Maduro, el bárbaro

Por: 
Carlos Martínez Simahan
31 de Agosto 2015
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El Gobierno de Venezuela no es amigo de Colombia. Las crisis surgen permanentemente. Ya sea por recibir Santos a Capriles o Maduro fijar por decreto límites en disputa, darle protección a las Farc, expulsar modestos trabajadores colombianos, destrozar sus casas y retener a sus hijos menores.
El Gobierno de Venezuela no es amigo de Colombia. Las crisis surgen permanentemente. Ya sea por recibir Santos a Capriles o Maduro fijar por decreto límites en disputa, darle protección a las Farc, expulsar modestos trabajadores colombianos, destrozar sus casas y retener a sus hijos menores.
 
Este último episodio lacera la dignidad de la nacionalidad colombiana y atenta contra los derechos humanos, sin que ningún Gobierno se haya pronunciado en solidaridad con Colombia.
 
O peor, el expresidente Samper y el senador Cepeda justifican la agresión contra sus compatriotas por la existencia de paramilitares en la frontera. Nadie lo niega. Pero, confundir a esos delincuentes con los humildes expulsados es arbitrario y cruel. Ya es hora que el Gobierno colombiano considere tales circunstancias al diseñar una acción diplomática severa y eficaz, frente a una potencia vecina ideológicamente adversa que no practica ni tolera la democracia. No más improvisaciones al lomo de los acontecimientos. Necesitamos constituir una fuerza potencial permanente, que a decir de R. Aron, en tiempo de paz, no es otra cosa que el conjunto de recursos materiales, humanos y morales que posee nuestro pueblo. Y, con ella, contrarrestar las desmedidas acciones del Gobierno Bolivariano.
 
Se debe, asimismo, ajustar una política de fronteras que responde a la magnitud de los problemas, que supere los enunciados y vaya a la raíz de la compleja economía informal en los largos kilómetros de nuestros límites. La emergencia de estos días, el contrabando, propio de regiones fronterizas, los desequilibrios agobiantes, requieren continuidad a largo plazo.
 
No echemos en saco roto la declaración de Maduro en la que anunció que “radicalizaría la revolución bolivariana”. No va aceptar nunca que es por culpa de la corrupción de su Gobierno que Venezuela carece de materias primas, maquinaria, comida, útiles de aseo, de todo. Que postró la producción de bienes y servicios por la persecución al capital y por la inseguridad jurídica. Ni que el manejo inepto de Pedevesa tiene sin divisas al país más rico en petróleo de América Latina. Su anuncio significa que no va admitir la derrota que se le viene en las próximas elecciones legislativas. Y tratará de evitarlas. Esos desafueros los comete ante la debilidad y tolerancia de las democracias regionales que han olvidado que la defensa del sistema democrático es el principal mandato de la Carta Democrática Interamericana. Una diplomacia digna debe parar en seco los atropellos venezolanos.
 
P.D.: Presidente Santos: Samper no debe seguir representando a Colombia.