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Foto: Luis Magin Guardela

cronica

Tres generaciones de ganaderos trabajando por el Brahman colombiano

por: - 31 de Diciembre 1969


Durante más de 60 años, la familia Guardela se ha destacado por ser pionera en el desarrollo de la genética cebuina en la ganadería La Unión Doble G en San Juan Nepomuceno, Bolívar. Su propósito es ofrecer animales resistentes, con gran habilidad materna y altamente productivos.   Luis Magin Guardela viene de una línea de ganaderos reconocidos en la región y en todo el Caribe. Su abuelo, Magin Guardela, estableció una de las explotaciones pecuarias más importantes que comenzó con los primeros toros Brahman que llegaron al país.   La historia de la Unión Doble G se remonta a los años 50, cuando don Magin compró algunos de los primeros toros Brahman blancos que la Casa Alemana trajo a Colombia, que empezó a criar en su finca Los Guáimaros. (Lea: Auguran progreso de ganadería en Bolívar)   “(El empresario) Pedro Barraza, tío de Rodrigo Barraza, importó unos toros de Estados Unidos y mi abuelo le compró 2 machos, entre esos Pirata. Ese toro después lo utilizó mi papá, José Guardela, con las primeras 15 novillas que compró a David Osorio en 1957”, contó.   Cinco años más tarde, en 1962, don José incursionó en la inseminación artificial, siendo uno de los pioneros en el Caribe colombiano en usar la técnica. De esta forma, adquirió material de destacados ejemplares como JDH Rex A. Manso y WHS Abco Imperator 153, que le dieron crías de excelente calidad, y también inseminó con Charolais y Pardo Suizo para hacer cruces con Brahman.   “Mi papá luego compró el famoso Iw 244, un hijo del inmortal 229/3, un toro de excelente descendencia que aportó mucha estructura, buen pigmento y habilidad materna, hermano de muchos toros campeones nacionales en Estados Unidos”, señaló Guardela.   El nombre completo del padre es Sugarland’s Rexcrata 229/3 y, como explicó el ganadero, se le llamó “inmortal” porque se convirtió el estándar del Brahman americano moderno, además que su progenie ganó numerosos campeonatos y registraron récords en ventas.   A Colombia llegaron varias de sus crías, que compraron varios productores pecuarios en el Caribe y en Santander, entre esos el IW’s Rexcrata 244 que adquirió Guardela, “sin lugar a dudas ese fue el toro más importante de nuestra ganadería”.   Cuando don José Guardela se hizo cargo de la ganadería, constituyó la sociedad con su cuñado González, que nombró Unión Doble G en honor a su propio apellido y el de su familiar. (Crónica: El Esfuerzo, mezcla de tradición y progreso en la ganadería)     Reconocimiento nacional e internacional   Entre los años 70 y 80, don José empezó a participar en importantes exhibiciones y competencias de todo el norte de Colombia, alcanzando los primeros lugares con ejemplares sobresalientes como el toro Cacique 446.   “Este toro fue campeón joven nacional y adulto reservado nacional. Tuvo gran fertilidad y gran producción, sus hijas eran muy lecheras. Revolucionó nuestra ganadería porque hasta ese momento usaban tallas medianas, y este era más largo. Hoy en día tenemos bisnietos de ese toro”, indicó Guardela.   Pero no solamente han triunfado a nivel local, sino que también han dado a conocer su genética en el país vecino de Venezuela, como el macho Cacique diferente 124-2, “el toro más vendido durante muchos años”.   “Una vez en una feria de Medellín, un venezolano se acercó a mi papá a darle las gracias porque ese toro le transformó la ganadería. Le comento esta anécdota porque es una gran satisfacción para un criador que le digan eso”, aseguró.     El terror de la violencia   Sin embargo, como muchos productores del país, la familia Guardela no fue ajena al conflicto armado que vivió la región de los Montes de María, una de las más azotadas por la violencia. (Crónica: Hacienda Nueva Estrella: empresa familiar con visión al exterior)   “En el año 2002, las Farc se entraron a la finca, torturaron y masacraron a 15 personas, y se llevaron 117 vacas puras, 300 carneros, cerca de 100 novillos. Nos tocó recortar terreno para no dar papaya y nos quedamos con un hato pequeño”, dijo Luis Guardela.   Ni él ni su padre estaban en la finca, porque tuvieron que dejar de ir cuando la situación se puso muy caliente. Don José, que vivía en la finca, tuvo que mudarse a Cartagena, y Guardela se dedicó a otras actividades, también en la capital de Bolívar.   Su labor quedó interrumpida casi que por completo, pues durante 6 años no pudieron entrar a la zona ni verificar a los animales por sí mismos. Fue hasta 2008, cuando disminuyo la violencia en los Montes de María, que pudieron volver al predio.   En esa tarea lo acompañó Luis, quien se graduó como zootecnista de la Universidad Nacional sede Palmira. Desempeñó varios cargos, como director de la Umata en Cartagena, donde lideró programas como “Carne pa’ ti, carne pa’ mí”, de una iniciativa de Fedegán. Guardela continuó la campaña y obtuvo un reconocimiento de la Federación por ello.     La pasión por la ganadería   El zootecnista ha agradecido la visión que don Magin y don José tuvieron para importar toros y desarrollar la genética Brahman, aunque puntualizó que el trabajo más “acucioso” fue el de su padre. (Lea: “Felicito a los colombianos por sus ganados Brahman”: Josefina Lecuna)   A pesar de que está entrado en años, don José aún conserva esa pasión por la ganadería que no se pierde con el paso del tiempo, pues se trata de un amor que queda grabado en la memoria del corazón y esta memoria nunca se desgasta.   “Él tiene 88 años, está ciego por un glaucoma y bajo diálisis, pero conserva todavía una memoria prodigiosa. Va a la finca y le muestro los terneros, yo se lo pinto y él sabe de dónde viene la cría, cuál es la madre, la abuela. Participa en la programación de cada vaca y está pendiente de todos los nacimientos, de todo. Es su vida, indiscutiblemente”, contó Guardela.   Por su parte, Luis tiene 61 años y gracias a su experiencia como zootecnista y juez de ganado cebú, se ha dedicado a la inseminación con semen nacional e importando para fortalecer la genética del predio. Actualmente, su padre y él trabajan en un programa de transferencia de embriones, dado el interés de los ganaderos por adquirir hembras de las líneas que ellos manejan.   Guardela aclaró que emplean más que nada material de toros nacionales, para encontrar una línea totalmente adaptada al trópico colombiano, que tenga una notable caracterización racial, gran habilidad materna y elevada productividad.   “Estamos trabajando la genética colombiana para que los toros den más, porque no sabemos cuál es la habilidad materna tienen los toros americanos por el tipo de crianza que tienen allá. Como tenemos una ganadería a base de pasto en el Caribe, tenemos que buscar animales que sobresalgan en esa característica”, concluyó.