Detrás de la censura

Por: 
José Félix Lafaurie Rivera
08 de Noviembre 2019
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Con la dignidad con que enfrentó el hoy exministro Botero su primera moción de censura en el Congreso, le dio la cara por segunda vez al país, aunque lo que debió ser un debate fue una “encerrona” previamente negociada; otra andanada para torpedear la gobernabilidad de Iván Duque.

Guillermo Botero cumplió su deber con rectitud en una cartera compleja: la de Defensa, en un país amenazado por la violencia y el peligroso control territorial del narcotráfico, herencia de una paz mal hecha. Por ello no merece el vilipendio mediático sino el reconocimiento ciudadano.

 

De hecho, una de las razones que se agitaron fue la situación del suroccidente del país “bajo el yugo del narcotráfico y la minería ilegal”. ¡Eureka!, pero los que nunca censuraron al gobierno que lo permitió por exigencia de las Farc, se ensañaron con el ministro que logró revertir el crecimiento de cultivos ilícitos con erradicación manual.

 

De la izquierda no se podía esperar nada y del partido del senador citante menos, como deja ver el sigilo con que jugó su “carta guardada” para recaudar votos y, luego, el sesgo y el triunfalismo con que la destapó en el Senado, al punto que un medio llegó a titular: “Mindefensa bombardeó niños en Caquetá, advirtió Roy Barreras”. Muy infame.

 

Solidaridad con las familias a las que les secuestraron sus hijos para prostituirlos y usarlos como carne de cañón, pero los bombardeos no son el ejercicio alocado de unos militares botando explosivos sin ton ni son, sino acciones soportadas en el uso legítimo de la fuerza, precedidas de procesos de inteligencia y planeación con altos niveles de certeza y rigurosos protocolos de cumplimiento del DIH, pero impredecibles.

 

Los pájaros siguen tirándoles a las escopetas. La guerrilla secuestra menores - delito de lesa humanidad- y el Gobierno resulta en la picota pública por su infortunada muerte. No puede ser que se busque deslegitimar a las Fuerzas Militares, como intentan desde el inicio del gobierno Duque, porque el país caerá en algo así como el “síndrome caucano”: los indígenas acusan al Gobierno de indolencia por los asesinatos y exigen protección, pero impiden el ingreso de la Fuerza Pública a sus territorios y la agreden, mientras los narcoterroristas…, sonríen.

 

En su afán de “comer ministro”, el senador desconoce procesos y competencias. El levantamiento de cadáveres es de la Fiscalía, y su posterior identificación y el manejo de esa información es de Medicina Legal ¿Cómo la obtuvo cuando ya era documento judicial reservado? ¿Cómo tuvo acceso a una investigación que ya tenía ese carácter reservado y no había concluido, como afirma Medicina Leal en su comunicado oficial?

 

Detrás de todo, sin embargo, hay temas de fondo: Primero: Siempre el narcotráfico como determinador de la violencia en Cauca, Putumayo, Catatumbo y donde están plantadas las 200.000 hectáreas de coca.

 

Segundo: La neutralización del ejército en sus cuarteles y de la Fuerza Aérea en tierra. Los bombardeos son el terror de los narcoterroristas. Así cayeron Cano, Reyes y Jojoy.

 

Tercero: la desarticulación del sistema democrático basado en tres poderes autónomos. Vía consulta popular asistimos al “gobierno de las comunidades” y al “de los jueces” que deciden lo que se hace o no se hace.

 

Y ya se asoma lo que parece el tránsito de un régimen presidencial a uno parlamentario, en que las diferencias políticas no se ventilan en la discusión abierta y argumentada sino tumbando ministros, y los intereses burocráticos insatisfechos bloqueando la gobernabilidad; apostando al fracaso del gobierno.

 

Miro al vecindario con desazón y repito con las abuelas: “el palo no está para cucharas”.