Chile como espejo

Por: 
Jorge Humberto Botero
06 de Noviembre 2019
compartir
Los riesgos de contagio pueden ser bajos, pero, si ocurrieren, serían catastróficos.

Los indicadores económicos y sociales de Chile son los mejores de América Latina y, en general, superiores a los nuestros. Era difícil, por lo tanto, anticipar que un modesto incremento de la tarifa del metro de Santiago inferior al que el gobierno anterior había realizado fuere a desatar un estallido social sin precedentes. Todo un acertijo.

 

“¿Qué pasó?”, me preguntas. Una tesis, que no comparto, es esta: que hubo una conjura internacional contra las autoridades orquestada por los gobiernos de Cuba, Venezuela y el Foro de Sao Paulo al cual convergen gobiernos y partidos de izquierda.

 

Desde la época de Fidel, las autoridades de la Isla desistieron de la idea de andar por el mundo exportando revoluciones. En la actualidad, afrontar la grave penuria que padece consume todas sus fuerzas; apenas le quedan algunos recursos para apoyar al régimen de Venezuela en técnicas represivas de la población. Maduro, a su vez, carece de capacidades logísticas y grados de libertad para extender su revolución bolivariana. Depende, para sobrevivir, del apoyo de China y Rusia.

 

A los primeros, les interesa expandirse por la región, como con tanto éxito lo han hecho en África, para promover sus negocios, no su modelo de economía de mercado y política autoritaria. Putin, a su vez, procura mantener ciertos equilibrios de poder en su pugna con los Estados Unidos: hagámonos “pasito” en Ucrania y en Venezuela es parte del tácito acuerdo. El Foro de Sao Paulo es una plataforma para producir propaganda, no disturbios. Las categorías mentales de la guerra fría, previas al colapso de la Unión Soviética, carecen de poder explicativo.

 

– “No me digas que fue un estallido espontáneo”. Eso te digo. Cuando las condiciones son propicias cualquier pequeño incidente, mal manejado por las autoridades o ampliamente difundido, puede generar una revuelta. Las revoluciones de 1848 en Europa no fueron, como lo dijeron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, producto de la acción concertada de líderes de izquierda. En realidad, la turbulencia ocurrió simultáneamente en Francia, Alemania e Italia gracias a factores tecnológicos: la expansión de la red férrea y el telégrafo. Un siglo después, el asesinato de Gaitán generó, por sí solo, el Bogotazo. La revuelta en París en mayo de 1968 carecía de designios claros; no produjo ningún efecto perdurable.

 

A posteriori, es claro que un conjunto de factores negativos crearon una grave situación de descontento, que no se detectó oportunamente, cuyo primer factor es, sin duda, el estancamiento de la economía, aunque hay otros: un sistema pensional que no produce buenos resultados, las falencias de la salud, el costo de las viviendas, la tarifa del transporte urbano. Y algo difícil de medir y de entender: una cierta desesperanza, como si el cielo fuera, para siempre, gris.

 

Todo parece apuntar a que en Chile la revuelta se inició por algunos pocos actos de elusión del pago del metro que fueron tolerados, esa pasividad tal vez generó la generalización de la revuelta; su represión tardía y torpe pudo disparar los actos de vandalismo contra estaciones, trenes y edificios emblemáticos, los cuales, dadas su celeridad y eficiencia destructiva, probablemente fueron producto de acciones terroristas concertadas entre los integrantes de bandas extremistas. Los saqueos posteriores pueden atribuirse a lo que allá se llama “lumpen”: integrantes de sectores marginados de la sociedad que se convierten en delincuentes de ocasión.

 

– “Tu superficial sociología no me persuade. Imagino que ahora vas a negar que la solución en Chile, y en otras partes, incluida Colombia, consiste en acudir a la democracia directa para superar el capitalismo”. En efecto, lo niego. El mundo carece de modelos alternativos viables. No hay acumulación de riqueza sin economía de mercado, pero ella no basta.

 

Se requiere un Estado que aporte bienes públicos, políticas redistributivas eficientes y una gestión prudente de las finanzas estatales. Cuando haya que realizar reformas ellas deben discutirse, con grados altos de interlocución, social en los ámbitos propios de la democracia representativa. Acudir a referendos, plebiscitos y constituyentes no es el camino adecuado. Gran Bretaña no ha podido superar los trastornos del Brexit; nosotros apenas comenzamos a reponemos del plebiscito de 2016.

 

– “Al menos debes reconocer que si Chile despertó es inevitable que aquí suceda lo mismo”. Luego de advertir la magnitud de los daños causados, anhelo que te equivoques. Para que no suceda un apocalipsis como ese debemos tener claro que el análisis de los indicadores generales, tales como los de crecimiento, empleo y distribución del ingreso, por ejemplo, son insuficientes para conocer los sentimientos de los ciudadanos. La tasa de crecimiento agregada puede ser adecuada, aunque no en ciertas regiones o sectores; el empleo es especialmente escaso para los jóvenes; la mejora en los indicadores de distribución de la riqueza y el ingreso pasan desapercibidos, sin embargo, la gente reacciona con ira si se siente tratada de manera injusta.

 

Por eso los gobiernos deben acudir en mayor medida a otros predictores del bienestar de la población. Doy ejemplos: la correlación entre las cuotas de los créditos de vivienda o educación y el ingreso disponible; la dinámica de las tarifas del transporte y los servicios públicos en relación con esa misma variable; el impacto de retirar ciertos subsidios de manera súbita, etc. No puede olvidarse que es más tolerable la pobreza que el empobrecimiento o la frustración. Y que, mientras la economía de Chile languidece, la nuestra muestra una tasa de crecimiento saludable. Este factor aleja riesgos que de todos modos siempre existen.