Micorrizas: hongos que alimentan plantas

09 de Mayo 2022
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micorrizas hongos plantas
Ilustración: Jorge Tukan

Hay hongos que nutren plantas y apoyan su crecimiento, pues están presentes no solo en las raíces, sino en la hojarasca que las rodea. Una investigación javeriana muestra cómo se vive ese proceso en los suelos de los cafetales.

 

Hay unas criaturas que se esconden bajo tierra y conquistan las raíces de plantas como el café. No para causarles daño. Por el contrario, su presencia es favorable para el cafeto, porque gracias a ellas adquieren su alimento para crecer.

 

Se llaman hongos de micorriza, y si hablaran le dirían a la raíz: “Yo te ofrezco fósforo y nitrógeno, a cambio necesito tu carbono”. Son tan versátiles que se van esparciendo por el suelo, unos centímetros bajo nuestros pies, buscando raíces para empezar el trueque; son tan discretos que en las plantas no llegan sino a la puerta de entrada, a la raíz, allí depositan los nutrientes, toman su carbono y así pasan su vida. Es la planta la que, al recibir fósforo y nitrógeno, pero también, aunque en menor cantidad, potasio y cobre, se encarga de repartirlos por sus venas hasta la última hoja de sus ramas.

 

Y tan generosos son estos hongos que no solo llegan a acuerdos con esas raíces, sus principales socios, sino que buscan otros componentes del suelo, como la hojarasca, donde pueden aumentar la actividad de otros microorganismos y modular el proceso de descomposición. De la hojarasca también pueden tomar nutrientes, pero no el carbono.

 

La clave del trabajo que durante años han llevado a cabo los profesores javerianos Emma Lucía Rivera y Eduardo Guerrero en el bosque alto-andino, y ahora Lucía Ana Díaz en la Zona Cafetera, es involucrar el papel de la hojarasca en esa simbiosis entre el hongo y la raíz de la planta, porque, por una observación casual, tuvieron el pálpito de que esa hojarasca en descomposición, que en los cultivos de café arábigo proviene principalmente del plátano o del guamo que crecen a su lado, sería una fuente más apetecida por los hongos de micorriza para obtener esos nutrientes y transferirlos a la planta.

 

Así que, si usted tiene cultivos o le gusta jardinear, primera lección: no quite la hojarasca que se está descomponiendo alrededor de su planta favorita. “Se debe remover cuando en ella están presentes agentes causales de enfermedad en los cultivos”, recomienda Díaz. De no ser así, en diferentes momentos de su descomposición cumple una función importante en ese universo que se mueve bajo tierra, que no vemos, pero que está allí cumpliendo un papel en la vida de la naturaleza. Porque la naturaleza también se encuentra en las profundidades, subterránea, y muchas veces puede ser tan o más bonita que la más bella orquídea. “Lejos estábamos de imaginarnos la importancia que tiene esa capa orgánica”, recuerda la microbióloga Díaz, pues encontraron que “los hongos que forman micorriza, además de colonizar la raíz y el suelo, pueden colonizar la hojarasca”.

 

Camino a San Francisco, Cundinamarca La profesora Díaz y su grupo han buscado micorrizas por diferentes departamentos colombianos. “Muchas plantas, como el café, dependen de estos hongos para adquirir sus nutrientes; son plantas micótrofas”, o sea, que tienen una relación en la que tanto planta como hongo se benefician.

 

Esto es aún más importante en un país donde, según la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, más de 540 000 familias en más de 600 municipios y 23 departamentos cafeteros derivan su sustento directamente de la producción del grano, y más de dos millones de personas lo hacen indirectamente.

 

Así que en una finca cafetera de San Francisco armaron su laboratorio en un ecosistema agrícola cafetero, dividiéndolo en tres parcelas, una de ellas con manejo orgánico, otra con manejo químico o convencional, y la tercera con manejo combinado. En las tres recolectaron hojarasca y raíces con sumo cuidado en cuadrantes de 20 centímetros, abarcando el grosor de la hojarasca superficial, y unos 15 centímetros debajo del nivel del suelo, teniendo en cuenta una distancia del tronco del cafeto de máximo 20 centímetros y diferentes estados de descomposición de la hojarasca. Y allí podían encontrar de todo. “Cuando uno empieza a manipular eso, en esa maraña, hay raíces de los árboles, hay fauna”, recuerda Díaz. “Además huele delicioso…”, lo dice alguien que no solo trabaja en ello, sino que le apasiona.

