El recientemente publicado Manual de Ganadería Regenerativa de Disney Baquero plantea una ruta técnica para que el productor colombiano deje de tratarlo como un soporte pasivo y lo convierta en el eje de sus decisiones de agua, forraje, carga animal y costos.
La degradación de las praderas, la variabilidad climática, el aumento de los costos de producción y la escasez de mano de obra están obligando a la ganadería colombiana a replantear su modelo productivo. (Lea en CONtexto ganadero: ‘Basílica’, la vaca guzerá que hizo historia en Montería con 41,97 litros por día. Así lo logró)
En ese contexto, el Manual de Ganadería Regenerativa, presentado por Disney Baquero, propone una hoja de ruta para llevar este enfoque del discurso a la práctica, mediante herramientas que buscan producir carne y leche de forma más eficiente, rentable y sostenible.
El documento, elaborado dentro del sistema Centro de Negocios Ganaderos (CNG), aterriza una idea central: la regeneración no puede quedarse en una promesa ambiental, porque en la práctica define la oferta de pasto, la fertilidad del hato, la retención de agua y la rentabilidad del negocio.
“Ya no tenemos el animal cien por ciento en el radar; el suelo es como un activo biológico y valiosísimo”, afirmó Baquero.
También explicó que la fertilidad del predio deja de ser un dato de laboratorio para convertirse en el punto de partida de la producción.
El manual recuerda que Colombia usa cerca de 34 millones de hectáreas en ganadería, aunque la vocación real del suelo ganadero es de 15 millones, y que la actividad sigue asociada a emisiones de gases efecto invernadero, pasturas degradadas y baja eficiencia en muchas zonas del país.
De ahí que el problema ya no sea solo reputacional; es económico, porque un suelo agotado produce menos forraje, exige más suplementación para el ganado y encarece cada kilo de carne o litro de leche.
De la idea al potrero
La propuesta del manual está organizada en diez pilares, pero su lógica puede resumirse en una secuencia que inicia por entender y diseñar el predio; le sigue ordenar la infraestructura de agua y cercas; para luego ajustar el pastoreo, recuperar el suelo, suplementar lo estrictamente necesario, medir y corregir.
Baquero insistió en que el productor necesita puntos de entrada concretos. Por eso el manual pone en el centro el diseño predial, la cerca eléctrica, el acueducto ganadero y el pastoreo rotacional de alta densidad como piezas que se conectan entre sí.
Si el agua queda lejos, el animal gasta energía caminando; si no hay subdivisiones, no hay descanso del potrero; si no hay descanso, el suelo no recompone cobertura ni raíces.
El corazón de esa cadena es el suelo vivo. El manual explica que restaurar sus ciclos de agua, carbono y nutrientes permite retener más humedad, mejorar la infiltración y reducir la dependencia de fertilizantes o correctivos externos.
En otras palabras, la regeneración no se plantea como un costo adicional, sino como una forma de devolverle al predio procesos que después se traducen en pasto, sanidad y estabilidad productiva.
Economía detrás del cambio
Uno de los puntos más sensibles del debate es el dinero. Baquero no vende una transición instantánea ni homogénea: advirtió que cada finca responde según el daño previo del suelo, el tamaño del predio y la capacidad de inversión.
Pero sostuvo que, una vez superado el umbral inicial, el sistema puede bajar costos de producción entre 15% y 30% al reducir herbicidas, baños, maquinaria, silos y suplementación mal dirigida. (Lea en CONtexto ganadero: Guzerat, raza cebuina que gana respeto y terreno en Colombia)
Su argumento se apoya en la idea de que el negocio deja de gastar en corregir síntomas cuando empieza a reparar causas.
“Cada vez que usted sube un punto de materia orgánica en su suelo, está mejorando el precio de su tierra hasta en 3 millones de pesos por hectárea”, señaló Baquero, ligando el debate ambiental con el valor del activo más importante de la producción ganadera: la tierra.
El manual también aterriza costos de implementación y plantea fases que van desde la sensibilización hasta el monitoreo permanente.
En un ejemplo para una finca de 50 hectáreas, el costo total se estima en $28,5 millones, equivalente a $570.000 por hectárea, con retornos proyectados en los primeros dos años cuando el sistema logra elevar carga, biomasa y eficiencia operativa.
Carbono y tecnología
El otro frente es el carbono. El documento recoge los avances de CarbonoVivo, proyecto que entre 2020 y 2023 midió el 100% de los predios inscritos y reportó una ganancia progresiva de carbono en suelo, junto con un almacenamiento promedio de 42,67 toneladas de carbono por hectárea.
Según Baquero, la captura de carbono ya no debe verse como un relato aspiracional, sino como un componente de trazabilidad, validación y, a futuro, de ingresos adicionales.
Pero la autora también pone una condición: nada de eso escalará si el conocimiento se queda encerrado.
El manual conecta productores, gremios, academia, plataformas de monitoreo y proyectos de carbono porque entiende que la regeneración no se multiplica solo con convicción, sino con datos, acompañamiento y redes
Ahí está, quizá, la mayor ambición del texto: “convertir el manejo del suelo, el agua, el pastoreo y la captura de carbono; en decisiones empresariales de finca, y no en consignas de seminario”, puntualizó Baquero.



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