La tormenta perfecta

Por: 
Amilkar Acosta
02 de Septiembre 2013
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Detrás del estallido de la revuelta campesina, con paros y bloqueos incluidos, está su descontento e inconformidad un estado de cosas intolerable, porque no hay mal que dure cien años y mucho menos cuerpo que lo resista.
Detrás del estallido de la revuelta campesina, con paros y bloqueos incluidos, está su descontento e inconformidad un estado de cosas intolerable, porque no hay mal que dure cien años y mucho menos cuerpo que lo resista.
 
Primero fueron los cafeteros, que pasaron por encima de la Federación Nacional de Cafeteros para hacer sentir su justo reclamo ante el Gobierno central y luego vino la seguidilla de paros de los cacaoteros, los arroceros, los paperos, los cebolleros, hasta confluir en el Paro Nacional Agrario.
 
El Gobierno empezó cediendo a las presiones de los agricultores y acordó con sus líderes medidas paliativas, las cuales resultaron insuficientes frente a la magnitud de la tragedia que asola el campo colombiano. (Columna: Nudo gordiano)
 
Ya la Encuesta de Opinión Empresarial Agropecuaria del 15 de agosto daba cuenta de que 43% de los interrogados consideró que en el trimestre pasado su realidad fue mala, lo cual implica un salto de 16 puntos porcentuales en relación con igual período del 2012. Las peores calificaciones la dieron “quienes se dedican al café y a los cultivos semestrales, entre los cuales se encuentran la papa y la cebolla. Al parecer el único que no se percató de ello fue el Gobierno y por ello desestimó la amenaza del Paro Nacional Agrario.
 
Entre los reclamos planteados están los altos costos de los agroinsumos importados, los altos costos de transporte, la excesiva intermediación, falta de acceso al crédito, carencia de apoyo y asistencia técnica, amén de la invasión de productos importados al amparo de los TLC y contra el contrabando.
 
A juicio del Ministro de Comercio, los TLC no tienen nada que ver con la crisis del campo y con la motivación del paro; según él “dejar de hacer un
acuerdo comercial para solucionarlo no es la salida”. No obstante, el ministro de Hacienda plantea que en los TLC “hay mecanismos que se pueden utilizar en condiciones excepcionales, como son las salvaguardas. Son una protección temporal, cuando hay un crecimiento exponencial en las importaciones de algún producto” y este es el caso. Por lo tanto, si el ministro de Hacienda está esgrimiendo el mecanismo de las salvaguardas es porque se está dando el crecimiento exponencial de las importaciones cobijadas por los TLC. (Columna: ¿La impunidad sigue en la agenda del Gobierno?)
 
Reconoce sin ruborizarse el presidente de la República Juan Manuel Santos que “estamos volando sin instrumentos, no sabemos cuál es la verdadera situación de nuestro sector agropecuario”. No duda el presidente de la República en atribuir el enardecimiento de los campesinos y su movilización en todo el país a “la acumulación del abandono y de falta de políticas en el sector agropecuario durante muchísimo tiempo.
 
Y ahora estamos pagando las consecuencias”. Pero, él no está exento de culpa, primero porque él ha formado parte de los equipos de Gobierno durante un largo período y segundo porque él ya lleva tres años de gestión de sus cuatro años de gobierno. Cabe preguntarle, si es cierto como él lo predica que el campo está entre sus prioridades, cómo se  explica que pese al anuncio a finales de mayo de este año en el sentido que se radicaría el 20 de julio el proyecto de ley de desarrollo rural y no se cumplió con esta promesa. (Lea: Durante el paro se nota tendencia de apoyo a campesinos)
 
Además, cómo es posible que en vísperas del “tal paro” el ministro  de Hacienda presenta a la consideración del Congreso de la República un proyecto de presupuesto para la vigencia del 2014 y en el mismo se recorta la partida correspondiente a la inversión del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural el 37%  Más grave aún, que habiéndose comprometido el Gobierno a mantenerle a los cafeteros el programa de Protección de Ingreso al Caficultor, que este año es de aproximadamente $830 mil millones, no incluyen esta partida en su proyecto de presupuesto.  Tal exabrupto llevó a su colega el ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán, a plantear que “con la reducción presupuestal se pone en riesgo todos los programas a cargo de esta entidad”.
 
Después de este repaso uno puede llegar fácilmente a la conclusión que los principales instigadores del paro fueron los propios altos funcionarios del Gobierno, quienes en una actitud además de indolente provocadora llevaron a los labriegos al borde del desespero. Como rezaba una pancarta que portaba uno de los manifestantes: “el problema más grande se hubiera podido solucionar cuando todavía era pequeño”. (Columna: El sentido común de las cosas)
 
Al referirse a la ola de protestas y disturbios, que amenazaban con salírsele de las manos, afirmó el presidente Santos que “estamos atravesando una tormenta que se formó por el abandono” inveterado a que ha sido sometido el campo y sus moradores, víctimas de la injusticia, la exclusión, el despojo y el desplazamiento forzado. Pero, la verdad sea dicha, esta es la tormenta perfecta, la cual tiene su origen en la sumatoria de conflictos no resueltos.