Son vacas, pero no todas son iguales

Por: 
Mariana Navarro Sanint
26 de Febrero 2019
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Los humanos somos diferentes en sensibilidad, reacción e interacción. …los bovinos también.
¿Se ha preguntado alguna vez si todos los humanos necesitamos lo mismo para tener bienestar? Conozco personas que odian mojarse y otras que son felices bajo la lluvia, algunas no consideran posible estar bien sin aire acondicionado y otras no logran respirar bien si están encerradas. Hay humanos que necesitan una casa grande y otros que son felices viajando por el mundo durmiendo donde los reciban. Somos todos de la misma especie, siendo esto una realidad, ¿porque pensar que los bovinos como individuos tienen igual tipo de sensibilidad?
 
Para saber de bienestar animal, y más específicamente de bienestar bovino, existen estudios que se basan en análisis más allá de las suposiciones subjetivas. Las mediciones de algunas hormonas, así como el estado de salud y los comportamientos que han sido estudiados repetidas veces, dan confianza en la información brindada.
 
Los bovinos, así como los humanos, no son todos iguales. Las preferencias y los comportamientos son diferentes según la crianza, la adaptación al medio, el estado nutricional, el momento productivo, el comportamiento heredado, y situaciones particulares. Algunos bovinos buscan la sombra más rápido que los que se sienten bien al sol, no todas las razas se adaptan bien al frio y no todas se desarrollan bien en climas cálidos, hay individuos más nerviosos que otros, etc.
 
Cuando se habla de bienestar animal y se tiene presente que parte del bienestar es la libertad de elegir, como lo harían en su estado natural, es fundamental considerar manejos y espacios en los que los bovinos tengan esta libertad.
 
Uno de los métodos de estudio es permitirles a los animales regresar o huir del lugar en el que se les realizó una cierta práctica de manejo. Lo sorprendente es que no todos reaccionan igual. Esto ha abierto las ramas de estudios al entender que los animales también son auditivos, sensibles o visuales, como nosotros los humanos.
 
Aprender a observarlos es entender que algunos son más nerviosos a los movimientos, otros son más sensibles a los ruidos, y otros se asustan con el contacto con humanos. No se deben generalizar para todos los individuos este tipo de actitudes, pero mientras se conocen todos deben ser tratados con respeto y cuidado para evitarles estrés.
 
Está demostrado en los animales, así como en los humanos, que la continua exposición al estrés es causante de cambios fisiológicos que desencadenan patologías y repercuten en la producción.
 
Además, hablando de bienestar y sin olvidar el de las personas que están trabajando con nuestras vacas, si ellas están bien los riesgos de accidentes serán menores; un animal es agresivo, en la mayoría de los casos, cuando siente que su espacio esta siendo invadido y tiene la necesidad de huir o atacar.
 
Mariana Navarro Sanint
Médico Veterinario Zootecnista
Universidad Tecnológica de Pereira