Juan el apocalíptico

Por: 
Oscar Cubillos Pedraza
26 de Noviembre 2020
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A solo 5 años de llegar el libre comercio con EEUU y a un mes de activarse un nuevo contingente de leche en polvo, sigo siendo de la liga de los que prefieren advertir las cosas, aunque pasemos por apocalípticos

Para los cristianos, las Sagradas Escrituras integran como última parte del Nuevo Testamento el libro del Apocalipsis. De acuerdo con el análisis histórico este libro fue escrito por Juan en la isla de Patmos, en consideración de algunas revelaciones que le fueron hechas.

 

Para los conocedores del tema, los argumentos de revelación sobre los cuales fue escrito le dan el carácter de profecía, en otras palabras, se describe lo que ocurrirá al final de los tiempos.

 

Hace unos años, ya cerca de una década, otro Juan expresaba la condición del sector lechero colombiano y su futuro, y que justamente, no deberíamos ser apocalípticos al advertir sobre las dificultades que se venían por cuenta de los TLC con EE. UU. y la UE.

 

Como tal, el libre comercio de leche y sus derivados está contemplado para 2026 con el país del norte y para 2028 con el viejo continente. Sin embargo, ya para 2020 el total de importaciones de lácteos superará las 70 mil toneladas. Históricamente la cifra más alta.

 

70 mil suena poco, pero si lo convertimos al equivalente de leche líquida hablamos de poco más de 840 millones de litros, es decir, el 12% de nuestra producción o el 26% del acopio total que realizó la industria en 2019. ¿Apocalíptico? Al menos sí revelador en cuanto a las cifras.

 

Juan; el segundo, el criollo, el no apocalíptico; pareciera no haber advertido que para lograr una defensa efectiva frente a las importaciones era preciso eliminar diferentes ineficiencias en la cadena de valor, y que no son culpa de los ganaderos como típicamente se ha hecho creer. Ejemplos como el alto costo de transporte por la mala condición de nuestras vías, los elevados costos en el procesamiento industrial, o los grandes márgenes de los comercializadores son algunos de ellos.

 

Las advertencias de los conocedores del sector, una década atrás, tal vez fueron consideradas apocalípticas por Juan, pero fueron acertadas al realizarse. Efectivamente hoy existen fuertes amenazas, no solo para sus productores por la permanente entrada de materias primas como leches en polvo y lactosueros, sino para la industria que ve la competencia directa con entrada de cada vez más volúmenes de quesos y otros productos finales.

 

No se puede desconocer que buena parte de la competitividad del sector lechero se hubiera logrado si al menos desde que entró en vigor el TLC con EE. UU., se hubiera avanzado de manera efectiva en una agenda de competitividad. Por la punta de la productividad con asistencia técnica, extensión agropecuaria, financiamiento e innovación industrial; por el otro lado, con la promoción de exportaciones y el fomento al consumo en mercados abandonados como lo son los estratos 1 y 2 de nuestra población con la creación de productos diferenciados en precio para tales segmentos. ¿En dónde estaría Juan para entonces?

 

Al menos, recientemente la industria en su reto visión 2030 ha reconocido tácitamente la falta de mirada a esos estratos, y la necesidad de innovar para satisfacer el consumo con productos especiales para dicha población ¿lo harán? Ruego porque así sea.

 

A solo 5 años de llegar el libre comercio con EEUU y a un mes de activarse un nuevo contingente de leche en polvo, sigo siendo de la liga de los que prefieren advertir las cosas, aunque pasemos por apocalípticos, y no ver pasar indiferente la realidad de un sector y decir que todo va bien.