La preocupación por la desigualdad y la pobreza

Por: 
CONtexto ganadero
09 de Julio 2018
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Martínez González, miembro del Centro de Investigaciones y Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Universidad de Colima. Foto: conacytprensa.mx
Una visión de los Acuerdos comerciales visto por las investigaciones y estudios de Saúl Martínez González, cuyos análisis bien podrían ayudar a Colombia ahora que el gobierno está promoviendo nuevos acuerdos.
 
Es investigador, ingeniero agrónomo especialista en economía agrícola por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, de Saltillo, Coahuila, con una sólida formación centrada en los impactos de los acuerdos comerciales. Actualmente es integrante del Centro Universitario de Estudios e Investigaciones sobre la Cuenca del Pacífico de la Universidad de Colima (Ucol), México.
 
Es autor de varios libros y decenas de artículos académicos arbitrados sobre diversos aspectos de la economía agrícola, tanto en el ámbito del TLCAN como de la relación de México con los países de Asia Pacífico.
 
Gracias a una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), cursó la maestría en economía rural por la Universidade Federal de Viçosa, Minas Gerais, Brasil, donde se graduó con la tesis Os efeitos potenciais do NAFTA na agricultura do estado de Colima y el doctorado en problemas económicos agroindustriales, en la Universidad Autónoma Chapingo, donde desarrolló el trabajo Perspectivas de competitividad de la agroindustria de limón en México frente al mercado de la Unión Europea. Un enfoque de clusters.1990-2000, que no ha concluido.
 
En análisis de los acuerdos comerciales
 
Una de sus virtudes es el seguimiento a algunos de estos acuerdos. Así, en 1992, dos años antes de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el investigador Saúl Martínez González realizó un estudio académico en el que vaticinó los probables impactos de ese acuerdo comercial sobre la agricultura en el estado de Colima  (México).
 
En la actualidad, corroboró que casi todas sus predicciones se hicieron realidad, por ejemplo, que los cultivos con mayor ventaja comparativa iban a ser las frutas y hortalizas, mientras que los granos, en especial el maíz, prácticamente iban a desaparecer.
 
Y así ha ocurrido. Mientras los horticultores y productores de frutas han tenido relativo éxito con sus exportaciones, el cultivo de maíz cayó de una superficie de 40 mil hectáreas en aquel tiempo a menos de nueve mil hectáreas en la actualidad, lo que implica una reducción de entre 75 y 80 por ciento.
 
Procesos agrícolas de México con países de Asia Pacífico
 
Una de las investigaciones que más apasionó a Saúl Martínez y a la que dedicó más tiempo —más de diez años— fue a la del funcionamiento de la industria del limón en el municipio de Tecomán, Colima, considerado por muchos años la capital mundial del limón, aunque actualmente dice haber cerrado ya ese ciclo.
 
La línea de investigación que desarrolla el académico en esta época tiene que ver con seguridad alimentaria, a través de estudios comparativos de los procesos agrícolas de México con los de diversos países de la región Asia Pacífico, especialmente China, Corea del Sur y Japón.
 
“Estos trabajos, ubicados en la línea de oportunidades de negocios y comercio internacional con los tratados de libre comercio, siempre van pensados en la situación de México; la referencia es cómo han hecho las cosas allá, cómo se han hecho aquí y cuáles resultados se han obtenido en cada caso, por ejemplo”.
 
Las razones de la desigualdad social y la pobreza
 
Martínez ha enfocado y motivado sus investigaciones académicas en el interés por encontrar respuestas en torno a las razones de la desigualdad social y la pobreza.
 
Los resultados encontrados (en México) hasta ahora no son alentadores, pues “la tendencia parece ir hacia la agudización de esta problemática”, dice, por lo que en el contexto de las actuales políticas económicas será muy difícil disminuir la pobreza, pues para que esto ocurra tendría que modificarse el rumbo económico del país y transcurrir un plazo de al menos dos décadas.
 
Estima que la brecha existente entre ricos y pobres genera una gran tensión y constituye una situación de injusticia en el país, por lo que debe reorientarse la política económica, pues se le ha apostado a las exportaciones y al desarrollo económico, pero se ha dejado de lado el desarrollo humano. “Por razones de seguridad alimentaria, México debe producir más alimentos y fortalecer su campo”, advierte el investigador, quien es de tendencia de izquierda.
 
¿Qué tanto se puede aportar desde la academia a la mejoría de los sectores desprotegidos de la población?
 
—Creo que mucho, porque los tomadores de decisiones tienen el poder, los instrumentos y los recursos para impulsar las medidas necesarias para transformar las cosas. Así como yo hablo de economía agrícola, hay otros investigadores que pueden aportar en el campo de la salud, el empleo y la educación.
 
El problema es que esto casi no se da porque no hay una vinculación entre la academia y quienes están en el poder. Los políticos no quieren acercarse a los académicos porque piensan que los van a desplazar. Entonces generalmente no se asesoran con especialistas en su respectiva área.
 
Sabemos que un gobernante no tiene la obligación de saber de todo, pero sí tiene la responsabilidad de saber elegir a sus asesores. Pero como esto no ocurre, entonces muchos de los esfuerzos académicos, que a final de cuentas son financiados con recursos de la sociedad, no retribuyen beneficios para la población.
 
Refiere que él personalmente ha entregado los resultados de sus investigaciones a servidores públicos del área rural, pero estos solo los han recibido sin tomarlos en cuenta para el desarrollo de su trabajo, a diferencia de lo que ocurre en otros países, donde la participación del sector académico resulta fundamental para la definición de las políticas públicas en cualquier área.
Fuente: Agencia Informativa Conacyt. Por Pedro Zamora Briseño