Un falso dilema

Por: 
José Félix Lafaurie Rivera
03 de Abril 2020
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Entre confundido y aterrado, el mundo enfrenta un enemigo no muy letal pero sin fronteras. Morirán menos que en las pestes medievales, en anteriores epidemias y en las guerras “mundiales”, pero morirán en todo el planeta y, mientras se encuentra la vacuna y la cura para los infectados, todo es zozobra.

Una zozobra que la izquierda y otros sectores atizan en los medios y las redes, a contrapelo del equilibrio presidencial en el manejo de la crisis, compartiendo siempre sus decisiones con los ciudadanos, con serenidad, sin altisonancias y asesorado por expertos.

 

La alcaldesa de Bogotá le echa leña a esa candela con su advertencia de prórroga hasta junio, para lo cual “Si hay que ir apagando la economía, lo hacemos”. López, que comparte con la izquierda esa miope posición de identificar “la economía”, con unos “oligarcas” protegidos del Gobierno, introduce el falso dilema entre “salud o economía”, generando una discusión pública con mucho de populismo y poco de ética.

 

No. La economía es como el aire; todo lo que hacemos es “económico”: comer, vestirnos, viajar, divertirnos. No creo en videos sensibleros de volver a “la vida sencilla”, cuando somos 7.000 millones en el mundo. Podemos comer un año en casa, pero los meseros y cocineros pasarán hambre; vivir un año con dos mudas, como muchos colombianos pobres a quienes, paradójicamente, les negaríamos la oportunidad de trabajar en una tienda de ropa. Podemos dejar de divertirnos, pero los que nos divertían pasarán hambre.

 

No se trata entonces de un dilema ético entre la salud de muchos y la riqueza de unos pocos, con un perverso factor de juzgamiento social para acorralar al Gobierno. El presidente ha reiterado que no abrirá totalmente la economía el 14 de abril, pero si no sigue la “recomendación” de López, le endilgarán los muertos del coronavirus.

 

Si apaga la economía y enciende la imprenta de billetes, como algunos recomiendan para financiar subsidios directos, definitivos en esta primera etapa pero insostenibles, enfrentaremos una hiperinflación a lo “Venezuela”, con sus secuelas de desempleo y pobreza, y entonces le endilgarán los muertos del hambre.

 

Este no es un problema de ricos, que perderán, pero pueden resistir diez pandemias. Es de las pequeñas y medianas empresas que mueven la economía, aunque invisibles al abrigo de la informalidad. Sus empleados son prescindibles, pero hacen parte de las estadísticas, al lado de los informales “informales”, los de calle: la señora de las arepas, la “de por días”, el del carro de perros, el del agache... Un inmenso problema social, tan grave como la enfermedad misma, que exige una economía funcionando, a media marcha quizás…, pero funcionando.

 

Frente a las escalofriantes cifras de otros países -Estados Unidos registró 245.000 infectados y ¡1.169 fallecidos en 24 horas!-, debemos reconocer que el país lo está haciendo bien. A un mes del primer contagio, apenas cruzamos el umbral de 1.000 infectados, no pasamos la veintena de muertes, el sistema de salud se prepara con juicio y con apoyo del gobierno y los privados; y lo más importante: lo seguimos haciendo bien, porque las pruebas masivas, que ya comienzan, permitirán encontrar y aislar a los asintomáticos que, pareciendo sanos, son propagadores ambulantes.

 

No dudo que el presidente, curado de arrogancias, no escuchará los cantos de sirena del populismo y se amarrará al palo mayor de su serenidad y el consejo de los expertos, a los que se suma el apoyo bienvenido del gobierno de Corea del Sur, país amigo y agradecido con Colombia desde la guerra de los 50 del siglo pasado. Ayer por ti, hoy por mí.