Algo le aprendí a Einstein

Por: 
Oscar Cubillos Pedraza
31 de Diciembre 2020
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Mañana 1 de enero llegamos al escenario lácteo de siempre: desequilibrio en el precio que se le paga al ganadero debido, por una parte, a que los procesadores han venido aumentando la oferta a través de importaciones, y por otra, por los cupos de importaciones agrandados sin aranceles.

A pesar de los pronósticos climatológicos parece que el fenómeno de la Niña no entró con la fuerza que las autoridades suponían, y, al contrario, la temporada del primer verano del año, y más fuerte, parece estar consolidándose. Tal escenario nos lleva a una situación de mayor favorabilidad en el mercado lechero, pero que aun así tiene implicaciones no tan positivas.

 

Lo bueno es que con un clima más seco y escaso de lluvias la producción de leche disminuye y los precios pagados al productor mejoran. Lo malo es que mañana será primero de enero y se habilita el cupo de leche en polvo para que pueda ser importada vía TLC desde EEUU y UE. Son alrededor de 18 mil toneladas sin arancel que entrarán rápidamente ante la expectativa de precios altos en la oferta doméstica dado el clima seco.

 

Lo feo, para cerrar con la trilogía de la antigua película del viejo oeste, es que la industria ha acumulado inventarios en los últimos meses, alrededor de 21 mil toneladas de leche en polvo, y así evitar que le pongan presión al precio en la época de verano.

 

En otras palabras, llegamos al escenario de siempre: aumentar la oferta a través de importaciones y desequilibrar el precio que se le paga al ganadero. Sigue el mercado lechero y su industria con las mismas prácticas de hace 15 y 20 años, y como diría Einstein, no puedes esperar resultados diferentes si sigues haciendo las cosas de la misma manera, con el agravante hoy, que cada año que pasa estamos más abiertos al libre comercio, es decir más y más leche importada.

 

Efectivamente, es necesario hacer las cosas de una manera diferente para obtener resultados que sean positivos en la cadena de valor. Y es que nuestro mercado interno aún tiene una inmensa capacidad de crecimiento: 31 millones de personas de estratos bajos que toman poca leche porque su ingreso no es suficiente para adquirir productos lácteos, que por cierto son muy caros en Colombia.

 

Una tarea para 2021 con el fin de aprovechar esos millones de compradores insatisfechos es que la industria lechera pueda innovar y crear productos de bajos costo para esos segmentos específicos: empaques diferenciados, presentaciones en volúmenes más reducidas, en fin, elementos que afecten positivamente su bolsillo y además permitan más consumo nacional.

 

Incluso los ejercicios de planeación y marketing que la misma industria lechera ha realizado les indica que lo deben hacer: no descuidar los mercados populares y sacar su potencialidad, la pregunta es ¿lo harán? El 31 de diciembre de 2021 podemos hacer el balance si realmente hubo nuevas líneas de producto, específicamente de bajo costo.

 

Y es que el tema va más allá de lanzar unas cuñas radiales o pautar en televisión para estimular el consumo. Las personas en Colombia quieren tomar leche, les gusta, como quedó demostrado durante la cuarentena de abril y mayo en donde el arroz, el huevo y la leche líquida incrementaron el consumo a pesar de la crisis económica.

 

Más que campañas costosas de publicidad en dónde sólo ganan los canales de televisión, lo que requiere el mercado es productos más baratos. Solo piensen en la estrategia de los almacenes de bajo costo que vemos a lo largo y ancho del país y me darán la razón. Ojalá los transformadores este año que llega, sí lo entiendan y lo hagan, por ahora lo único que podemos esperar es que mañana de nuevo inicien su fatídica ola importadora.

 

@ojcubillosp