Óscar Iván: El deber ser del político

Por: 
José Félix Lafaurie Rivera
27 de Noviembre 2017
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Óscar Iván Zuluaga le sacó 458 mil 156 votos a Juan Manuel Santos en la primera vuelta presidencial de 2014. No obstante, en apenas 20 días Santos lo alcanzó y lo sobrepasó en otros 453 mil 830 votos. ¿Qué sucedió? Hoy sabemos que el CNE exoneró a Zuluaga de cualquier sospecha de financiación por parte de Odebrecht, mientras el señor Prieto se enreda cada vez más en sus contradicciones y su lenguaje procaz, tratando de cubrir a su patrón en la Casa de Nariño.
Sin embargo, esa platica era invisible en ese momento y, además, insuficiente frente a la ventaja de OIZ. Por eso se necesitaba algo contundente: el escándalo del hacker, que sirvió para desalentar votos y darle el triunfo a Santos. Óscar Iván, a pesar de lo que terminó siendo una vulgar patraña, estuvo al filo de los siete millones de votos. Conclusión: le habían robado la presidencia de la República.
 
Con el archivo del proceso en la Fiscalía en enero de 2017, con 7 millones de votos intactos, con el apoyo de su partido y con la indignación que produjo entender que él debería ser el presidente ahora mismo, Óscar Iván se coloca en el partidor para la presidencia en 2018 con el viento a su favor.
 
Apenas 20 días después del cierre del proceso del hacker, y como perseguido por un sino trágico o por vaya uno a saber qué oscuros intereses, se conocen las revelaciones sobre la confesión de un señor “Duda”, que habría recibido de Odebrecht 1,6 millones de dólares por apoyar la campaña de Zuluaga en 2014. “Otra vez el burro al trigo y el pollino a la cebada”.
 
En marzo de 2017, en un acto de gallardía frente a su partido, a sus electores y al país, Oscar Iván aplaza su candidatura para enfrentar el nuevo proceso y se somete al Comité de Ética del Centro Democrático, desatando a la par la carrera de los quíntuples por la candidatura de su partido.
 
A finales de octubre, el CNE lo exonera por la presunta financiación de Odebrecht –otra patraña–, ante lo cual llegamos a lo que los medios han querido mostrar, sin razón, como una grave crisis. Óscar Iván le envía una carta al partido solicitando respaldo para relanzar su campaña aplazada. No solo era su derecho sino su responsabilidad frente a sus electores; un acto de dignidad personal: de honor. No hacerlo era aceptar que la providencia del CNE, su juez natural por definición de la propia Fiscalía, había dejado los vacíos en que persiste esta última. El expresidente Uribe responde públicamente y con dolor de partido, que la insistencia del Fiscal representa un riesgo político frente a la campaña. Razonable preocupación.
 
¿Cuál es la respuesta de Óscar Iván? ¿Acaso la del político tradicional que se atornilla en lo que considera sus derechos, su electorado, como si la voluntad popular fuera patrimonio personal? ¿Acaso la de quienes “se abren del parche” porque no reciben la importancia que creen merecer, como si la política no fuera un asunto de convicciones sino de ambiciones personales?
 
No. Óscar Iván llama a la serenidad, la prudencia y la reflexión, sus tres virtudes teologales; y en los escasos caracteres de un trino, dicta una clase magistral sobre el deber ser de un político. Tres cosas claras. Primero: “El futuro de Colombia es el bien superior”. Segundo: La importancia de los partidos como expresión política: “El país necesita del Centro Democrático”. Tercero: “Las convicciones trascienden los momentos de dificultad”.
 
Amalaya que no sea nuestro presidente. Algún día lo será.