Las ventas externas de ganado en pie y carne bovina acumulan fuertes caídas en el primer cuatrimestre de 2026 por una revaluación del peso colombiano. Carlos Botero, ganadero dedicado a la ceba y comercialización de animales, lo siente en carne propia: hace semanas que no despacha al exterior, y esa crisis ya golpea a los pequeños productores que le venden sus terneros.
Las exportaciones colombianas de ganado en pie y carne bovina siguen sin recuperar el ritmo que mostraban un año atrás. Aunque abril presentó señales de mejoría frente al mismo mes de 2025, el balance acumulado hasta el cuarto mes sigue evidenciando una fuerte contracción que preocupa a productores, comercializadores y empresarios vinculados al negocio exportador.
Uno de ellos es Carlos Botero, propietario de Agropecuaria Patio Rico La Ceiba, ubicada en el Urabá antioqueño, quien reconoce que la actividad exportadora ha atravesado meses especialmente complejos.
"No estamos exportando. El mes pasado no salió un solo cacho. Para este mes, queriendo Dios para la semana entrante, ya tenemos programada la salida de un barco. Ojalá se cumpla esa operación, porque con esa incertidumbre es muy berraco, pero bueno ahí vamos para adelante”, manifestó.
Y es que las cifras respaldan esa preocupación. Entre enero y abril de 2026 Colombia exportó 52.719 cabezas de ganado bovino, mientras que en el mismo periodo de 2025 la cifra alcanzó 126.940 animales. Esto representa una caída cercana al 58,5 % en volumen.
En términos de valor, las exportaciones pasaron de generar 94,5 millones de dólares entre enero y abril de 2025 a 48,4 millones de dólares en los mismos cuatro meses de 2026, una reducción de casi el 49 %.
El panorama en carne, despojos y vísceras no más alentador. Entre enero y abril de 2026 se exportaron 7.244 toneladas entre carne, vísceras y despojos, muy por debajo de las 15.602 toneladas registradas el año anterior. Aunque abril mostró una recuperación al alcanzar 2.189 toneladas frente a las 2.542 de abril de 2025, el acumulado sigue siendo desfavorable.
Para Óscar Cubillos, jefe de la Oficina de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán-FNG, la situación sigue siendo desafiante pese a algunos avances observados en abril.
"En el acumulado enero-abril todavía estamos por debajo de los mismos meses del año anterior. En carne viene muy decaído. Las cifras totales del año no son las mejores: caídas cercanas al 60%, que se explican por el tema cambiario", indicó.
Volatilidad de la tasa de cambio
Como lo anotó Cubillos, detrás de este comportamiento aparece un factor recurrente: la tasa de cambio. El peso colombiano se ha fortalecido frente al dólar, lo que reduce los ingresos en moneda local para quienes cobran en divisas y encarece el producto colombiano frente a competidores internacionales. Al pasar de más de $5.000 a niveles por debajo de $3.600, la contabilidad de estos productores sufre un grave impacto.
Sin embargo, el ganadero de Antioquia reveló que hay un factor que podría amortiguar parcialmente el golpe: los precios del ganado en Brasil, el mayor comercializador de ganado de la región, están alrededor de un dólar por encima de los colombianos, lo que ha mantenido cierto atractivo para los compradores externos.
“Con esa tasa de cambio tan bajita, de todas maneras nos ha ayudado que el ganado en Brasil está prácticamente un dólar más caro que nosotros. Allá el kilo de ganado en pie está en 3 dólares, y el de nosotros está en 2 dólares. Hasta ahora ese diferencial nos ha ayudado un poco, aunque la tasa de cambio sí nos ha matado”, explicó Botero.
Impacto para toda la cadena
La desaceleración exportadora también tiene efectos sobre el mercado regional y nacional. El productor explicó que su actividad involucra a numerosos pequeños ganaderos que venden animales para engorde antes de que estos sean destinados a exportación.
“Yo traigo animales del Magdalena, de donde resulte, o les compro a pequeños ganaderos de aquí de la zona. Los de aquí son personas que tienen 20 o 30 animalitos y me los venden a mí. Así es como se dinamiza la economía de la región”, señaló.
Cuando los embarques se retrasan o se cancelan, toda esa cadena productiva siente el impacto.
Menos exportaciones significan menor rotación de animales y de las compras y la caída en el flujo de recursos en las regiones.
Por ahora, tanto Botero como sus proveedores de animales de levante tienen la mirada puesta en los puertos, esperando que los barcos vuelvan a salir con mayor frecuencia y permitan recuperar parte del terreno perdido.



/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)