Corridas de toros: Hemos olvidado su significado

12 de Noviembre 2013
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Soy Héctor José Vergara, Matador de Toros Sincelejano, alternativado el 17 de febrero de 2006 en el marco de la feria taurina de La Macarena, en la ciudad de Medellín, de manos de Víctor Puerto como padrino y Sebastián Castella como testigo, con toros de la ganadería La Carolina. Soy además profesional en Administración de Empresas de la Universidad Javeriana y especialista en Gerencia Estratégica de Negocios de la Universidad Sergio Arboleda. En la actualidad me encuentro realizando estudios de maestría en Dirección y Administración de Empresas con La Universidad Internacional de la Rioja.
 

He sido invitado por CONtextoganadero para que hablemos de lo que nos apasiona a ustedes y a mí: “La Fiesta Brava”, en donde espero podamos debatir de forma respetuosa temas tan importantes como su origen, su significado, la evolución,  la actualidad y todos los temas que ustedes consideren pertinentes. ¡Bienvenidos!
 
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Ahora, cuando hablar de corridas de toros está casi que prohibido por las nuevas generaciones, que afirmar “soy torero” representa ser asociado por una gran mayoría con un criminal de la peor especie, decir que se es aficionado taurino equivale a un insulto a la sociedad ‘civilizada’ del siglo XXI, ahora más que nunca quiero aprovechar este espacio para dignificar de alguna manera los orígenes de una fiesta que ha sido atropellada vorazmente en lo más profundo de sus raíces: su significado.
 
 
¿Qué es entonces una corrida de toros? Para simplificarlo, sin con ello querer minimizar su real significado, es el sacrificio de un toro bravo en honor a un dios o santo o patrono de algún lugar específico, esto como agradecimiento al que es un motivo de celebración como un inmejorable año o una buena cosecha por ejemplo. ¿Y por qué un toro bravo? La respuesta es simple: debido a su carácter natural de bravura, fiereza y acometividad, el cual fue objeto de veneración y adoración divina entre distintas comunidades. (Blog: Pío Uribe, el maestro que pinta toros)
 

Ahora bien, entender la esencia de una corrida en cinco líneas pareciera algo muy frío, muy simplista e incluso para muchos insignificante, pero más allá de sus formas y/o normas y del acontecimiento final una corrida de toros será siempre un homenaje a la vida y a la muerte, en el que culturalmente las comunidades han expresado su regocijo, fidelidad y adoración a sus dioses de forma honesta y majestuosa, en la cual a través de una puesta en escena impecable y deseada por los mejores directores de cine en el mundo dos protagonistas luchan por vivir, de forma verdadera y pura, en donde no hay repeticiones, solo momentos únicos.
 
 
Y como única es una corrida de toros, única es su arte, diferente como todas, misteriosa, llena de mística y encanto, difícil de entender en algunos casos, pero soportada por un arraigo cultural religioso que ha perdurado con el paso de los siglos. (Lea: La Corte le dice sí a las corridas de toros)

 
Así las cosas, una corrida de toros no fue y no ha sido en ningún momento un espectáculo concebido para ver sufrir y morir un toro bajo el jolgorio indiferente y de sevicia de quienes asisten; es todo lo contrario, es un rito religioso que pretende agradecer a lo más divino las alegrías vividas por su comunidad.