El campo es la medicina de nuestro tiempo

04 de Marzo 2019
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Está de moda hablar del mundo rural, están de moda las recetas contra la despoblación, se lleva defender lo rural…, ¿pero realmente todas las personas y colectivos que se erigen como defensores del mundo rural buscan el bien común?

El medio rural ha sido históricamente olvidado por las políticas y los poderes económicos y sin duda necesita que lo defiendan. Es necesario proteger al mundo rural de una economía depredadora que no contempla lo común, el intercambio, o cuidar del suelo y el agua sin la lógica del beneficio inmediato. También de esas fuerzas que excluyen al mundo rural y solo entienden por cultura lo que pasa en los auditorios y museos de las grandes ciudades, pero no tienen en cuenta el arte cotidiano de las músicas y versos que acompañan desde hace milenios las siembras, cosechas y tareas de producir alimentos y cuidar los recursos comunes.

 

Es necesario también poner en valor la sabiduría propia de los hombres y mujeres del campo, ese conocimiento acumulado a base de observación y respeto por el entorno y que no se publica en revistas científicas. Las personas que producen alimentos, cuidan el territorio y habitan nuestros pueblos necesitan protección y visibilidad ya que estamos inmersas en un sistema en el que los alimentos son tan solo una mercancía cuyo valor se decide en la Bolsa de Chicago o Tokyo sin tener en cuenta a las personas que lo producen o lo consumen.

 

Está de moda hablar del mundo rural, están de moda las recetas contra la despoblación, se lleva defender lo rural…, ¿pero realmente todas las personas y colectivos que se erigen como defensores del mundo rural buscan el bien común?

 

Si algo hemos aprendido las personas y colectivos vinculadas desde hace décadas con la defensa de un mundo rural vivo es que visibilizar y revitalizar el mundo rural no debe pasar por la confrontación. Ni lo urbano está contra lo rural, ni el ecologismo contra el campesinado. Desde hace más de 20 años organizaciones agrarias y ecologistas, sindicatos y organizaciones de consumidores se sientan en la misma mesa con un diagnóstico común: la necesidad de promover un mundo rural vivo. Esta alianza nos ha demostrado que afortunadamente no es necesario elegir y que no debemos aceptar los falsos dilemas que nos ponen delante: lobo o ganado, naturaleza o agricultura, crecer o cerrar. En un mundo blanco y negro en Plataforma Rural siempre hemos apostado por los grises, por confluir y construir juntas un futuro para el medio rural.

 

Suele suceder que, en momentos convulsos y particularmente antes de las elecciones, surgen voces que dicen abanderar lo rural, pero solo buscan generar oposición y conflicto, atrincherarse en posiciones arcaicas, y defender unos valores que ya no pertenecen a la gente que habitamos los pueblos y los cuidamos para poder seguir habitándolos. Desgraciadamente su objetivo no es defender el interés general de la población rural.

 

Defender lo rural está de moda, aunque sea para invisibilizar lo que sucede en el campo tapando los ojos a las ciudades, mientras se construyen macro-explotaciones ganaderas, cementerios nucleares o minas y se especula con los terrenos protegidos. Se condena al 80% de nuestro territorio a ser el “patio de atrás” de las ciudades o bien lugar de ocio y turismo de mantel de cuadros. Pero el campo vive y crea puentes, de pueblo a pueblo y con la ciudad, y surgen voces fuertes e imparables, que acompañan al mundo; también el mundo rural ha cambiado y ahora las mujeres y la gente joven están alzando su voz y lo están reivindicando. Nuevas formas de producir, de cultivar y criar animales de relacionarnos, cuidarnos y habitar, han venido para quedarse.

 

En un escenario de extrema crisis climática y ambiental el campo es la medicina de nuestro tiempo. La vida rural más que quedarse obsoleta, como muchos creen, es un claro reflejo en el que mirarse para encontrar formas de vida acordes con los desafíos del mundo actual. Las alianzas no solo se construyen entre colectivos humanos, existe otro nivel al que no prestamos atención, las alianzas que se generan entre seres humanos y ecosistemas: aprender a convivir en nuestro entorno sin esquilmarlo. Esta es la gran enseñanza del mundo rural. Hoy más que nunca es necesario defender y promover la Soberanía Alimentaria. Urge relocalizar la producción y la comercialización de los alimentos, extender la agroecología, proteger la biodiversidad, el agua y el suelo fértil, cada vez más escasos.

 

Es necesario que cada vez más gente joven vea en la agricultura y la ganadería una opción laboral y de vida digna. Para eso hace falta también romper con esa imagen que aún predomina en muchas mentes y en los medios de comunicación de un medio rural que se resiste al cambio y está anclado en el pasado. Insistir en esa imagen entierra a un mundo rural que necesitamos más vivo que nunca.

 

Lo necesitamos vivo para toda la sociedad en su conjunto, que el medio rural se vacíe no es únicamente un asunto de unos pocos. Sin medio rural vivo nos quedamos sin alimentos, sin paisajes, sin patrimonio, sin cultura rural y un largo etcétera.

 

Es imprescindible el cambio de mentalidad de las personas, empezando por la educación. Se nos educa en que el éxito está en vivir en la ciudad, y para nada esa es la realidad. Tenemos que formarnos en la cultura rural, y ver que son una estupenda opción de vida. Es preciso dejar ya de hablar de despoblación y dar un paso más a la repoblación. Pero con ciertas normas. El mundo rural tiene que volver construir su tejido. Con los servicios básicos cubiertos: sanidad, educación, comunicaciones, internet,... y sobre todo con personas. Hombres y mujeres que vertebren un mundo rural con una agricultura y ganadería sostenible, y que en torno a ella se crezcan las oportunidades, para transformar en granjas, para dar servicios,... en definitiva para volver a dar vida a nuestros pueblos.

 

Texto original en el siguiente enlace.