianos productores, equiparable por su importancia al café, que ha logrado sobrevivir y crecer de manera sostenida, pese a la despiadada apertura de la economía en los años 90.   El país no debe empeñarse en promover otro episodio similar al de la apertura económica. Al ritmo actual, las importaciones de lácteos, que empiezan a privilegiar los quesos, además de la leche en polvo y los lactosueros, probablemente incidan en el menor acopio de leche, particularmente en las zonas productoras del trópico bajo. Justamente donde las prioridades postconflicto serán las más urgentes en materia de ingresos y oportunidades.

* Ricardo Sánchez es el actual presidente de Unaga