Las falsas igualdades que motivan a Francia Márquez

Por: 
Eduardo Mackenzie
01 de Diciembre 2022
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La vicepresidenta Francia Márquez está muy contenta en esos días. Los congresistas controlados por el petrismo le van a aprobar, salvo un revés de último minuto, la creación de su famoso «ministerio de Igualdad y Equidad».

Pocos saben, en realidad, cuáles serán los objetivos de la entidad en formación. No hay debate al respecto. Los parlamentarios, los juristas, los partidos, los “influenciadores” están callados. Muchos duermen. Algunos creen que las ambiciones de ese proyecto son razonables. Otros están dispuestos a avalar lo que sea, con tal de seguir en la aventura petrista.

 

Pocos tratan de saber qué hay detrás de ese proyecto. Les basta lo que han dicho Gustavo Petro y Francia Márquez, aunque todo ello es nebuloso. ¿El juguete burocrático que exige Francia Márquez servirá para resolver problemas candentes de la sociedad?

 

Gustavo Petro, el verdadero instigador de la nueva cartera, quiere hacer grandes cosas. Él ha dicho, entonces, lo contrario: que ese ministerio tendrá tres objetivos: “1. Lograr igualdad salarial entre el hombre y la mujer. 2. Reconocer el tiempo de trabajo en el hogar valido para la pensión. 3. Ingreso vital: medio salario mínimo, a la madre cabeza de familia”. Magnífico. Son tres objetivos modestos y realistas.

 

¿Quién puede creer eso? Como la izquierda obra por imitación es legítimo suponer que Petro quiere construir un aparato especial para concentrar y profesionalizar a vasta escala ciertas actividades tanto de propaganda como de objetivación legal. Lo que hace en España el socialismo zapaterista de Pedro Sánchez y sus comparsas de Podemos es el ejemplo a seguir.

 

En 2008, fue creado en España un ministerio de la Igualdad, que luego fue absorbido por el ministerio de Salud y retrogradado más tarde a secretaria de la Igualdad. Pero el ente recuperó el rango de ministerio en 2020. Los progresistas españoles habían dicho que las funciones de ese ministerio serían velar por la igualdad legal entre mujeres y hombres y luchar contra las discriminaciones.

 

La acción concreta fue diferente: ese ministerio es hoy el de la propaganda sistemática de la ideología de género, del movimiento transexual, del feminismo anti maternidad y anti familia, y de los otros antis de moda que flotan alrededor: el lenguaje inclusivo, el progresismo woke, el indigenismo, la cristianofobia, la anti España, el ecologismo violento y fatalista, el racialismo, el racismo anti blanco, la cancel-cultura, el decrecimiento.

 

Todo eso ocurre, además, en varios países, bajo el ropaje de la modernidad y de la ciencia. El ministerio español de la Igualdad, que dispone de un presupuesto de 20 mil millones de euros, se convirtió en factor de división y en predicador retrógrado. Su retórica separa y maltrata sobre todo a las mujeres y a la juventud. Su acción no es simbólica, o sin efectos inmediatos. En colegios y escuelas miles de niños y adolescentes son objeto de instructores militantes y de textos de propaganda que banalizan las transgresiones sexuales más chocantes como la pederastia. Esa gente elogia ante los estudiantes los duros tratamientos de bloqueadores de pubertad con efectos a veces irreversibles, y banalizan el acto de ser inyectados de hormonas a partir de los diez años. Pues la ideología de género fomenta indiscriminadamente la transición al sexo opuesto, todo armonizado con la apertura aparente de centros especializados en disforia de género, con pseudo apoyo psicológico de largo aliento.

 

Esa línea hizo estallar el gran escándalo de hoy en España. Irene Montero, la ministra de Igualdad, ex activista de las juventudes comunistas y ferviente podemista, lanzó ante la Comisión de Igualdad del Congreso de Diputados que “los niños tienen derecho a tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento”. Ella rompió así con el código penal español que dice: “El que realizare actos de carácter sexual con un menor de dieciséis años será castigado con la pena de prisión de dos a seis años”, haya o no consentimiento. Hoy millones de españoles piden la renuncia de Montero.

 

“Desgenerizar” el mundo es eliminar la identidad de la mujer, negar la realidad biológica de los sexos, forzar una falsa igualdad entre hombres y mujeres. Esa chapuza intelectual le dice a las niñas que pueden transformarse en niños pues el hombre es un “animal cultural” que puede escoger entre lo uno y lo otro, que el resultado solo depende de su voluntad, de una cirugía y de un tratamiento hormonal.

 

En Gran Bretaña, los suicidios de jóvenes afectados por la propaganda transexual aumentaron dramáticamente en estos 10 últimos años. Aún así, la locura avanza y quiere afectar otros sectores: pretende acabar con las patentes farmacéuticas, atacar la propiedad industrial y la libertad de empresa. El fin de ello es demoler el modelo occidental capitalista que hizo posible el desarrollo mundial durante dos siglos.

 

Para producir resultados masivos, semejantes cruzadas requieren del aparato estatal, es decir apropiarse de una parte de la riqueza nacional. ¿Hacia allá se dirige el ministerio de la Igualdad que quiere dirigir Francia Márquez? ¿Para perfeccionar en Colombia la tarea de la ministra Montero?

 

En junio de 2022, la Vicepresidente colombiana indicó que ese ministerio sería el motor de una revolución: “El mundo político y de poder tiene que ser transformado para que éste transforme la sociedad y la economía. Por eso un compromiso que adiciono, si ganamos la Presidencia, es la construcción del Ministerio de la Igualdad”.

 

Francia Márquez es la segunda vicepresidente mujer de Colombia. La primera fue la conservadora Marta Lucía Ramírez (2018-2022). Empero, la vicepresidente actual, en una entrevista, sacó el refrito del “patriarcado y el machismo” que, según ella, “siguen violentando el derecho de las mujeres” e impiden que éstas tengan “las garantías de sus derechos”. Márquez parece no realizar que ella fue elegida para ese cargo porque antes de ella muchas mujeres del país, conservadoras, liberales y de izquierda, vencieron las reticencias que pudieron existir algún día contra la participación de las mujeres en la política y en las responsabilidades públicas y privadas de primer plano.

 

Francia Márquez oculta su agenda sobre la ideología de género y derivados con frases consensuales que hace decenios hacen parte de la cultura y de la legislación colombiana: “Queremos la igualdad para las mujeres, queremos que tengan autonomía económica, que tengan empoderamiento político y garantías de derechos. Queremos igualdad y oportunidades para la juventud”. ¿Quién puede negar eso? En cambio, el asunto de la igualdad legal entre hombres y mujeres no puede servir de mampara para avanzar disimuladamente las veleidades minoritarias, irracionales y perversas de la ideología de género que tienen en la mira, sobre todo, a las mujeres y a los jóvenes.

 

Eduardo Mackenzie

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30 de noviembre de 2022