Otro desafío para la ganadería colombiana: la devaluación

Por: 
Ricardo Sánchez Rondón
27 de Agosto 2015
compartir
La creciente devaluación se ha venido tornando onerosa para los ganaderos a través de sus costos de producción. A julio del 2015, la devaluación real, descontada la inflación, es del 49 % anual, suficiente para corregir el retraso cambiario de un 35 %; el exceso de depreciación de la moneda nacional, en un 14 %, obedece al efecto negativo del bajo precio del petróleo en la economía colombiana.
La creciente devaluación se ha venido tornando onerosa para los ganaderos a través de sus costos de producción. A julio del 2015, la devaluación real, descontada la inflación, es del 49 % anual, suficiente para corregir el retraso cambiario de un 35 %; el exceso de depreciación de la moneda nacional, en un 14 %, obedece al efecto negativo del bajo precio del petróleo en la economía colombiana.
 
El impacto en los costos ganaderos, en rubros altamente transables, como concentrados, medicamentos, fertilizantes y herbicidas, asciende hasta un 8 % en el primer semestre del año. Puesto que el componente de los costos ganaderos susceptible de sufrir el impacto directo de la devaluación es de un 24 %, implica que la canasta ganadera registra incrementos en los costos de hasta en 2 veces la inflación nacional. Desafortunadamente, los ingresos de los productores no compensan los mayores costos, puesto que los precios del ganado de carne apenas suplen los costos, en tanto que los precios de la leche han descendido en 2,2 % en 2015, con pérdidas perceptibles para la ganadería de leche.
 
Pese a la urgencia de encontrar alternativas que incidan inmediatamente en los costos ganaderos, es necesario insistir en aspectos estructurales de los insumos con impacto a largo plazo, como reducir los altos márgenes de comercialización de los insumos transables. Pese a que estos márgenes ascienden hasta una quinta parte del valor del producto, en buena parte por la estructura oligopólica de las empresas oferentes, estos se amplían aún más en la distribución detallista. 
 
Aunque los precios de los insumos de los concentrados vienen bajando, no ocurre lo mismo con el producto final.
 
Similar fenómeno ocurre con los fertilizantes, cuyos precios han tenido reajustes importantes aunque los precios internacionales de sus componentes básicos, como la úrea, vienen disminuyendo. Aunque se responsabiliza a los costos de transportes y fletes por la rigidez para transmitir los costos más bajos al consumidor, la gran variabilidad de precios de los mismos insumos en ciudades como Bogotá o Medellín, hasta de un 12 %, según el DANE, indican que más que el transporte, son las políticas comerciales de las empresas las que imperan.
 
La iniciativa del ministro Iragorri, de auspiciar importaciones directas de fertilizantes para proveer a los productores, apunta en la dirección que consideramos importante de profundizar. Otras iniciativas podrían mejorar la capacidad de negociación de los productores a largo plazo, como una comercializadora de insumos de los ganaderos, nuevas líneas de crédito subsidiadas para la producción de alimento bovino, el control en los márgenes de precios y nuevos desarrollos en los sistemas de información de insumos como lo viene haciendo el SIPSA. 
 
Si los productores logran hacer más eficiente este 24 % del PIB bovino que representan los insumos altamente transables, podrán abastecer buena parte del 16 % del PIB bovino que importamos en la actualidad. Una última observación: la difícil situación de los productores de leche amerita acelerar la revisión del sistema de pago de la leche y su actualización acorde con los costos.​