El Plan Nacional de Desarrollo y don Arnulfo

Por: 
María Andrea Uscátegui
22 de Abril 2019
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Hace unos años escuché la magnífica historia de Arnulfo y su relación con la biotecnología. Disfrazado de citadino con traje y corbata por las exigencias del prestigioso club, contó su historia en un foro sobre productividad del campo. Su forma autóctona, sincera y coloquial produjo algunas risas y atrapó la atención del excelentísimo público que lo observaba.

Mientras le hago seguimiento al Plan Nacional de Desarrollo, se me viene a la mente la historia de Arnulfo, un algodonero pequeño en área, pero un líder gigante en Natagaima.

 

Arnulfo siembra algodón desde que tiene memoria. Su padre le enseñó los secretos del campo en aulas de pequeñas parcelas y no se imagina su vida haciendo otra cosa lejos de sus “maticas”.

 

En los años noventa, el temible gusano “rosado de la india” se apoderó de los suaves copos de algodón hasta acabar con hectáreas enteras a lo largo del país. Las enfermedades y plagas han sido devastadoras para los agricultores a lo largo de la historia. Para Arnulfo significaba una pérdida tras otra de los cultivos que le daban para comer.

 

Es difícil que sintamos, desde la ciudad, esa angustia de los agricultores al ver sus cultivos enfermos y atacados por las plagas. Sin embargo, en palabras de Arnulfo “gracias a Dios llegó la biotecnología”.

 

Esta tecnología que a los de la ciudad nos cuesta comprender, es de gran valor para los agricultores que tienen que enfrentar los desafíos del campo. No solo porque estas semillas desarrolladas con biotecnología son más resistentes a ciertas plagas y enfermedades sino porque les da a los agricultores un manejo más cómodo y, por supuesto, menores pérdidas en el campo.

 

La adopción de tecnología, incluyendo la biotecnología moderna es una de las herramientas que le ha dado a algunos países vecinos el título de “agroindustriales” porque favorece a los grandes, medianos y pequeños agricultores el desarrollo de mejores cultivos y por lo tanto empujan la productividad del país.

 

Lo que hoy me llama la atención es que a lo largo del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 y los recursos para el próximo cuatrienio no encontré la palabra biotecnología en ninguna parte del articulado del Plan.

 

Preocupante, que en un pacto por la productividad –incluyente y sostenible–, que pretende llevar una agenda de innovación no esté contemplada la biotecnología moderna que ha impulsado a los países agroindustriales de la región.

 

El agro colombiano necesita de ciencia, tecnología e innovación, sin esto no podremos ser productivos ni competitivos.

 

Contamos con disponibilidad de tierras cultivables, condiciones climáticas favorables, marcos regulatorios vanguardistas que permiten la evaluación, aprobación y acceso de nuestros agricultores a cultivos mejorados a través de biotecnología moderna. Aunque la adopción es pequeña, hay experiencias satisfactorias, como la de don Arnulfo que inició con una hectárea y hoy ya tiene doce con maíz y algodón genéticamente modificados; y que a 2018 el país ya alcanza las 88 mil 117 hectáreas.

 

Desde las ciudades, el imaginario colectivo es lejano a las realidades de los agricultores, pero las políticas deberían ser cercanas a ellos. Un Plan Nacional de Desarrollo debería contemplar las dificultades que enfrentan los cultivos y plantear soluciones para personas como don Arnulfo e impulsar el acceso a la innovación en la agricultura, no solamente adopción sino también una agenda de investigación y desarrollo de mejores cultivos en donde se incluya la productividad, seguridad alimentaria y sostenibilidad del agro colombiano.