Siete años después

Por: 
Oscar Cubillos Pedraza
25 de Abril 2019
compartir
Hace siete años, en 2012, iniciaba el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Para la época se advertían más amenazas en el sector lechero que en el cárnico que, desafortunadamente, se han venido cumpliendo. Lo más crítico de todo este asunto es que ya ha pasado la mitad del tiempo de la desgravación que permitirá llegar a un libre comercio en leche y sus derivados. ¿Cuál es el balance?

2010 fue el último año en el que el país tuvo una balanza comercial superavitaria en el sector lechero, ya los TLC con Mercosur y Chile hacían mella a través de importaciones originarias de esas regiones. Sin embargo para 2012, inmediatamente entrado en vigencia el acuerdo comercial con Estados Unidos, las importaciones se dispararon por obvias acciones de racionalidad económica.

 

Mientras que en 2010 se importaron poco más de 5 mil toneladas de leche y sus derivados, la cifra para 2012 ya ascendía a 33 mil toneladas. En 2018 fueron 45 mil toneladas, y en los tres primeros meses de 2019 superan las 17 mil, agotándose los cupos sin arancel de EE.UU. y UE.

 

Lo que hay que ver es cómo, año tras año, el contingente sin arancel de lácteos crece, y como se agota cada vez con mayor velocidad. En 2019 solo se necesitaron 67 días para agotar el cupo de EE.UU. de 10 mil 718 toneladas. Y vuelvo a recordar que solo faltan ocho años para el libre comercio en donde solo quedaremos a merced de los vaivenes del precio internacional y la tasa de cambio, a menos que logremos mayor competitividad que los bienes importados.

 

Del total de lácteos ingresados entre 2012 y el primer trimestre de 2019 (268 mil toneladas), desde EE.UU. llegó el 42% de la oferta total, es decir 110 mil toneladas; siendo Colombia su mayor socio comercial en materia lechera. Sin embargo la situación no es recíproca, pues en el mismo periodo solo le hemos exportado al país del norte 3.627 toneladas.

 

En palabras cortas, a Estados Unidos sí le ha servido el TLC con Colombia en materia lechera, pues sus exportaciones a nuestro país se incrementaron en 1.954 % promedio anual (2012-2018) con acuerdo comercial, frente a lo que ocurría sin esta alianza.

 

En el caso colombiano la respuesta es no, pues las exportaciones promedio anual en el mismo periodo se redujeron en 14 % respecto a lo que ocurría antes del TLC. Aunque vale destacar el mejor comportamiento en 2018 que esperaría fuera un cambio de tendencia cada vez más creciente.

 

Bien vale la pena entender que la amenaza es creciente y que no solo es latente para el sector productor por la importación de leches en polvo y lactosueros como bienes intermedios, sino que también advierte a la industria transformadora pues la entrada de quesos y yogures como bienes finales es ascendente y acelerada.

 

Además no se puede olvidar que más agudo ha resultado el problema desde 2013 con la entrada en vigencia del TLC con la Unión Europea, y aún podría ser más grave si se aprueba el relacionado con Alianza Pacifico, específicamente para Australia y Nueva Zelanda.

 

La solución es evidentemente ser más competitivos, una situación que requiere trabajo de la cadena de valor y no solo del sector productor.