Ganadería sostenible: el reto de disminuir la contaminación aumentando la productividad

04 de Junio 2019
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La expansión de la producción de carne vacuna muestra un protagonismo importante de los países emergentes. En el período 2000-2007 la participación de la producción de carne vacuna de las economías emergentes se incrementó en un 7,9 %, liderada por India (4,0 %), América Latina (2,9 %) y China (1,8 %).

 

Este aumento se produce en un contexto donde el consumo viene creciendo, tendencia que se espera mantener en los próximos años. Sin embargo, mucho se ha escrito respecto al impacto de la industria de la carne vacuna en el medio ambiente y en particular sobre su efecto negativo en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

 

Cifras ajustadas de la FAO estiman que las emisiones del ganado vacuno (directas e indirectas) equivalen al 14 % del total de emisiones. Esto incluye las emisiones directas (fermentación entérica y estiércol) y también las indirectas, o sea las relacionadas con el alimento para animales, uso de herbicidas, pesticidas, fertilizantes, emisiones de cultivos, transporte de la carne, el procesamiento, el uso de frio, y el proceso de compra y venta de carne. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), dependiente de la Organización de Naciones Unidas (ONU), estima las emisiones directas de la ganadería en 2,3 gigatones de CO2 equivalente (5% de las emisiones globales) mientras que, por ejemplo, el transporte genera 6,9 gigatones de CO2 equivalente (14% de las emisiones globales).

 

El reporte 2017 del Environmental Protection Agency (EPA) de los EEUU, muestra que el sector agropecuario es responsable del 9 % de las emisiones directas e indirectas de GEI, siendo la ganadería, la responsable de un 44 % de esas emisiones del sector. Las emisiones globales de metano comenzaron a aumentar en 2006, aunque no por consecuencia del ganado que se mantuvo relativamente constante (93,6 millones en el censo 2017 frente a 95,5 millones en el 2002). Asimismo, el hecho de que la producción vacuna (carne y leche) haya crecido de manera significativa en los últimos 15 a 20 años, sugiere que la industria ganadera ha logrado reducir su impacto ambiental negativo por la vía de la productividad (menor cantidad de GEI por unidad de producto).

 

Bajo esta premisa de mejora de la productividad y su efecto positivo sobre el ambiente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en conjunto con el ‘International Food and Policy Research Intitute’(IFPRI), realizó un estudio para medir la productividad, la eficiencia técnica y la eficiencia ambiental de la ganadería pastoril de algunos países de América Latina. Los países seleccionados para el estudio fueron: Bolivia, Colombia, Paraguay y Uruguay, buscando involucrar ganaderías con diversos grados de desarrollo. La medición incluyó la producción de carne y leche, y en el caso de Uruguay también se tomó en cuenta la lana y la carne ovina por su importancia en el sector ganadero.

 

Para medir la productividad utilizamos la productividad total de los factores (PTF) que mide la cantidad de producto que se logra obtener con una determinada cantidad de insumos de producción. Los cambios en la productividad total de los factores se pueden dar por: (i) cambios en la eficiencia técnica productiva; y/o (ii) cambios tecnológicos. Los incrementos en la productividad originados por variaciones en la eficiencia técnica implican que la unidad de producción genera una mayor cantidad de producto con los mismos niveles de insumos. Es decir, con el mismo paquete de insumos se puede ser más eficiente con ajustes en los procesos. Por otro lado, la productividad puede mejorar, también, por cambios tecnológicos, la nueva tecnología permite obtener más producto con igual cantidad, pero distinta combinación de insumos. El cambio tecnológico se entiende como el cambio en la producción potencial que puede alcanzarse con igual cantidad de factores.

 

Los resultados mostraron mejoras de la PTF para todos los países como consecuencia del cambio tecnológico y no de la eficiencia técnica, y también descensos de las emisiones de GEI por tonelada de carne equivalente producida, con diferentes intensidades. El gráfico considera la evolución de las emisiones de metano (CH4) equivalente que incluye los gases emitidos por la fermentación entérica, el estiércol, la orina y la pérdida del stock de carbono como consecuencia de la deforestación, bajo forma de índice tomando como año base el 2005. Los descensos de la intensidad de las emisiones (ton de CH4/ton de carne equivalente) de Colombia y Paraguay son muy significativos, disminuyendo en 10 años a prácticamente la mitad. Bolivia muestra descensos menores que finalizan con un 10 % en el período analizado; mientras que para Uruguay se mantiene prácticamente constante. En el caso de Uruguay las mejoras de la productividad se lograron con anterioridad al año 2005; al analizar el período 1995 al 2005, la intensidad de las emisiones disminuye un 30 %. Además, Uruguay es el país que presenta menores niveles de GEI por toneladas de carne en valores absolutos, como consecuencia de que no ha habido expansión de la frontera agrícola como sí ha sucedido en los otros países.

 

¿La ganadería contamina? Sí, no hay ninguna duda, emite GEI como tantos otros sectores de la economía. La buena noticia es que el sector presenta oportunidades para mitigar el potencial daño al ambiente aumentando la productividad. Asimismo, diversos estudios muestran que cambiando la dieta del ganado e inclusive usando genotipos de animales adaptados, las emisiones se reducirían de manera considerable.

 

Por otro lado, no hay que olvidar los efectos beneficiosos de la ganadería: a) en la seguridad alimentaria al ser una fuente importante de proteína y micronutrientes; b) como fuente de ingreso de 1000 millones de personas, y c) por convertir forrajes, residuos de cultivos y productos agrícolas en carne y leche por su condición de rumiantes.

 

Texto original en el siguiente enlace