El patrimonio de los vallenatos

21 de Diciembre 2015
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Al igual que el contrabando, el acordeón ingresó a Colombia por La Guajira. Todo comenzó con la leyenda del gran juglar, Francisco El Hombre.
Al igual que el contrabando, el acordeón ingresó a Colombia por La Guajira. Todo comenzó con la leyenda del gran juglar, Francisco El Hombre.  
 
Cuenta la historia, que un 24 de diciembre a finales del siglo XIX, Francisco Moscote Guerra -un campesino del sur de La Guajira-, salió en su burro a comprar un acordeón para tocarle una fiesta a su novia Enilda Palacio en Riohacha. De regreso -a altas horas de la noche-, notó que cada melodía que interpretaba era respondida por un músico que no lograba divisar en la oscuridad.
 
Después de 2 horas de enfrentamiento y cuando su contendiente le estaba ganando, Francisco pudo ver a través de un rayo de luz de luna, que se trataba del diablo. Fue entonces cuando el juglar miró al cielo, rezó el Credo al revés y entonó la melodía más hermosa jamás escuchada y con la cual le ganó el duelo al diablo. Al día siguiente, 25 de diciembre, en la casa de la novia cumplimentada, hicieron tremenda parranda donde el juglar estrenó sus estrofa del Amor, amor: “Me dijiste que eras firme, como la palma en su tiempo; si la palma fuera firme, no la batuqueara el viento”…
 
Este relato y otras tantas historias que nacieron alrededor de un acordeón y las canciones que interpretaban otros juglares en las parrandas vallenatas, es lo que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –Unesco-, quiere proteger con la declaratoria de patrimonio inmaterial de la humanidad.
 
Claramente, el vallenato esta pasando por una crisis de identidad ocasionada por el afán y la voracidad de hacer dinero con esta música. En el festival vallenato, las parrandas fueron desplazadas por las ostentosas fiestas que brindan las grandes compañías comerciales del país para mercadear sus productos, las fusiones del género vallenato con otros ritmos musicales son los más colocados en las estaciones radiales y el negocio de las payolas que exigen algunos directores de emisoras a las agrupaciones vallenatas para sonarles sus discos -sin importar la calidad del mismo-, son las principales amenazas de nuestro folclor vallenato. A buena hora este reconocimiento de la Unesco, nos motiva a rescatar la música que ha jugado un papel fundamental en la formación de una identidad regional tradicional.
 
Desde este espacio, pido respetuosamente a los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate, Iván Villazón, Carlos Vives, Jorge Celedón y Silvestre Dangond, entre otros cantantes, rescatar esas bellas melodías de nuestra autentica música vallenata y que compositores como Rafael Manjarrez, Gustavo Gutiérrez, Roberto Calderón, Rosendo Romero y Hernán Urbina, vuelvan a inspirarse con esas hermosas canciones que narran la historia de un amor verdadero.
 
Es importante que los parlamentarios vallenatos gestionen ante el Congreso un proyecto de Ley que exija a las estaciones radiales a promover la música colombiana y la vallenata por encima de la extranjera. En los Estados Unidos, de cada 100 canciones que suenan en las emisoras, 70 son de música americana. ¿Por qué no hacer lo mismo acá?
 
A los respetados folclorista de Valledupar, les llegó la hora de exigir a los gobiernos locales, acelerar la apertura de un Museo Nacional de la Música Vallenata y promover la creación de una agremiación fuerte que defienda los intereses del folclor y promueva en las nuevas generaciones la conservación del vallenato tradicional, para que al menos honremos este importantísimo reconocimiento de la Unesco.