¡Qué nos importan Uribe y Fedegán!

Por: 
CONtexto Ganadero
13 de Junio 2013
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¿Una declaración? ¿Una advertencia? ¿Una amenaza? ¿Cómo interpretar esa última frase del comunicado que el autodenominado Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP, lanzó desde las montañas de Colombia el pasado 7 de junio?
 
Los medios lo divulgaron ampliamente, pero editado para concentrarse en los temas que venden: que la invitación de Santos a Capriles, que la visita de Joe Biden, que la Alianza Pacífico, que la OTAN, que la OCDE, que todos son petardos de Santos a la mesa de negociaciones, y que todo es fruto de la inconsecuencia, la cicatería y el afán del Gobierno.  (Lea: Farc atacan al Gobierno por su negativa a aplazar elecciones)
 
En fin, en la telenovela de las negociaciones en La Habana, las pataletas, las amenazas y las pretensiones desmedidas, como la última de aplazar las elecciones, no solo venden periódicos y encienden televisores y radios en todo el país, sino que mueven a la opinión de allá para acá en su respaldo o rechazo a las negociaciones, este último cada vez más generalizado. Los colombianos quieren la paz, pero no soportan la arrogancia de los cabecillas de las Farc, mientras siguen cometiendo actos terroristas y delitos de toda índole en todo el territorio nacional, aliados con bandas criminales para lucrarse del narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando, entre otros.
 
Pero más allá de las pataletas y el rating, los medios hicieron caso omiso de la amenaza implícita –¿o explícita?- y con nombre propio que remata el comunicado: “Qué nos importan Uribe y Fedegán si estamos resueltos a alcanzar la paz”. Una cosa es que sus agentes oficiosos en la Marcha Patriótica y otros sectores de la llamada izquierda democrática hayan graduado al expresidente y a esta casa como los únicos enemigos de la paz en este país, y otra bien diferente es que las mismas Farc hagan semejante manifestación pública, porque ellos sí tienen las armas en las manos y el odio reconcentrado hacia quien tuvo el coraje de enfrentarlos y reducirlos como nunca antes, y hacia el gremio que, antes inclusive de Uribe y la Seguridad Democrática, levantó en solitario la bandera de la seguridad y el rechazo al terrorismo de la guerrilla.
 
No en vano Fedegán y los ganaderos fueron declarados objetivo militar de las Farc desde la década de los sesenta del siglo pasado. No en vano asesinaron a José  Raimundo Sojo en 1995 y atentaron contra Jorge Visbal y la sede de Fedegán en 2003 con armamento de guerra. No en vano se cuentan por miles las víctimas ganaderas de la violencia, la gran mayoría a manos de las Farc. (Lea: Uribe culpa a Santos por la quiebra de los lecheros del país)
 
A la guerrilla no tenemos que darle explicaciones, pero al país si debemos reiterarle que Fedegán no es enemigo de la paz, como sabemos que tampoco lo es el expresidente Uribe. De lo que somos enemigos es de unas negociaciones ilegítimas por definición, porque nunca debieron sobrepasar las condiciones de reinserción para quien entrega las armas y se somete a nuestro ordenamiento legal y constitucional.
 
Ahí está el almendrón y la causa de tan peligrosa sindicación publica a Fedegán y al expresidente. Pues mientras así pensamos, en el mismo comunicado y con su arrogancia de siempre, las Farc conminan al Gobierno y al país a que “Hay que entender que éste no es un proceso de sometimiento, sino de construcción de paz. No se trata de una incorporación de la insurgencia al sistema político vigente, así como está, sin que se opere ningún cambio a favor de las mayorías excluidas. ¿Entonces para qué fue la lucha?”.
 
Es así de sencillo, es la paz de las Farc, es la paz con impunidad y con todas las prerrogativas para cambiar, bajo el chantaje de las armas, nuestro orden constitucional y construir  un país a su imagen y semejanza, que se acople al de sus patrocinadores, el Gobierno cubano y el socialismo bolivariano del siglo XXI. A las Farc no les importan solamente Uribe o Fedegán; tampoco les importan la tierra ni los campesinos que dicen defender. A las Farc les interesa el poder. (Lea: Lafaurie y De La Calle hablan de la paz y el campo colombiano)
 
N.B. Esperamos que las autoridades competentes, a diferencia de los medios, tomen atenta nota de la amenaza contra el expresidente Uribe y contra Fedegán.