La perfidia de Santos

Por: 
Julio Cesar Rodas Monsalve
14 de Julio 2016
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Maldad extrema, traición a la fe debida. Esta es una de las muchas definiciones de perfidia. Yo tengo memoria desde cuando Alberto Lleras entregó el poder a Guillermo León Valencia y no recuerdo un presidente más traidor y falso, más pérfido que este.
Maldad extrema, traición a la fe debida. Esta es una de las muchas definiciones de perfidia. Yo tengo memoria desde cuando Alberto Lleras entregó el poder a Guillermo León Valencia y no recuerdo un presidente más traidor y falso, más pérfido que este.
 
A qué viene la famosa carta que envió al expresidente Uribe?. En mi opinión 3 razones malvadas se conjugan para ello:
 
Hipocresía: Aparecer como quien tiende la mano conciliadora, por el bien de la patria, a su contradictor. Para que la historia diga mañana que él intento el consenso y Uribe lo rechazó. A Santos le importa un pepino los porqués del centro democrático y de quien sea. Su mente está centrada en firmar la paz, como sea, para pasar a la historia como nobel de paz. Traicionó los postulados que juró defender ante más de 9 millones de ciudadanos que le dimos el apoyo para que combatiera a las Farc, no para que las legitimara.
 
Oportunismo: La carta es enviada públicamente, antes de que el destinatario la conozca. Es un golpe de opinión y la respuesta poco importa. En verdad para él era igual que Uribe respondiera o no. Le importaba que la carta fuera publica, para que su imagen se trasfigurara, no le interesaba ni siquiera que Uribe la recibiera.
 
Extemporaneidad: Como ha dicho Uribe. La propuesta se hace cuando ya todo está definido. Entonces que hay que discutir?. Para Santos incluso hasta hubiera sido un problema si, eventualmente, Uribe hubiera aceptado la ridícula invitación. Con la carta lo único que Santos hubiera conseguido, en caso de una respuesta positiva era el aval a su exabrupto y todos sabemos que Uribe no lo iba a hacer.
 
En definitiva es otra estrategia malvada de Santos para limpiar su pellejo, a costa de intentar sojuzgar y someter al escarnio a Alvaro Uribe, importándole un bledo el país que lo eligió. Es, en mi concepto, un ser perverso, egoísta y maquiavélico.