Un nuevo estudio de ANIF reveló que el endeudamiento del Estado alcanzó niveles históricos comparables solo con los de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), cuando hubo hiperinflación y no se pudo pagar las obligaciones externas. Para el presidente de la entidad, José López, si este desbalance no se corrige con urgencia, el bolsillo de cada ciudadano terminará pagando las consecuencias.
Piénselo así: usted, su pareja, sus hijos, su vecino, el señor de la tienda de la esquina y hasta el bebé que acaba de nacer, todos en Colombia deben hoy $20 millones. Pero no es porque hayan pedido un crédito ni comprado a cuotas. Lo deben porque el Estado colombiano lleva décadas gastando más de lo que recauda, y esa cuenta la tenemos que respaldar entre todos.
Esa es la forma en que José Ignacio López, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), explica la magnitud de una crisis fiscal que los economistas suelen describir con cifras tan grandes que se vuelven incomprensibles.
"La deuda neta del gobierno supera los 1.089 billones de pesos. Eso quizás no dice mucho. Pero si decimos que cada colombiano tendría que poner 20 millones para respaldarla, ahí sí empieza a dimensionarse el problema", señaló López.
Para entender qué tan grave es, basta con comparar: hace 35 años, en 1991, esa misma cuenta (en pesos de hoy) era de apenas dos millones por persona. En poco más de tres décadas, la deuda por cabeza se multiplicó por diez. Y el nivel actual de endeudamiento, como porcentaje del tamaño de la economía, solo tiene un antecedente en la historia del país: el período de 1898 a 1903, en plena Guerra de los Mil Días.
"Ese fue un momento muy complejo para la vida nacional. Tuvimos una guerra cruenta, una hiperinflación que llegaba al 102 % anual y Colombia no pudo cumplir sus obligaciones con los prestamistas externos. Ahora, más de 120 años después, adelantamos la película y cada año seguimos teniendo un aumento de la deuda pública en niveles similares”, recordó López.
Solo 8 años con cuentas saludables
El diagnóstico de ANIF es contundente: en los últimos 35 años, Colombia solo ha tenido ocho en los que el gobierno logró cuadrar sus cuentas. En todos los demás, el Estado gastó más de lo que recaudó. El resultado es una deuda que sube año tras año, y que hoy ronda el 60 % del PIB.
A lo anterior, se suma un agravante reciente. Durante la pandemia, el gobierno de Iván Duque accedió a un crédito del Fondo Monetario Internacional de cerca de 5.400 millones de dólares, con una tasa de interés de apenas el 3%.
Una condición excepcional que Colombia ya no tiene. Cuando el gobierno Petro terminó de pagar ese préstamo (lo que el Ministerio de Hacienda presentó como una buena noticia), la realidad es que ahora se endeuda al 8 % en dólares y entre el 13 % y el 14 % en pesos. Es decir: pagó una deuda barata y la reemplazó por deuda cara.
¿Y esto incide en el ciudadano de a pie?
Mucho. Mientras la deuda sigue creciendo, el gobierno destina una parte cada vez mayor de sus ingresos a pagar intereses, lo que deja menos plata para educación, salud, vías e inversión social.
Las tasas de interés se mantienen altas y encarecen créditos de vivienda, consumo y negocio. Además, limitan la capacidad del Estado para invertir en sectores clave como salud, educación o infraestructura.
Si la situación se sale de control, el peso se devalúa, la inflación sube y los ahorros pierden valor. Todo eso, al final, lo siente el bolsillo de cualquier colombiano, sin importar si gana un salario mínimo o diez.
¿Se puede cerrar el hueco fiscal?
Frente a este panorama, ANIF propone un ajuste fiscal que implica apretarse el cinturón. Según López, el país necesita un recorte cercano a los 58 billones de pesos, equivalente a tres puntos del PIB. La mayor parte del esfuerzo, dos puntos para ser más precisos, debería venir del propio Estado.
“Buena parte del ajuste que proponemos nosotros descansa en menor gasto del gobierno, sobre todo menor gasto burocrático, en que no haya duplicidad de funciones y se detenga el aumento de la nómina, es decir, que no siga creciendo el número de empleados en el Estado, así como recortes en otras partes”, detalló.
Solo después de ese ajuste, y de manera complementaria, podrían evaluarse nuevos ingresos o reformas tributarias. Pero López es enfático en la secuencia: primero, el Estado tiene que apretarse el cinturón. Solo después, si es necesario, se le puede pedir un esfuerzo adicional a los colombianos.
"Lo primero no es salir corriendo a hacer una reforma tributaria. Lo primero es ajustarse el cinturón", insistió.
El reto no es menor, sobre todo en un contexto de bajo crecimiento económico. Para este año, ANIF proyecta que Colombia crecerá entre 2 % y 2,5 %, un ritmo insuficiente para aliviar la presión fiscal.
“El país necesita crecer por encima del 3 % para poder salir de esta situación. Con crecimientos bajos, la deuda sigue siendo una carga cada vez más pesada”, señaló López.
El mensaje para el próximo gobierno, que asumirá el 7 de agosto de 2026, no puede ser más claro: heredará una deuda que ya pesa 20 millones por colombiano, y no habrá forma de ignorarla.



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