Conozca los mitos y realidades de la ganadería sostenible para defenderla

06 de Septiembre 2021
compartir

La importancia social y económica de la ganadería bovina es indudable. A nivel mundial, esta actividad involucra a unos 1.300 millones de productores y minoristas y contribuye con el 40-50 % del producto interno bruto (PIB) agrícola (FAO, 2018).

 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Estados Unidos es el mayor productor de carne de res en el mundo (20 %),seguido de Brasil (15 %) y la Unión Europea (13 %); entre los tres producen aproximadamente el 48 % de la carne vacuna mundial. Paraguay se encuentra en el puesto 15 de esta clasificación al producir el 0.91 % (550.000 Tm) (USDA, 2020).

 

Con respecto al consumo, en 2018 Estados Unidos fue el mayor consumidor de carne de res en el mundo, seguido de China y Brasil. En ese año, la población mundial consumió 60,9 millones de toneladas métricas de carne, de las cuales 12 países consumieron más de un millón.

 

Durante décadas, el debate en el sector ganadero se ha centrado en cómo producir más con menos para alimentar a 9800 millones de personas en 2050. El futuro ofrece inmensas oportunidades para el sector ganadero, el cual desempeña un papel clave en el mejoramiento de la vida de millones de personas.

 

 

Mito 1. Las vacas son una de las principales causas del calentamiento global

 

En 2006, la FAO afirmó que el sector ganadero es un actor importante en el cambio climático, pues es responsable del 18 % de los GEI medidos en CO2 equivalente, una contribución mucho mayor que la del sector transporte (Cowspiracy, 2019; FAO, 2006).

 

Realidad: En 2013 la FAO afirmó que una actualización de sus inventarios con otra metodología sugería que las emisiones dela ganadería correspondían al 14,5 % de las emisiones globales (Gerber et al., 2013).

 

Recientemente, la Environmental Protection Agency (EPA, 2019) reportó en el Inventario de Emisiones de GEI de Estados Unidos que la agricultura contribuye con el 9 %, la ganadería con el 4 % y la industria de la producción de carne con el 2 % de las emisiones totales del país.

 

Investigaciones recientes indican que las estimaciones del potencial de calentamiento global del metano producido por el ganado y otros rumiantes han sido sobreestimadas (Allen et al., 2018; Naranjo, 2019).

 

 

Mito 2. Las vacas ocupan tierras agrícolas que podrían producir alimentos vegetales

 

El ganado habita tierras donde las plantas no pueden cultivarse o por lo menos no de forma eficiente. Las gramíneas, que son el principal alimento delos rumiantes, se han extendido en la superficie terrestre por su capacidad para adaptarse a condiciones ambientales que otras plantas no toleran.

 

Realidad: Menos del 4 % de la superficie de la Tierra está clasificada como apta para el cultivo, mientras que casi un cuarto se considera adecuada para alguna forma de producción con animales rumiantes (Capper et al., 2013).

 

Según la FAO (2018), cerca del 50 % de las tierras agrícolas de Latinoamérica y el Caribe no son aptas para cultivo y solo pueden ser utilizadas como tierras de pastoreo (FAO, 1993). Así pues, entre 4 y 6 veces la cantidad de tierra cultivable solo  se puede utilizar en sistemas de producción con rumiantes.

 

En el trópico americano, aproximadamente el 60 % de los suelos tiene algún tipo de limitación física o química que, en muchas ocasiones, hace que la agricultura no sea una opción viable, lo que ha favorecido su ocupación por sistemas de producción con pastoreo de animales (Gardi et al., 2014). En la actualidad, existen abordajes que buscan ordenar el territorio y la forma de usar los suelos de acuerdo con sus aptitudes y capacidades agroecológicas.

 

 

Mito 3. El ganado compite con la humanidad por los recursos alimenticios y es poco eficiente para convertir alimentos

 

La mayoría del alimento del ganado no es apto para consumo humano, ni siquiera para otros animales. Los rumiantes son los únicos organismos sobre la Tierra que pueden procesar la celulosa, el carbohidrato más distribuido en la naturaleza. Esta capacidad se la brinda su estómago especializado, que contiene cuatro compartimentos y es el hogar de millones de bacterias, hongos y protozoos que viven en una relación simbiótica y benéfica con el bovino.

 

Realidad: Las evidencias indican que el 86 % del consumo mundial de alimentos para ganado se compone de materias primas que actualmente no son comestibles por los seres humanos, entre las que se cuentan las hojas de gramíneas y otras plantas, los cultivos forrajeros y los residuos de cosecha (Mottet et al., 2017).

