Sin una transformación a la agroindustria, el desarrollo del campo será una utopía

15 de Julio 2022
compartir
A un mes de la elección del nuevo presidente de Colombia, y después de escuchar a la futura ministra de Agricultura, las propuestas de reforma agraria y el catastro multipropósito han generado gran incertidumbre frente a las políticas propuestas y su debida implementación en el sector ganadero. ¿Cuáles son las implicaciones de la reforma agraria?

A un mes de la elección del nuevo presidente de Colombia, y después de escuchar a la futura ministra de Agricultura, las propuestas de reforma agraria y el catastro multipropósito han generado gran incertidumbre frente a las políticas propuestas y su debida implementación en el sector ganadero. ¿Cuáles son las implicaciones de la reforma agraria?

 

Si analizamos el legado histórico de la ganadería en el país, podemos ver que ha jugado un papel importante en la economía desde la época colonial y le ha garantizado a muchos actores, grandes y pequeños, en la cadena productiva, una mayor estabilidad económica, cuando se contrasta con la agricultura. Fue a través de la ganadería que se logró conectar las diferentes regiones del país gracias al comercio de carne, pieles y derivados, así como el transporte de productos del agro.

 

En los últimos años hemos visto como se ha dinamizado el sector ganadero gracias a las exportaciones de ganado en pie, ganado canal y derivados lácteos. De manera directa se mejoró la economía de más de 700.000 familias en los diferentes niveles de la cadena de producción. Sin embargo, la reforma agraria que se plantea ha tenido un efecto directo en esta industria; tan es así que el precio del ganado en ciertas regiones se ha desplomado más de un 10% en estas tres semanas; por lo tanto, perdiendo el dinamismo que venía desarrollando en los últimos años.

 

Otro punto que no se logra descifrar claramente es la propuesta del nuevo gobierno en torno a las tierras improductivas y el catastro multipropósito. Deja muchas preguntas el significado del término “improductivo” en este contexto; ¿será esto en cuanto a designación o aptitud del terreno, estacionalidad, tiempos de descanso de la pastura, carga animal, producción por hectárea, entre otros? ¿Cómo se piensa entrelazar esto con los criterios que buscamos de ganadería sostenible y la creación de áreas necesarias para disminuir la huella de carbono? ¿En qué índices se basará la tasación a las tierras llamadas “improductivas?”. Sobre el particular, varios miembros del gremio ganadero tenemos muchas inquietudes sobre lo que este término significa para el nuevo gobierno y cómo afectaría o beneficiaria nuestras actividades o cual será el gana-gana de esta propuesta.

 

En el posible hecho de que el gobierno plantee reemplazar la ganadería por agricultura en su totalidad en los terrenos “improductivos” y en el que suponemos que improductivo sea interpretado como “ineficiente”, estaría afectando una actividad que representa el 6.8% en el PIB agropecuario; a menos que se encuentre un punto de equilibrio funcional u optimización de lo que ya existe. Adicionalmente, las exportaciones del sector pecuario han ido incentivando los indicadores de la economía del país.

 

Es loable la idea de dar un impulso al agro y parece una decisión que sugiere un mayor análisis. Como sabemos, la agricultura es más sensible al cambio climático, a la inadecuación de vías terciarias para transportar productos, a la viabilidad de flujo de caja a corto plazo, a la volatibilidad de divisas para adquisición de insumos necesarios para las labores de campo. Las preguntas que nos podríamos plantear son entre ellas, ¿qué se va a cultivar en cada región? ¿Estará 100% garantizada la comercialización de estos productos? ¿La aptitud del suelo la tendrán presente? ¿Se contará con las vías terciarias suficientemente adecuadas para sacar las cosechas de productos perecederos? ¿Habrá disponibilidad de asistencia técnica? ¿Tendrá capacidad la banca pública de otorgar créditos blandos a todos los productores? ¿Se dispondrán las herramientas e infraestructura necesaria para ser productivos y competitivos internacionalmente? ¿La adaptación de nuevos cultivos se harán sin degradar el suelo, el agua y sin afectar a poblaciones vulnerables? ¿Se buscará procesar los productos primarios para implementar la agroindustria? Son preguntas que tal vez están siendo analizadas a profundidad por la nueva administración pública y, no en tanto, tenemos nula información.

 

Nuestro país cuenta con un potencial enorme para ser despensa de alimentos no solo para nuestros ciudadanos, sino que también podemos generar excedentes para la exportación que tanto necesitamos para la generación de divisas que ayuden a equilibrar la balanza de pagos. Hay casos de éxito de la articulación entre la producción primaria y la agroindustria como lo es la palma africana. Por lo tanto, el nuevo gobierno deberá transmitir mayor confianza inversionista que genere nuevas apuestas en la transformación de materia prima y la creación de una agroindustria fuerte en el país para que los que practicamos la ganadería veamos el potencial de otros subsectores y podamos diversificar e invertir libremente de manera que generemos sostenibilidad en nuestras empresas y en el medio ambiente. Sin una transformación a la Agroindustria, el desarrollo del campo seguirá siendo una Utopía.

 

Paul Rodríguez Sánchez – Empresario del Campo