La montaña rusa

Por: 
Augusto Beltrán Segrera
15 de Diciembre 2014
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Hace un par de semanas se celebró en Roma la II Conferencia Internacional sobre Nutrición. Allí se presentaron unas proyecciones sobre lo que va a ser la demanda de alimentos en el mundo entero.
En lo que va corrido del año, el precio del petróleo ha caído más de un 30 % afectando aquellos países que basan sus ingresos en la exportación del crudo obligándolos a tomar medidas de política económica para contrarrestar el efecto de este desbalance en sus finanzas.
 
Rusia como uno de los principales productores de crudo no es ajeno a este fenómeno, la situación ha despertado una gran preocupación que ha llevado al Estado a devaluar su moneda para incentivar las exportaciones que son su principal fuente de ingresos y de esta manera poder equilibrar su cuenta corriente. Sin embargo, la medida afecta fuertemente a la población dado que, según los expertos, cerca de un 30-40 % de la canasta familiar rusa está compuesta por productos importados con lo que una caída del 20 % en el tipo de cambio encarece los alimentos en un 30 %.
 
A lo largo de 2014, el rublo se ha devaluado más de un 60 % respecto al dólar y 40 % respecto al euro. Así pues, la relación que señala el ministro de finanzas, Antón Siluánov, confirma que el Estado de alguna forma balanceará sus ingresos. Según sus cálculos, “la reducción de los precios del petróleo en un dólar por barril provocará la reducción de los ingresos del presupuesto en 70 mil millones de rublos (USD1.700 millones), mientras que la caída del tipo de cambio del rublo en 1 rublo llevará a una subida de los beneficios de 180 mil-200 mil millones de rublos (USD4.400-4.900 millones)”.
 
Sin embargo, si el precio del petróleo continúa bajando, Rusia tendrá que tomar una medida adicional en el sentido de recortar su gasto público dado que no cuenta con acceso a mercados financieros en Europa para apalancar su presupuesto. Esto sumado a una devaluación que encarece las importaciones de alimentos y amenaza con un aumento en la inflación puede ser el detonante de una posible desestabilización. 
 
Adicionalmente, se prevé una fuga de capitales cercana a los USD125 milmillones, una reducción en la inversión y una desaceleración en el crecimiento del 0.8% para el próximo año.