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El éxito de su ganadería empieza antes de sembrar: la clave está en preparar el suelo

Melanny Orozco 25 de Marzo 2026
Cómo se prepara el terreno para un sistema agrosilvopastorilFoto: agrosavia.coAntes de introducir semillas o especies arbóreas, el primer paso es intervenir la cobertura vegetal existente.

Una adecuada preparación del terreno puede marcar la diferencia entre un sistema productivo eficiente y uno con bajos rendimientos. Expertos advierten que omitir pasos clave no solo reduce la rentabilidad, sino que limita el desarrollo óptimo de pasturas y árboles desde el inicio.


En la implementación de sistemas agrosilvopastoriles, uno de los errores más frecuentes no ocurre durante la siembra ni en el manejo del ganado, sino en una etapa previa llamada acondicionamiento del terreno.

De acuerdo con el manual ‘Establecimiento y manejo de sistemas agrosilvopastoriles: alternativa para mejorar la producción ganadera en la Orinoquía colombiana’ de Agrosavia, este proceso exige decisiones técnicas sobre labranza, corrección del suelo y uso de maquinaria que, bien ejecutadas, permiten establecer pasturas y componentes arbóreos en condiciones óptimas desde el inicio. (Lea en CONtexto ganadero: Preparación del terreno para plantar en SSP)

Antes de introducir semillas o especies arbóreas, el primer paso es intervenir la cobertura vegetal existente. Esta labor se realiza mediante corte con guadaña, desbrozadora o incluso con pastoreo controlado, lo que facilita el ingreso de maquinaria y mejora la eficiencia de las labores posteriores.

Según Agrosavia, este manejo inicial contribuye al control de especies invasoras y permite formar una superficie más uniforme. Además, favorece condiciones clave como el contacto adecuado entre la semilla y el suelo y el desarrollo radicular en ambientes con humedad equilibrada.


Transformación del suelo


Tras el despeje del terreno, se inicia la fase de labranza. El primer paso es el pase de rastra con traba media o completa, que incorpora los residuos vegetales y activa la mineralización de la materia orgánica, proceso mediante el cual los microorganismos liberan nutrientes esenciales.

Luego se realiza el pase de cincel, generalmente a profundidades superiores a los 25 centímetros. Esta labor permite descompactar el suelo y mejorar el drenaje, condiciones fundamentales para el crecimiento de las raíces.

No obstante, la intensidad de estas prácticas varía según el tipo de suelo, pues mientras en terrenos franco-arenosos se requiere menor intervención, en suelos franco-arcillosos es necesario aumentar la profundidad y el número de pases. También influyen factores como la topografía y la disponibilidad de maquinaria.


Condiciones de terreno


En suelos con problemas de compactación, Agrosavia recomienda la labranza vertical con cinceles, acompañada de uno o dos pases de rastra. En contraste, cuando no existen limitaciones físicas ni deficiencias nutricionales, es posible optar por sistemas de siembra directa.

La cantidad de intervenciones dependerá del estado del terreno, ya que incluso bajo supervisión técnica, pueden realizarse pases adicionales de rastra entre 10 y 15 días después, con el fin de reducir terrones y controlar la vegetación emergente.


Corrección del suelo


Uno de los momentos más determinantes del proceso es la aplicación de correctivos, la cual debe basarse en análisis químicos del suelo. En terrenos ácidos, el uso de cal dolomita es fundamental para reducir la saturación de aluminio, un factor que limita el crecimiento de las plantas.

Asimismo, la corporación recomendó incorporar fuentes de fósforo, calcio y magnesio de lenta solubilidad, así como yeso agrícola. Estos insumos permiten mejorar la fertilidad y aumentar la disponibilidad de nutrientes esenciales.

Estas enmiendas deben aplicarse entre 30 y 45 días antes de la siembra y ser incorporadas mediante nuevos pases de rastra o cincel para garantizar su adecuada distribución. (Lea en CONtexto ganadero: Sistemas silvopastoriles, alternativa para aumentar ingresos en las fincas del trópico andino)


Alistamiento final


En la etapa final, se busca dejar el suelo en condiciones óptimas para la siembra. Para ello, se emplea un rastrillo o pulidor que permite nivelar la superficie y eliminar irregularidades.

En ausencia de esta maquinaria, los productores pueden adaptar la rastra con implementos adicionales como cadenas o rieles, con el fin de lograr un mejor desterronado y nivelación del terreno.

La preparación del suelo no es solo un procedimiento técnico, sino una decisión estratégica que impacta directamente en la productividad ganadera. Un terreno bien acondicionado permite maximizar el establecimiento del sistema, mejorar el uso de recursos y reducir riesgos a largo plazo.

Por el contrario, omitir o simplificar estas labores puede traducirse en suelos compactados, baja disponibilidad de nutrientes y menores rendimientos. Tal como lo advirtió Agrosavia, el éxito del sistema comienza desde el suelo.


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