 

Pero los nutrientes derivados de la materia orgánica rápidamente se mezclan con el suelo, y quedan difícilmente disponibles para las plantas. Se necesita una vía que los lleve a sus raíces, y allí entran las micorrizas a jugar el papel de vagón que las transporta. De manera que luego, en el laboratorio de suelos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, adaptaron diferentes técnicas para obtener respuestas. “En la hojarasca y en las raíces encontramos hongos, pero nosotros queríamos estar seguros de que estábamos hablando de hongos que pudieran formar micorriza arbuscular, que se caracteriza por tener unas estructuras muy particulares porque parecen arbolitos”, explica Díaz. “Estos arbúsculos solo los forman en las raíces; en la hojarasca vemos estructuras como el micelio, que es el cuerpo del hongo, cuya forma es diferente a la de los demás hongos conocidos hasta el momento”.

 

Lo cierto es que encontraron hongos de micorriza y otros hongos en la hojarasca que se acumula sobre el suelo y que los productores dejan descomponer naturalmente.

 

¿Cuáles? “Se debe tener en cuenta que esta práctica puede conllevar a la aparición de problemas fitosanitarios si no se realiza un adecuado manejo”, de acuerdo con la fitopatóloga y vicerrectora de investigación de la Universidad de los Andes, Silvia Restrepo, “ya que la capa de hojarasca puede funcionar como un reservorio de patógenos de plantas”. El grupo de investigación liderado por Díaz se aseguró de que las muestras provinieran de plantas completamente sanas.

 

“¿Puede un hongo diferente estar haciendo algún tipo de daño?”, se preguntaban los investigadores, y la respuesta fue: “Sí, pero no era de impacto en el estado fitosanitario de la planta”.

 

El aporte al conocimiento

 

Hubo datos que les sorprendieron. En términos de estructuras, vieron unas formas de colonización distintas, como una ramificación muy profusa del hongo antes de colonizar la raíz. “En términos de descripción, había varias cosas que no esperábamos encontrar. Por ejemplo, este hongo de micorriza en ocasiones forma unos cordones de micelio afuera de la raíz. En nuestro caso se presentó con relativa frecuencia, pero únicamente en aquellos cafetales manejados bajo esquemas orgánicos”, dice Díaz.

 

Y es que el micelio del hongo ―recuerde cuando se descompone una fruta en su cocina y se forma una especie de espuma blanca―, en el caso de los hongos de micorriza arbuscular, no es tan abundante y además es poco perceptible a simple vista. Con técnicas de laboratorio y vistos a través del microscopio, lograron que los cordones de micelio de estos hongos salieran de la raíz o de la hojarasca y se buscaran entre sí. “Y vimos que efectivamente sí ocurría, pero eran unas estructuras muy delgadas que debían ser evidenciadas bajo estereoscopio”.

 

El micelio del hongo, entonces, es como el motor del proceso. Es el canal a través del cual se mueven los nutrientes entre la hojarasca y las raíces de la planta, y además le sirve al hongo para colonizar y lograr que la simbiosis ocurra.

 

Si la micorriza es fundamental para proveer de nutrientes a las plantas, ¿uno podría empacar la micorriza y venderla? “Es un fenómeno muy común en la naturaleza, en ecosistemas y agroecosistemas”, responde Díaz. “La idea es dejar la hojarasca donde está, dado que es buena porque sirve de fuente de hongos de micorrizas.

 

Y esa hojarasca es aún mejor cuando la estamos incorporando al manejo orgánico de un agroecosistema”, remata. Pero aún son necesarios más estudios para poder confirmar lo encontrado. Por ejemplo, falta identificar con exactitud los hongos de micorriza para conocer su diversidad en los diferentes cultivos estudiados.

 

Eso “sería muy interesante de tener en cuenta, especialmente cuando el estudio sugiere que la presencia de micorrizas depende de la composición de árboles asociados al cultivo”, opinan Restrepo y su colega Martha Cárdenas, de Uniandes.

 

Texto original en el siguiente enlace.