Revolcón al sistema político

Por: 
Juan Manuel Ospina
21 de Marzo 2014
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La política tiene “un no sé qué”, pues es rara la persona que no desprotica de ella, calificándola de “lo peor de lo peor”, pero es a la vez tema obligado de la conversación familiar y entre amigos. Todos convertidos en doctos analistas políticos.
La política tiene “un no sé qué”, pues es rara la persona que no desprotica de ella, calificándola de  “lo peor de lo peor”, pero es a la vez tema obligado de la conversación familiar y entre amigos. Todos convertidos en doctos analistas políticos.
 
La historia se repitió con las pasadas elecciones con la gente estrujando resultados electorales para ponerlos a decir lo que no pueden decir; con los ganadores sacando pecho y reclamando la pureza de su votación mientras que los perdedores gritan fraude y las autoridades balbucean
explicaciones.
 
Regresa el tema de la urgencia de una reforma política o al menos electoral, pues “el sistema tocó fondo”. En el pasado debate, si se mira el voto de opinión y cómo se dio la confrontación electoral,  esta no fue entre amigos y enemigos de la paz, como pretende la campaña reeleccionista, sino en contra de la corrupción, especialmente la política, y de los políticos que prometen y no cumplen
 
Se necesita abaratar las campañas para cerrarle el paso a la actual danza de los millones, la negación misma de la política y de la democracia. De no hacerlo y pronto, “don dinero” acabará con lo que les queda de legitimidad a políticos y partidos. No hay salida distinta a lograr una financiación pública del 100% de una suma acordada a los partidos y no a los candidatos.
 
Los partidos tendrían por ley, acceso equitativo a  los medios y el día de elecciones el transporte público sería gratuito. Una financiación orientada a fortalecer los partidos con actividades permanentes de capacitación de cuadros e información a la opinión, así como de análisis de temas públicos de interés  y la elaboración programática y propositiva. De otra manera seguirán siendo partidos circunscritos a la mecánica  electoral.
 
Los partidos deberán convertirse en actores (colectivos) de la actividad política, para superar la profunda contradicción  que se tiene hoy con un sistema de listas que exige la acción partidaria directa  pero que opera en un escenario electoral de hiperpersonalización de la política. El candidato es el que manda y no el partido, como si se tratara de un sistema electoral de pequeñas circunscripciones uninominales. Se hace urgente la democratización de su estructura y de su funcionamiento en donde las directivas responderles a sus bases ciudadanas. Serán los responsables  de recibir, manejar y responder por los dineros públicos para su funcionamiento.
 
Debían abolirse dos componentes del actual sistema electoral, que aunque bien intencionados sus resultados han sido funestos. El voto preferente que  mantiene viva la hiperpersonalización de la política que condena a los partidos a continuar como dóciles dispensadores de avales bajo la presión de “sus amos”, los políticos, que no deberían poder reelegirse sino dos veces. La hiperprofesionalización de la política la volvió antidemocrática .
 
Con el voto preferente sobreviven, mimetizadas al interior de los partidos, las fatales “microempresas electorales”, la antítesis de una política seria, organizada y democrática. Listas cerradas según la norma de consulta interna que decida cada partido. Igualmente debe acabarse la circunscripción nacional para el Senado, pensada para favorecer el voto de opinión que supuestamente se expresa no en espacios regionales definidos, reino del voto de partido o de maquinaria,  sino disperso a lo largo del país, especialmente en sus ciudades. Esto solo ha contribuido a que  candidatos con base regional y buenos recursos económicos, salgan  a mercar los votos que les faltan, alimentando  “el voto mercenario”.
 
Para la abstención estructural - siempre la misma, siempre presente- además de recuperarle  credibilidad a la política, se necesita un tratamiento temporal de choque con el voto obligatorio, que además afectaría a las maquinarias al ampliarles las posibilidades a los candidatos de opinión  Sin duda se requiere de un gran revolcón al sistema política.