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columna

2017: nubes negras y retos

por: Darío Acevedo Carmona- 31 de Diciembre 1969

Con la imposición del acuerdo con las FARC a costas de sacrificar la Constitución y corromper los principales órganos del poder y las instituciones, y de la aprobación a pupitrazos de una reforma tributaria que tendrá efectos recesivos en la economía, es suficiente para no hacernos ilusiones.

Con la imposición del acuerdo con las FARC a costas de sacrificar la Constitución y corromper los principales órganos del poder y las instituciones, y de la aprobación a pupitrazos de una reforma tributaria que tendrá efectos recesivos en la economía, es suficiente para no hacernos ilusiones.  

Me referiré en estas líneas tan solo al porvenir del país en lo que tiene que ver con las consecuencias de una paz que, por las condiciones entreguistas en que fue firmada, nos coloca en el camino del bolivarianismo chavista y de una neodictadura, que llamo de esa forma porque no se impone a través de un golpe de fuerza ni con violencia, porque el golpe se da en un proceso gradual y no de repente, y con la venia de los grandes poderes nacionales.   Ante la advertencia que formulamos sobre la entrega del país al castrochavismo, hemos recibido como respuesta la burla y el calificativo de paranóicos o terroristas sicológicos. Los hechos, tozudos como siempre, nos van dando la razón. Hoy la comandancia de las FARC se pasea por los medios dando declaraciones sobre lo humano y lo divino, totalmente empoderados, entran en sociedad no por la puerta de atrás, sin remordimientos lo hacen por la de adelante, hablando duro, fuerte, exigentes. Ellos quieren ser un partido político con más ventajas que cualquiera de los existentes pero sin renunciar a su ideología totalitaria marxista-leninista. De manera que no es paranoia, ellos le rinden honores, lealtad y obediencia al Régimen castrista, al camarada Raúl, al dictador Maduro y al fantoche Ortega.   Y ya ejercen poderes, los que se desprenden de la aplicación de las opíparas concesiones de este Gobierno tramposo que hizo la paz con una minoría de criminales de guerra y declarando como enemigos a quienes triunfamos en el plebiscito en contra de su entreguismo. Por ejemplo: las Farc ya nombraron 3 voceros en el Senado y 3 en la Cámara para supervisar que el Congreso no cambie nada en la discusión de los proyectos de ley. Imaginemos la Asamblea de Francia supervisada por delegados de ISIS, o la de España por los de ETA o el Parlamento Británico por los del IRA o el Congreso americano por los de Al Qaeda, en nombre de la “paz”.   Ya integraron la Comisión de Verificación por partes iguales, todo un cogobierno. En días pasados dieron una demostración de cuán lejos han llegado: ante denuncias del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, elegido por voto popular, miembro de Cambio Radical partido de la coalición oficial y que ha respaldado la política de paz de Santos, por irregularidades cometidas por guerrilleros ubicados en zona de preconcentración, a raíz de quejas de la ciudadanía, la respuesta de alias Marcos Calarcá a través de Caracol Radio el pasado 28 de diciembre no pudo ser más grosera y atrevida, descalificó a la primera autoridad política del departamento de Antioquia y lo vetó para visitar esa zona cual si se tratara de una “república independiente” donde mandan ellos y solo ellos.   Si le dan una patada en el trasero a un funcionario que hace parte de la coalición de la paz, no debería extrañarnos que en el futuro lo hagan con amigos, aliados y servidores de ocasión, que es lo que han hecho los comunistas en todo el mundo y en todas las épocas. El presidente Santos no está libre de que en un futuro le realicen un juicio por “el asesinato fuera de combate de Alfonso Cano”.   De manera que, no es que ese acuerdo y las FARC mismas representen un peligro potencial. Es que ya lo son, ya tienen poder y lo ejercen, en próximos días exigirán silenciar a quienes osen criticarlos y les recuerden sus impunes crímenes de guerra.   Ellos usan magistralmente 2 herramientas en su camino hacia el poder, objetivo que no hemos inventado sino que ellos mismos se encargan de notificarlo en cada entrevista “Nuestro objetivo es la toma del poder para instaurar el socialismo”. Esas 2 herramientas son: la gradualidad, que consiste en ir despacio, lentos pero seguros, montando mil aparatos para dar idea de fortaleza y unidad, peldaño a peldaño para no asustar a la población, cambiando su lenguaje para dar apariencia de moderación. Y la consolidación de cada logro al que se aferran con garras y uñas. Son hábiles en engañar, crear confusión, alterar el sentido de las palabras y agobiar a la opinión y al gobierno con escaladas exigencias.   En conclusión, debemos entender que ya están bien metidos y empoderados y, en esa dirección, prepararnos para las batallas que hemos de librar para evitar que avancen y recuperar el camino que hemos perdido.   El Espectador, Bogotá, 01 de enero de 2017.