Con sumo cuidado

22 de Agosto 2017
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Por Fernando Morales Vallecilla
 
Resumen
 
La oferta de materia seca de las pasturas es cada vez más incierta, las tasas de elongación de los pastos aumentan con la temperatura, pero su fotosíntesis puede alterarse con fenómenos de intenso calor como los actuales. ¿Cómo asegurar el consumo de la materia seca de las vacas lecheras frente a la variabilidad climática?
 
La variabilidad climática presente en los últimos años hace repensar a productores y técnicos sobre las estrategias a seguir para mantener la sostenibilidad de los sistemas ganaderos, hoy no sólo son recursos como el agua los que nos afectan; sino que el entorno ambiental, social y económico viene mostrando grandes cambios que afectan negativamente el desarrollo de la ganadería regional y, por supuesto, su rentabilidad.
 
Los impactos del cambio climático en América Latina son múltiples y heterogéneos y existe gran vulnerabilidad por parte de nuestros sistemas productivos como se evidencia en el incremento de la ocurrencia de eventos que como los fenómenos del niño y la niña golpean toda la región (Cepal, 2010). Estas condiciones han afectado la distribución de las zonas agroecológicas, la dinámica de los hábitats, la estructura y biomasa de los ecosistemas, la persistencia de arvenses (malezas) y han realizado cambios en los patrones de incidencias de plagas y enfermedades, lo cual podría traer impactos negativos en la agricultura y la producción de alimentos para el hombre y los animales (Mabrouk A., 2011).
 
Según un grupo de expertos reunidos en el panel de Montpellier (2013), ven como una de las alternativas en el desarrollo de modelos ganaderos puede ser que se establezca el concepto de intensificación sostenible y proponen tres caminos: (1) intensificación ecológica basándose en modelos de agricultura ecológica que incluya no sólo conceptos establecidos como la rotación de potreros o los silvopastoriles; sino las inter siembras de especies de mayor adaptación a cada zona, el manejo integrado de plagas y enfermedades y la conservación de recursos fundamentales como el agua y el suelo; (2) intensificación genética, que incluye incrementar el rendimiento productivo por medio de plantas mejoradas, el mejoramiento genético de los hatos y el valor nutritivo de los alimentos; además de mejorar la resistencia de los individuos a la presencia de enfermedades o a lograr una mayor adaptación a las variaciones climáticas; (3) intensificación socioeconómica se toma como la creación de ambientes propicios para el desarrollo de las actividades agropecuarias como el desarrollo de nuevos mercados con valor agregado, la construcción del tejido social y el desarrollo del capital humano en las regiones, muy conducente a los nuevos horizontes que debe construir el país.
 
Pasturas para mejorar el consumo de materia seca y la producción de leche
 
Nuestro trópico nos invita a producir pasturas durante los 365 días del año y, es por ello, que estudios en Nueva Zelanda y el sur del continente concluyen en que hay una relación directa entre el mayor consumo de pastura y su eficiencia económica (Hodgson, 1990; Bargo 2010); sin embargo, la oferta de materia seca de las pasturas es cada vez más incierta, las tasas de elongación de los pastos aumentan con la temperatura, pero su fotosíntesis puede alterarse con fenómenos de intenso calor como los actuales. Cuando los valores de radiación superan los requeridos por la planta, ésta hace un cierre estomático y no crece, a pesar de que tenga agua y nutrientes.
 
Pastos de desarrollo erecto como algunas especies de Guinea (Panicum máximum) o estoloniferos como la estrella (Cynodon plestostachyus), en zonas tropicales, muestran una marcada estacionalidad en características de rendimiento en kilogramos por metro cuadrado (kg/m2) en las épocas de sequía (disminución que puede ser del 30 a 40 % de su potencial en lluvias) y elevación de los valores de fibra detergente neutra (FDN) con valores superiores al 65 %. Esto deprime la calidad nutricional del alimento y su digestibilidad y afecta el consumo voluntario del forraje. Fenómenos similares se observan en zonas frías como en el caso del pasto kikuyo (Pennisetum clandestinum), que en presencia de deficiencia hídrica desarrolla una marcada senescencia y muerte de hojas, presentándose una pérdida de la calidad nutricional, lo que ocasiona que las vacas que pastorean estas pasturas depriman su consumo voluntario y, por consiguiente, disminuyan la producción láctea entre 2 a 3 litros por vaca día. «Un aumento de 5 puntos porcentuales en el valor de la FDN en el forraje, puede disminuir hasta en 1 a 1.5 litros la leche en una vaca». Si esto es así, la inversión en sistemas adecuados de riego para las praderas sería justificada financieramente en períodos de 4 a 5 años; pero hoy esta solución se complica cuando el agua no está alcanzando ni siquiera para cubrir las necesidades de los seres humanos y tendrá mayores regulaciones hacia el futuro.
 
TABLA 1. REQUERIMIENTO DE MATERIA SECA PARA VACAS LECHERAS (NRC 2001).
 
Para disminuir el requerimiento de agua en sus praderas se deben recordar conceptos como la conservación de la materia orgánica en el suelo, desarrollar barreras corta vientos, No pastorear demasiado bajo porque estos pastoreos exponen el suelo al calor y aumentan el requerimiento hídrico, proteger las fuentes de agua y desarrollar sistemas silvopastoriles.
 
Si no se logra desarrollar ninguna de estas alternativas, los animales se verán enfrentados a una menor oferta forrajera y a un incremento de los niveles de fibra, con lo que las vacas disminuyen la producción láctea o manifestarán problemas energéticos, ya sea bajando su condición corporal, presentando enfermedades metabólicas como la cetosis o desarrollando problemas relacionados con el funcionamiento ovárico, en especial, en vacas que se encuentren en los primeros tercios de lactancia.
 
No hay duda que la vaca alta productora requiere grandes cantidades de alimento y energía, y que entre más energía incorpore al sistema el producto final leche o carne será mayor; esto es medido con base a la materia seca consumida, la cual dependerá de factores como el tipo de pasturas, su oferta por metro cuadrado, la calidad y contenido de humedad, el sistema de alimentación, la estructura de grupos, las relaciones hoja tallo de la pastura, la contaminación de la pastura por presencia de heces u orina, el calor, la presencia de plagas y enfermedades, condiciones fisiológicas de los animales, etc.
 
Muchos estudios de consumo ingestivo de alimentos son realizados en condiciones controladas; pero son pocas las experiencias en nuestros países en sistemas pastoriles (Aristizábal, 2004), los aumentos de carga calórica en las vacas (combinación de temperatura y movimiento del aire, humedad relativa y radiación), afectan los animales en su temperatura corporal y en el ritmo respiratorio y pueden incidir de manera negativa sobre el bienestar animal y disminuir el consumo de materia seca y la producción de leche (Schütz et al., 2010).
 
Para evitar estos problemas se debe estudiar el comportamiento de los animales en su finca y los tiempos que utilizan los animales en cada una de las actividades, para estimar el verdadero consumo de materia seca que logra obtener el animal durante el día.
 
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