En la ganadería moderna no basta con genética de punta ni con protocolos reproductivos avanzados. Expertos coinciden en que sin una nutrición adecuada, especialmente en sistemas a pasto donde la suplementación mineral es estratégica, la eficiencia reproductiva y productiva del hato se ve seriamente comprometida.
En el campo se repite una frase que resume una verdad técnica irrefutable: “las vacas se preñan por la boca”. Detrás de esta expresión popular hay un principio fisiológico: sin buena alimentación no hay energía suficiente para que la hembra exprese celo, ovule y sostenga una gestación. (Lea en CONtexto ganadero: Alimentación del ganado vacuno)
De acuerdo con investigaciones divulgadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la nutrición incide directamente en la fertilidad del ganado bovino, pues los desbalances energéticos y minerales afectan la actividad ovárica, la tasa de concepción y la viabilidad embrionaria. Esto significa que, aunque el productor implemente inseminación artificial, sincronización de celos o utilice toros con alto mérito genético, la reproducción fracasará si el animal no tiene los nutrientes necesarios.
Nutrición y fertilidad
En sistemas de cría y lechería, el balance energético es determinante. Una vaca que pierde demasiada condición corporal después del parto tarda más en reiniciar su ciclo estral. “Se puede tener técnica, genética y reproducción, pero sin buena alimentación no se van a preñar”, advierte Mario Londoño, médico veterinario y zootecnista.
Londoño señaló que seguir lineamientos sanitarios y productivos de alimentación es uno de los pilares para garantizar eficiencia reproductiva y productividad sostenible. La energía, la proteína y los minerales como fósforo, calcio y microminerales son fundamentales para que el sistema hormonal funcione correctamente.
Cuando la dieta es deficiente, el organismo prioriza la supervivencia antes que la reproducción. En consecuencia, se presentan celos silenciosos, baja tasa de preñez y mayores intervalos entre partos, lo que impacta directamente la rentabilidad del negocio ganadero.
La sal en sistemas a pasto
En los sistemas de producción a pasto, donde la base alimenticia depende de la calidad y disponibilidad del forraje, la suplementación mineral cobra aún mayor relevancia. Allí es donde la sal mineralizada juega un papel estratégico. (Lea en CONtexto ganadero: Maximizar el bocado y limitar el pastoreo para mejorar eficiencia)
“La sal permite que los animales sean eficientes y produzcan”, señaló Londoño. No se trata únicamente de suministrar cloruro de sodio, sino de ofrecer mezclas balanceadas que corrijan deficiencias del suelo y del pasto. Con una sal de buena calidad, tanto el ganado de carne como el de leche pueden mejorar su desempeño productivo.
La FAO ha documentado que las deficiencias minerales en regiones tropicales afectan la ganancia de peso, la producción de leche y la fertilidad. En estos contextos, la suplementación adecuada contribuye a optimizar la conversión alimenticia y a fortalecer el sistema inmune, lo que repercute en mejores tasas de concepción.
En ganado de carne, una correcta suplementación favorece el desarrollo corporal y la pubertad temprana de las novillas. En lechería, mejora la producción diaria y ayuda a reducir trastornos metabólicos posparto. Todo esto confirma que la nutrición no solo impacta la reproducción, sino también la producción sostenible del hato.
Rentabilidad desde el comedero
La frase “las vacas se preñan por la boca” es más que un simple dicho campesino. Se trata de una síntesis del enfoque empresarial que debe tener la ganadería actual. La inversión en alimentación y suplementación mineral es una estrategia para asegurar más preñeces, intervalos entre partos más cortos y mayores volúmenes de carne o leche.
Cuando el productor entiende que la fertilidad comienza en el comedero y en el saladero, comprende también que la genética y la biotecnología solo alcanzan su máximo potencial sobre una base nutricional sólida.



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