Ganadería sin deforestar: el ejemplo que echa raíces en el occidente de México (3/3)

12 de Septiembre 2022
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Escuelas de Campo como parte de las estrategias de ganadería regenerativa
Ganaderos en una de las «escuelas de campo». Foto: mongabay.com

Por: Agustín del Castillo en 11 abril 2022

 

En la primera entrega de este blog contamos cómo evolucionó el rancho ganadero de Alejandro Michel y de su familia. En esta segunda entrega se hizo referencia al cuidado de la selva seca y el riego, y en esta tercera y última entrega veremos el cómo del todo el proceso que, en esencia se trató de unir esfuerzos para mantener un ecosistema – La estrategia de las escuelas de campo

 

Para los ganaderos, la conservación de la selva seca se ha transformado en una de sus prioridades. Es por ello que el rancho se unió a los ejidatarios del Limón para impulsar que 500 hectáreas de su territorio sean declaradas, por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), como Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC), es decir, una reserva natural manejada por sus dueños.

 

El proyecto cuenta con el apoyo de la Junta Intermunicipal del Río Ayuquila, a cuya cuenca pertenece este municipio, y que es una instancia gubernamental conformada por los diez presidentes municipales de esta región.

 

La intención de tener un ADVC se fortaleció cuando los ganaderos notaron la presencia de especies silvestres de animales en terrenos reforestados o en donde ya había restauración natural. “Con las cámaras trampa —explica Michel— hemos captado fauna tan diversa como coatí, gato montés, tigrillo, venado, zorra, reptiles, águilas, halcones”.

 

El efecto positivo que ha tenido la ganadería regenerativa en El Limón, Jalisco, ya comienza a extenderse a otros 20 municipios del estado, en donde las asociaciones ganaderas ya pusieron en marcha “escuelas de campo” para compartir los conocimientos prácticos que permitan mejorar los sistemas ganaderos, de manera que conserven los servicios ambientales indispensables para la economía y la calidad de vida.

 

Las secretarías de Agricultura y Desarrollo Rural y de Medio Ambiente del gobierno de Jalisco, la Unión Ganadera Regional de Jalisco y diversas organizaciones no gubernamentales como Pronatura, Catie y Biopasos han difundido este esquema en busca de que se generalice en esta región del occidente del país.

 

En Jalisco, de acuerdo con las cifras del gobierno estatal, hay alrededor de 3 millones 409 mil cabezas de ganado bovino; 71 % se destina a la producción de carne y 29 % a la producción lechera. La ganadería es una actividad de la que dependen decenas de miles de familias; de ahí, la trascendencia de multiplicar buenas prácticas que tomen en cuenta la conservación de los terrenos forestales y la vida silvestre.

 

El gobierno de Jalisco pretende transitar a la creación de un sello de garantía de carne con “cero deforestación”, y que este reconocimiento repercuta en un negocio más sólido para los productores.

 

Seki Cinco Martínez, consultor en ganadería y agricultura sostenibles, resalta que se necesita que las capacidades técnicas mejoren en toda la cadena de valor de producción de carne: “Habrá que trabajar con los acopiadores, con los introductores y buscar no solamente una carne con bajo o nulo impacto en el ambiente, sino que responda a lo que buscan los consumidores; también hay que transitar por aspectos de sanidad e inocuidad. Se deben de abordar agendas como el bienestar animal, la responsabilidad social y el precio justo”.

 

El consultor explica que no existe una receta única para mejorar el manejo ambiental, económico y social de la ganadería. La diversidad ecológica y cultural del país obliga a hacer “trajes a la medida”, pues cada región tiene características físicas no homogéneas, relieves diversos, paisajes diferentes, temperaturas y tipos de suelo también variados. “Y hay que agregar a eso los objetivos de cada productor, el tipo de raza bovina que maneja, sus propios recursos para poder avanzar; se trata de hacer un modelo de negocios de cada finca”.

 

El experto destaca la importancia de que los resultados de los nuevos modelos de ganadería no se limiten a bajar el impacto ambiental, e incluso a revertirlo. Porque a final de cuenta, se trata de un sistema productivo que solamente puede sostenerse a largo plazo con acceso a mercados con precio justo.

 

En México hay ejemplos de diversa escala en estados como Veracruz, Chiapas, Nuevo León, Ciudad de México, Guanajuato, Yucatán y, en la región de Los Altos, en Jalisco. En estos proyectos se han establecido modelos distintos en busca de conciliar las diferentes necesidades ambientales, sociales y económicas de la ganadería.

 

Para el consultor Antonio Ordorica, de Reforestamos México, la ganadería ecológica es uno de varios sistemas agroproductivos que se pueden armonizar con la conservación de bosques y selvas. “Se trata de construir primero desde la parcela o el potrero, luego a nivel comunidad, para pasar al paisaje y la región. Y no necesariamente se debe quedar todo en un solo sistema productivo, como es el ganado: es factible incorporar otros usos de suelo que ayuden al mantenimiento de los bosques o que dependan de este para su sostenimiento, como en otras partes es el café, la miel, el agave; de manera que se pueda diversificar el uso del territorio con prácticas amigables, que incluso, como es lógico, puede ser la misma silvicultura”.

 

Esa diversificación, añade, puede ayudar a que los sistemas agropecuarios sean más resilientes frente a contextos de plagas, de sequía o de mercado, y se garantice en el tiempo el sustento de las familias que dependen de él.

 

Alejandro Michel resalta que “estos cambios se los debemos inculcar a los niños, no solamente a otros ganaderos. Los niños deben nacer ya en otra cultura de hacer ganadería. Nos enseñaron a nosotros que para ser un buen ganadero había que tener una pradera sin árboles y usar herbicidas, y eso lo estamos rompiendo. No es poca cosa”.

 

Tomado de: mongabay.com