La producción del café más cotizado del planeta cayó hasta un 50 % en Panamá por la variabilidad climática. Aunque la menor cosecha elevó la calidad de la taza, expertos advierten que este comportamiento anticipa los retos que enfrentará Colombia para mantener su liderazgo en el mercado de cafés especiales.
Durante años, el café geisha ha sido el máximo referente de la caficultura de alta especialidad.
Sus granos han alcanzado precios récord en subastas internacionales y posicionaron a Panamá como una potencia mundial en cafés diferenciados.
Hoy ese liderazgo enfrenta un nuevo desafío: el cambio climático.
La combinación de lluvias intensas, periodos de sequía y variaciones extremas en las temperaturas redujo de forma significativa la producción durante la cosecha 2025-2026.
Paradójicamente, la menor cantidad de frutos permitió obtener cafés de calidad excepcional, un fenómeno que también despierta el interés de Colombia, uno de los mayores productores mundiales de café arábica suave lavado y protagonista del mercado internacional de cafés especiales.
Menos producción, mejor calidad
La temporada estuvo marcada por condiciones climáticas inusuales que afectaron el desarrollo del cultivo.
“Panamá produjo cerca del 50 % de lo que normalmente produce en cafés especiales. Es un tema de clima; un año tenemos más café y otro año tenemos menos”, explicó Ricardo Koyner, presidente de la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP), al referirse a la cosecha que competirá en el Best of Panama, el certamen que reúne los mejores cafés del país.
Las cifras oficiales respaldan esa tendencia. Durante la cosecha 2024-2025, Panamá produjo 168.852 quintales, equivalentes a 7,6 millones de kilogramos, un 3,2 % menos que en el ciclo anterior. El 64 % de ese volumen provino de la provincia de Chiriquí, reconocida como la cuna del geisha panameño.
Clima puede mejorar la taza
Para los productores, una cosecha más pequeña no siempre representa una mala noticia.
Graciano Cruz Landero, propietario de la hacienda Los Lajones Bambú, calcula que la producción de geisha disminuyó cerca del 30 %, pero asegura que las condiciones climáticas favorecieron el desarrollo del fruto.
“Al haber menos cerezas por planta se obtiene una mejor fruta”, afirmó.
Según explicó, la combinación de días cálidos, noches frescas y un proceso de maduración más lento permitió obtener cafés con mayor dulzor, aromas más complejos y sabores más intensos.
Una percepción similar tiene Wilford Lamastus, de Lamastus Family Estate.
“La disminución drástica de la producción nos permitió dedicar un mayor cuidado a cada lote, logrando procesos de mejor calidad”, aseguró.
Incluso considera que los puntajes obtenidos este año podrían superar los alcanzados en las evaluaciones internacionales de la cosecha anterior.
Producto que vale miles de dólares
El interés mundial por el geisha explica por qué cada variación en su producción genera atención internacional.
En la edición 2025 del Best of Panama, un lote de apenas 20 kilogramos fue vendido a 30.204 dólares por kilogramo, el precio más alto pagado por un café en una subasta internacional.
La diferencia frente al mercado convencional resulta enorme. Mientras el café arábica comercial ronda los 8,5 dólares por kilogramo, el geisha multiplica ese valor cuando reúne atributos sobresalientes de calidad, trazabilidad y exclusividad.
La advertencia para Colombia
Lo ocurrido en Panamá trasciende las fronteras de ese país.
Colombia es uno de los principales proveedores mundiales de café arábica suave lavado y ha consolidado una posición de liderazgo en el segmento de cafés especiales. Por ello, cualquier transformación en el mercado de mayor valor representa una señal que el sector no puede ignorar.
Las alteraciones en los patrones de lluvia, el aumento de las temperaturas y los eventos climáticos extremos también afectan las regiones cafeteras colombianas.
El caso del geisha demuestra que el cambio climático ya no solo modifica los volúmenes de producción.
También influye en la calidad del grano, en los procesos de cosecha y en la forma como los productores competirán en un mercado donde cada vez se premian más la diferenciación, la trazabilidad y la capacidad de adaptación.
Más que una historia sobre Panamá, esta es una advertencia para toda la caficultura latinoamericana: el futuro de los cafés de mayor valor dependerá tanto de la genética y el manejo agronómico como de la capacidad para enfrentar un clima cada vez más impredecible.



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