Jugó fútbol profesional, trabajó en el ICA, fundó empresas y pudo dedicarse a otras actividades. Sin embargo, siempre regresó al mismo lugar: la ganadería. A sus 87 años recibió el Reconocimiento al Mérito Ganadero de Santander, una distinción que resume una vida dedicada al campo, marcada también por las dificultades que hoy enfrentan muchos productores rurales.
La vida de Álvaro Gast Galán pudo escribirse de muchas maneras.
Durante su juventud fue futbolista profesional y vistió las camisetas del Atlético Bucaramanga y del Deportes Tolima.
Más adelante trabajó como docente, creó un programa tecnológico agropecuario y desempeñó funciones técnicas en el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).
Pero ninguna de esas actividades logró desplazar la que realmente consideraba su vocación.
Siempre terminó regresando a la ganadería.
Por esa trayectoria, construida durante varias décadas, la Federación de Ganaderos de Santander (Fedegasan) le otorgó recientemente el Reconocimiento al Mérito Ganadero de Santander, una distinción que, según su familia, recibió con profunda emoción.
“Cuando recibió la placa y la estatuilla vio reflejado el esfuerzo, la tenacidad y todo lo que significa ser ganadero”, recordó su hijo, Carlos Gast.
Pasión que comenzó en la infancia
El vínculo de Álvaro Gast con la ganadería nació mucho antes de convertirse en productor.
Durante las vacaciones viajaba a las fincas familiares en El Socorro, donde ayudaba a reunir terneros, mover ganado y realizar las labores propias del campo.
Su entorno también influyó en esa vocación.
Su tío Enrique Gast fue fundador y gerente del antiguo Fondo Ganadero de Santander y uno de los pioneros en la importación de ganado cebú al departamento.
Otro de sus familiares, Eduardo Gast, se destacó posteriormente como criador de la raza Beefmaster.
La tradición agropecuaria venía de varias generaciones atrás.
Formación para el campo
Su paso por el Colegio Agropecuario San Jorge, en Ibagué, terminó de consolidar esa inclinación.
Allí combinó la formación académica con el trabajo diario en actividades agrícolas y pecuarias dentro de una institución que contaba con cerca de mil hectáreas destinadas a la producción.
Más adelante regresó como profesor y participó en la creación de un programa tecnológico agropecuario, antes de incorporarse al ICA, donde fortaleció su experiencia técnica.
La decisión que marcó su vida
Aunque tuvo oportunidades para dedicarse a la agricultura, la avicultura e incluso participar en la creación de nuevas empresas, nunca abandonó la ganadería.
Con una pequeña finca y algunas vacas cebú (obtenidas gracias al apoyo de su tío Enrique) comenzó a construir su propio proyecto empresarial.
Inicialmente trabajó en sistemas de doble propósito y posteriormente incorporó genética Girolando y Brahman Rojo puro, buscando mejorar permanentemente la productividad de sus hatos.
Para quienes trabajaron con él, una de sus mayores fortalezas consistía en conocer el comportamiento de cada animal.
“Siempre dice que al ganado hay que observarlo para entender lo que necesita”, recuerda su familia.
Patrimonio construido sin deuda
Álvaro Gast también desarrolló una filosofía empresarial poco común. Prefirió crecer lentamente antes que endeudarse.
Construyó su patrimonio adquiriendo únicamente aquello que podía pagar con recursos propios y mantuvo una reputación basada en el cumplimiento de su palabra.
Esa misma disciplina lo convirtió en un participante permanente de la vida gremial.
Durante años asistió sin falta a ferias, capacitaciones y subastas ganaderas.
“Nunca faltaba. Todos los miércoles estaba desde muy temprano en la subasta y permanecía hasta terminar la jornada”, afirmó Carlos Gast.
Los años difíciles
Después de una vida dedicada al trabajo rural, los últimos años estuvieron marcados por un proceso de restitución de tierras que, según su familia, afectó profundamente su tranquilidad.
Uno de los predios adquiridos legalmente hace más de quince años continúa inmerso en un litigio judicial relacionado con hechos ocurridos antes de que él fuera propietario.
“Han sido ocho años de incertidumbre por una situación en la que nunca tuvo participación”, explicó su hijo.
La prolongación del proceso terminó afectando su salud y aceleró su retiro de la actividad productiva.
Hoy, a sus 87 años, enfrenta problemas de movilidad y pérdida auditiva, aunque sigue visitando ocasionalmente la finca y conserva la costumbre de recorrer los potreros para observar el ganado.
Reconocimiento llegó a tiempo
La administración de las fincas continúa ahora en manos de su familia, que procura mantener el legado construido durante toda una vida.
Por eso, el homenaje recibido por Fedegasan tiene un significado especial.
No solo reconoce la trayectoria de un productor.
También representa el homenaje a una generación de ganaderos que construyó empresa desde el campo, afrontó las dificultades propias del sector y dejó una huella en el desarrollo de la ganadería santandereana.



/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)