Con-Censo

Por: 
Juan Lucas Restrepo
24 de Agosto 2015
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Mucho se ha escrito en estos días luego de la presentación de los resultados iniciales del Censo Nacional Agropecuario 2014. Se sacan conclusiones que ojalá converjan en consensos que reorienten la política agropecuaria y rural del país.
Mucho se ha escrito en estos días luego de la presentación de los resultados iniciales del Censo Nacional Agropecuario 2014. Se sacan conclusiones que ojalá converjan en consensos que reorienten la política agropecuaria y rural del país.
 
El DANE se merece todos los elogios por su gestión. Y es que lo que logró, con el esfuerzo de 25 mil censistas que visitaron hasta en caballo y canoa unos 3,9 millones de predios en 113 millones de hectáreas de lo “rural disperso” del país, es algo inédito y de un valor inmenso para nuestra sociedad.
 
El Censo anterior, realizado en 1970, se trató de un ejercicio en el que solo se cubrieron 7,6 millones de hectáreas y en el que campesinos y colonos (sin representantes de territorios afros ni indígenas) eran invitados a las escuelas a responder las encuestas de los censistas.
 
Nuestro sector rural está compuesto por una población que, comparada con el censo poblacional de 2005, se envejeció significativamente y que aunque es bastante menos pobre que entonces, todavía es el doble de pobre que los pobres urbanos. La mayoría de los jefes de hogar apenas cursaron algo de primaria y el 73 % de sus hijos entre 17 y 24 años no asiste a centros educativos.  
 
En lo productivo se encontraron 37 millones de hectáreas en pasturas, que alojan en promedio 0,6 cabezas de ganado por hectárea (usando datos de población bovina del  ICA), con pésimos indicadores productivos cuando productores líderes -grandes y pequeños- de esa industria son capaces de manejar entre 3 y 5 animales por hectárea.
 
Se encontraron también 7,2 millones de hectáreas agrícolas, un millón y medio más de las que decían nuestras estadísticas, que producen más o menos lo mismo que se ha venido reportando en las estadísticas oficiales, por lo que la productividad, que pensamos era mala, es aún peor. Tendremos que esperar los resultados al final del año para comprender cuáles son los cultivos permanentes que ocupan un millón más de hectáreas de las que pensábamos y de qué se tratan 600 mil hectáreas reportadas como “cultivos asociados”.
 
Casi un millón 400 mil trabajadores permanentes tienen que derivar su sustento de 5,4 millones de hectáreas (en las que se concentra buena parte de la producción agrícola), repartidas en minifundios y microfundios de menos de 5 hectáreas, y cada vez más fragmentados si se comparan con el censo de 1970. Solo 9,6 % de los productores contaron con asistencia técnica (sin considerar la calidad de la misma),  solo 9,8 % solicitaron y accedieron a créditos, y solo un 16,7 % y 16,9 % respectivamente contaban con maquinaria e infraestructura productiva.
 
Este es el panorama luego de billones de pesos invertidos en lo agropecuario y rural por diferentes gobiernos en las últimas décadas. Tenemos evidencias de sobra de lo que funciona y lo que no. Ojalá alcancemos un consenso de privilegiar bienes y servicios públicos versus subsidios e incentivos otorgados de manera individual a cambio de nada. Nuestro ministro de Agricultura cuenta con la oportunidad y el Censo le da la legitimidad para generar los cambios necesarios.
 
Algo muy positivo es que toda esta información agregada se tiene geo-referenciada a nivel de cada predio y unidad de producción agropecuaria. Esto va a permitir redefinir, integrar y focalizar políticas y medir el impacto de las intervenciones públicas del orden nacional y del territorial. Todo esto con-censo.
 
Juan Lucas Restrepo I.
Director Ejecutivo de Corpoica
 
*Publicado originalmente en Portafolio el 19 de agosto de 2015.