2018: apuesta por la reactivación industrial

Por: 
Amilkar Acosta
05 de Enero 2018
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De cara al 2018 la mayor preocupación sigue siendo el mediocre desempeño de la producción industrial, la cual ha venido creciendo en los últimos 4 años por debajo del 50% del ritmo de crecimiento del resto de la economía.
Por primera vez la industria acusa un decrecimiento durante tres años seguidos, al tiempo que decae tanto en términos absolutos como relativos, al perder participación en el PIB, cayendo hasta el 10.9%. Pudo más el efecto de la enfermedad holandesa que la diezmó que la atolondrada apertura de mercados externos por cuenta de los tratados de libre comercio (TLC) que se suscribieron desatentadamente.
 
En declaraciones recientes Bruce Mac Master no dudó en calificar el 2017 como “el año de la recesión industrial”.
 
De poco sirvieron los intentos del Gobierno de reanimar este sector, primero con el Plan de Impulso de la Productividad y el Empleo (PIPE), en sus dos versiones y después con Colombia repunta, que nunca repuntó. Para Bruce “el gran reto es construir una base sólida para el sector en 2018” (1), pero ello no será posible mientras se siga creyendo que la mejor política industrial es no tener política industrial.
 
El Gobierno aspira y espera un mayor dinamismo de la actividad económica el año entrante, dejando atrás la mala racha de la industria, apostándole a un crecimiento de esta del 1% en 2018 con base en un mayor crecimiento del comercio, del 2.2%, después del magro crecimiento en 2017 de 0.9%, un crecimiento mayor por parte de los establecimientos financieros, que supere el 3% y aceptando que el sector agrícola seguirá creciendo pero a un ritmo inferior al de 2017, pasando del 5.1% a 1.3% en 2018. El Gobierno espera que el consumo, que lleva un largo rato de capa caída, con un débil crecimiento del 2.1% en 2017, reaccione y llegue siquiera al 2.7% en 2018.
 
Ello sólo será posible si se da un vigoroso repunte del consumo de los hogares, puesto que el gasto público se verá frenado durante el primer semestre del año entrante tanto por el apretón fiscal ya anunciado por el Ministro Cárdenas como por la Ley de garantías.
 
Para ello será menester que el Banco de la República mantenga su política monetaria contracíclica mediante la baja de la tasa de interés de intervención, la cual redujo 2.75 puntos porcentuales hasta el nivel actual de 4.75%, aunque su margen de maniobra se achica.
 
En su reunión de noviembre la Junta observó “una actividad económica más débil de lo esperado y el riesgo de una desaceleración más allá de la compatible con el deterioro en la dinámica del ingreso originado por la caída en los precios del petróleo” (2). Advirtió, además, excesos de capacidad instalada en las empresas, la cual se explica en gran medida por el comportamiento del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de Fedesarrollo, el cual lleva casi 2 años en terreno negativo, situándose en – 10 % en noviembre de 2017 y del propio Índice de Confianza industrial en octubre de – 8.7%, el nivel más bajo para este mes desde 2009.
 
Lo propio ocurre con el componente de las expectativas de los consumidores cuyo indicador también se ha mantenido en terreno negativo. Habrá, entonces, que enfrentar tanto la falta de confianza como los nubarrones en las expectativas de los consumidores para salir del atasco en el que está la economía.
 
El optimismo moderado
 
El Grupo Bancolombia es optimista y espera “que en los próximos meses la industria y el comercio ganen tracción a un ritmo moderado de la mano de la contención de la inflación, los menores costos del crédito, la recuperación de la confianza, la disipación de los efectos adversos de la reforma tributaria y el fortalecimiento de los socios comerciales del país” (3).
 
Y, para no caer en el estado alexitímico que le atribuye a los colombianos el psiquiatra Carlos Córdoba, de no leer las cosas positivas que acontecen, debemos subrayar logros tan importantes como haber mantenido este año la tasa de desempleo en un solo dígito, la reducción del déficit de la Cuenta corriente de la Balanza de pagos, que pasó del 6% en 2015 a 3.5% en 2017 y el haber metido en cintura la inflación, que venía desbocada, hasta bordear la meta del Banco Emisor al situarse en el 4.12%.
 
La apuesta mayor, indudablemente, está en el empuje que pueden darle al crecimiento de la economía la demanda interna y las exportaciones, ahora que se espera un mejor año para la economía global.
 
Ojalá que este año las concesiones de cuarta generación (4G) recobren el impulso que traían y que se vio estropeado por los escándalos de corrupción que han rodeado su contratación de parte de ellas con la firma brasilera Odebrecht, porque ello podría contribuir a un mejor desempeño del crecimiento del PIB. Y, desde luego mantener el esfuerzo que viene haciéndose para seguir impulsando el turismo, convertido en el mayor generador de empleo y en el segundo generador de divisas después del petróleo, por encima del carbón, el banano y las flores.
 
El necesario cambio de modelo
 
El próximo Gobierno deberá poner todo su empeño en que la economía retome la senda del crecimiento sostenido y a un mayor ritmo, al tiempo que mejore su potencial de crecimiento que se ha visto seriamente disminuido (4).
 
ANIF ha estimado que el postconflicto podría acelerar el potencial de crecimiento económico en cerca del 0.5% - 1%/año, “pero sólo a la vuelta de cinco años, dado el lastre del sector minero-energético” (5).
 
Por lo pronto, el esfuerzo para lograr remontar y escalar la empinada pendiente hay que empezar por una revisión y cambio del modelo económico basado en la actividad extractiva, tendiente a diversificar el aparato productivo, diversificar las exportaciones y el destino de las mismas. Su éxito dependerá de cuanto se haga por mejorar la competitividad y está a su vez depende de elevar la productividad, para lo cual es absolutamente indispensable corregir el enorme rezago del país en materia de infraestructura, innovación y tecnologías.
 
Ello es tanto más urgente porque con la arritmia del crecimiento del PIB que traemos no sólo no vamos a seguir reduciendo la pobreza y el desempleo, sino que ya se empiezan a registrar retrocesos con respecto a los avances que se habían logrado en estos frentes. De hecho, se ha frenado la reducción de la pobreza, en la que Colombia venía registrando avances importantes y aunque la tasa de desempleo se mantiene en un solo dígito ya se completaron 4 meses en alza de la misma.
 
El lema de la próxima administración en materia económica debería ser lo planteado por la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena en su discurso de instalación de su Tercer período de sesiones: “hay que crecer para igualar e igualar para crecer” (6), advertidos como lo estamos que “en el horizonte estratégico de largo plazo, igualdad, crecimiento económico y sostenibilidad ambiental tienen que ir de la mano" (7). ¡No hay tiempo que perder, manos a la obra!
 
Amylkar D. Acosta M. es Miembro de Número de la ACCE