Cómo se deben conservar los forrajes en épocas críticas?

15 de Abril 2013
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Tal como se ha mencionado, el mejor momento para cosechar y conservar forrajes es la época de invierno, cuando los mismos están en el período de desarrollo activo, ya que se pueden conseguir altas producciones de pasto de buena calidad.
 
En general la conservación de forraje se puede adelantar a través de la fermentación anaeróbica, el secado natural o artificial, la deshidratación, y la confección de harinas y peletizados. La fermentación sin aire permite la elaboración de ensilados y henolajes, la diferencia entre uno y otro es el porcentaje de humedad del forraje. (Lea: Ganaderos del país se capacitan en selección de forrajes y salud animal)
 
En el ensilado el forraje procesado es fresco, con una humedad entre 68 y 73%, en tanto que para producir henolaje el forraje utilizado debe tener entre 45 y 50%. El secado de forrajes permite la elaboración de heno que es un material al que se le reduce la humedad hasta el 15-20%; una vez está seco se puede enfardar y guardar durante largos periodos en condiciones de buena ventilación y bajo techo.
 
Conservación de forrajes en pequeña escala
 
Es importante señalar que la conservación de forrajes se puede adelantar en función del número de animales a alimentar. En fincas pequeñas, donde el número de cabezas sea menor de 30, existen posibilidades de ensilar, secar forraje y hacer harinas. Los módulos de trabajo son reducidos y se pueden confeccionar silos tipo montón, de bolsa, trinchera, líquidos, hornos forrajeros, silos parva, heno a granel, henificación sin maquinaria o en guacales, deshidratado al sol y molienda en molinos pequeños y manuales. A continuación se describe brevemente cada uno de estos tipos de conservación.
  • Silos de montón. Solo se requiere una superficie plana y firme con cierta inclinación, se apilan y compactan las capas de material picado, normalmente son de baja altura y mayor longitud. 
  • Silos de bolsa. Son bolsas plásticas de calibre grueso que se llenan con forraje picado, compactadas a mano. Dependiendo del costo y la disponibilidad, se pueden usar canecas plásticas con cierre hermético, que almacenan 200 kilos o más de ensilado. Las bolsas son de diversas capacidades, siendo prácticas desde 20 hasta 40 kilos.
  • Silos de trinchera. Se construyen sobre el suelo haciendo un hueco en terrenos pendientes, por lo tanto, son muy útiles en zonas de ladera. Con el fin de darles estabilidad se deben apisonar y afirmar la base y las paredes laterales y hacer una zanja en el centro del piso para facilitar el drenaje y la compactación.
  • Silos líquidos. Muchos subproductos de cosecha en las pequeñas fincas, como zanahoria, papa, remolacha, yuca, ñame, pueden almacenarse en un medio que contiene agua y en algunos casos melaza. Sobre este medio se agrega el producto a ensilar y al final del llenado del recipiente se agrega una capa de aceite de cocina que alcance un espesor de 4 mm con la cual se evitará la entrada del aire.
  • Silos parva. Es el más económico y rudimentario. Se traza un rectángulo en un área bien drenada; se colocan en cada ángulo postes que se unen con alambre y luego se superponen capas de forraje entero.
  • Horno forrajero. Es un hueco en el suelo de forma rectangular con piso y paredes de tierra con una inclinación de 5% con canales laterales, puede o no recubrirse con plástico. El forraje entero (sin picar) se va apilando y pisando o compactando por capas hasta alcanzar una altu-ra de 1 metro. Luego se tapa y se deja fermentar.
  • Heno a granel. El forraje se corta y se seca entero al sol sobre los alambrados de las cercas o corrales o tendederos de los solares, hasta una humedad del 15-20%, luego se puede acarrear a los comederos en una carretilla y ofrecerlo así a los animales o almacenarlo bajo techo a granel.
  • Henificación a pequeña escala o sin maquinaria. El secado se hace en forma natural al sol; para elaborar los fardos se utilizan guacales donde se empaca fruta, con una capacidad de 8-10 kilos y el prensado es manual. En esta forma se fabrican pacas que pueden ser transportadas y almacenadas fácilmente hasta su empleo en la alimentación de los animales.
  • Deshidratado manual. Es común en las fincas “ordeñar” las ramas de las especies forrajeras arbóreas, como el matarratón o la leucaena, para deshojarlas y secar luego estas hojas en lonas en el campo o en patios al sol directo, hasta obtener un follaje seco concentrado en nutrientes, el cual puede darse directamente en los establos o canoas. Si se cuenta con molinos de mano se pueden moler estos materiales secos y elaborar harinas para guardarlas y emplearlas como alimento suplementario en las raciones diarias de los animales.