El Acuerdo Trasatlántico EE.UU-UE y el sector ganadero

Por: 
Augusto Beltrán Segrera
26 de Marzo 2013
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Estados Unidos y la Unión Europea, dos grandes potencias económicas, cuyo comercio representa aproximadamente la mitad del PIB mundial (47%), próximamente darán inicio al mayor acuerdo comercial bilateral de la historia.
Ambas potencias han decidido elevar el nivel de relación económica y se han comprometido a negociar un acuerdo integral sobre comercio e inversión, que irá más allá del planteamiento clásico, ya que prestará especial atención a la armonización de las reglas y normas técnicas sobre productos, que actualmente constituyen el principal obstáculo al comercio trasatlántico.
 
Las dos Partes tienen grandes relaciones comerciales a nivel mundial a causa de los acuerdos que han firmado con terceros países. Estados Unidos tiene 14 acuerdos bilaterales y la Unión Europea cuenta con un total de 35 acuerdos bilaterales, lo que demuestra la gran participación económica por parte de estas dos potencias en el comercio exterior. Colombia ya tiene en marcha el Tratado de Libre Comercio con USA y está próxima la entrada en vigencia del TLC con Europa.
 
Sin duda, en la negociación de este Acuerdo entre los Estados Unidos y la Unión Europa uno de los temas más álgidos y de mayor sensibilidad será el acceso a mercados de bienes agrícolas y las medidas sanitarias y fitosanitarias. Por una parte, el sector privado de EE.UU. busca que la negociación en agricultura sea integral, aborde eficazmente los asuntos pendientes en materia sanitaria y fitosanitaria, y cree una base sólida para evitar futuros problemas. Mientras que para el sector privado de la UE, sus prioridades incluirán la protección de las Indicaciones Geográficas y un mejor acceso para los productos lácteos europeos en el mercado estadounidense.
 
Respecto a las barreras no arancelarias, específicamente para el sector cárnico bovino la Unión Europea prohíbe el uso de hormonas para promover el crecimiento del ganado mediante su alimentación, especialmente la ractopamina, incluso después de que su uso fue aprobado por la Comisión del Codex Alimentarius en 2012, así como el uso de ácido láctico como tratamiento para la reducción de patógenos en las plantas de sacrificio.
 
Estados Unidos por su parte mantiene restringido el ingreso a la carne bovina originaria de la Unión Europea desde hace más de 15 años, debido a que el gobierno estadounidense ha mantenido congelada la revisión de la reglamentación relacionada con la Encefalopatía Espongiforme Bovina para importación de ganado en pie, carne bovina y sus productos. Además, existen barreras para la importación de productos lácteos, en particular en relación con el requisito de Evaluación de Productos Lácteos Importados en Estados Unidos y la Ordenanza de Leche Pasteurizada (PMO, por sus siglas en inglés) para productos grado A (leche líquida, yogur, nata, crema y otras leches fermentadas).
 
Por otra parte, en materia de ayudas internas al sector ganadero, en Estados Unidos, el sector lácteo cuenta con un programa de apoyo al precio del mercado, es decir, el gobierno establece un precio para la leche e interviene en el mercado doméstico adquiriendo inventarios (mantequilla, queso y leche en polvo descremada) si el precio cae, con el fin de mantener su nivel. Así mismo, el sector lácteo es protegido mediante contingentes de importación con aranceles extra cuota elevados, lo cual demuestra que la protección del sector es un elemento esencial de la política agrícola en EE.UU, aunque en este momento la Ley Agrícola (Farm Bill) se encuentre ‘congelada’ en el Congreso.
 
En el caso de las ayudas en la UE, los ganaderos reciben pagos directos para mantener sus ingresos, aunque aparecen algunas condiciones para acceder a estos en la Política Agrícola Común 2014 – 2020. Además, a partir de marzo de 2015 el sistema de cuotas de producción de leche fresca terminará, lo que podría resultar en un incremento en la producción de leche de la UE y en la exportación de productos lácteos hacia terceros países.
 
Por otra parte, la UE tiene un interés ofensivo en Indicaciones Geográficas, especialmente en productos lácteos, lo cual podría implicarle a la industria láctea estadounidense la pérdida de parte de su propio mercado de productos lácteos con nombres tradicionales, específicamente en quesos.
 
Sin duda es una compleja arquitectura de negociación la que deben comenzar a construir los equipos técnicos de Estados Unidos y Europa, si quieren superar los grandes obstáculos que hoy impiden que exista un comercio fluido de carne y lácteos. Colombia debe seguir muy de cerca ese proceso, en especial las discusiones y avances en la mesa sanitaria, pues las reglas que allí se acuerden serán referente obligado en los procesos de admisibilidad que estamos emprendiendo, aunque claro está, es inaplazable la tarea de agenda interna orientada a mejorar nuestro estándar interno. De lo contrario , estamos condenado la ganadería colombiana a convertirse en un importador neto.