 

El valor proteico de los productos derivados del ganado es 19 % superior a la calidad del producto ingerido para producir esa proteína (Baber et al.,2018; Flachowsky et al., 2017). La producción de proteína de origen bovino es altamente eficiente y se puede considerar como una fuente de alimento de alto valor biológico para los humanos. Dado que requiere pastos y forrajes no aprovechables por humanos y se puede realizar en suelos no aptos para cultivos agrícolas, la producción bovina constituye un complemento importante de la producción de alimentos para los humanos.

 

 

Mito 4. Las vacas consumen demasiada agua

 

La huella hídrica de cualquier producto animal es mayor que la huella hídrica de un producto cultivado en el suelo, con un valor nutricional equivalente.

 

Realidad: Sin embargo, la mayor parte (más del 97 %) de la huella hídrica de la ganadería es verde. Es decir que, el agua consumida por los cultivos y el ganado no se destruye, se recicla a través de la respiración de plantas y animales y vuelve a la atmósfera en forma de vapor de agua.

 

 

Mito 5. Las dietas vegetarianas son mejores para el ambiente y no tienen efectos en la salud humana

 

Los alimentos de origen animal tienen mayor contenido de proteína verdadera que los alimentos de origen vegetal y el valor biológico de la proteína animal es aproximadamente 1,4 veces mayor que el de la proteína vegetal (Baber et al., 2018; Flachowsky et al., 2017). Además, se cree que la cantidad y la calidad de la proteína ayudan a regular la ingesta de alimentos en humanos (y otros animales) y reducir o controlar la obesidad. (Simpson & Raubenheimer, 2005).

 

Realidad: Muchos minerales esenciales no son suministrados por los alimentos de origen vegetal debido a su ausencia o baja biodisponibilidad (Ortega-Barrales & Fernández-de-Córdova, 2015) y la oferta de antioxidantes es mayor en las dietas que contienen productos de origen animal (Taubes, 2007).

 

 

Mito 6. La ganadería es la principal responsable de la deforestación del planeta

 

Las dinámicas de los sistemas de pastoreo son impulsadas por una combinación compleja de contextos socioeconómicos, políticos y ambientales. Es indiscutible que la ganadería ha sido un factor relevante de la deforestación en América tropical; sin embargo, no ha sido el único y debemos poner el tema en contexto general para evaluar adecuadamente.

 

Realidad: El sector ganadero está llevando a cabo acciones para reducir la deforestación a través de buenas prácticas y valorizar los servicios ambientales. Los principales objetivos de los proyectos incluyen la implementación de diferentes modalidades de agroforestería, sistemas silvopastoriles, conservación y recuperación de bosques, y mejorar los indicadores de funcionalidad ecológica de los paisajes ganaderos (Lerner et al., 2017). La ganadería de los países productores van incorporando valores de sostenibilidad integral a sus sistemas productivos y van asumiendo el papel de factores de desarrollo económico, social y ambientalmente sostenible.

 

 

Mito 7. La carne está llena de antibióticos y hormonas

 

La resistencia antimicrobiana es una amenaza global significativa para la pública, la seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos, así como para la vida, la producción animal y el desarrollo económico y agrícola. La intensificación de la producción agrícola ha llevado a un uso creciente de antimicrobianos y algunos estudios suponen que este se duplique en 2030. Estos fármacos son importantes para el tratamiento de enfermedades en animales y plantas, pero deben usarse de manera responsable y sólo cuando es necesario.

 

Realidad: Para adelantarse a la resistencia a los antimicrobianos y mantenerlos funcionando eficazmente durante el mayor tiempo posible, se debe invertir en buenas prácticas ganaderas que den prioridad a la prevención de infecciones y al uso  racional. La nutrición y la salud adecuadas son derechos humanos fundamentales y por eso, la FAO trabaja en estrecha colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), centros de referencia, círculos académicos y grupos regionales en el Plan de Acción Mundial sobre la Resistencia a los Antimicrobianos que aplica el enfoque “Una Salud” y busca responder a este problema de forma integral y eficaz (OMS, 2016).

 

La supervisión veterinaria del uso de antibióticos es fundamental para las nuevas regulaciones. Los proveedores de carne y los minoristas han anunciado plazos para la adquisición de productos sin antibióticos. Además, los principales productores de carne han desarrollado estrategias para disminuir el uso de antibióticos. Desde hace años, se han utilizado con éxito probióticos, extractos de plantas y otros compuestos en algunos sistemas ganaderos y se ha logrado reemplazar algunos antimicrobianos.

 

El uso de esteroides abarca las fases de producción, crecimiento y acabado y es muy extendido en sistemas de confinamiento y feedlots. Son muy populares en países como Estados Unidos, pero muy poco en las regiones tropicales o en sistemas de producción de carne mediante pastoreo.

 

Texto original en el siguiente enlace.