Investigaciones recientes confirman que los cortes magros reciben respaldo médico nutricional: cuando se eligen de forma en porciones adecuadas, aportan proteína, hierro y vitaminas esenciales para el cuerpo. El secreto está en evitar los procesados, elegir calidad y acompañar con una dieta balanceada.
Expertos como la profesional Lucy Acevedo advierten que esta fuente natural de alimentos no debe excluirse del plato familiar; su consumo moderado y enfocado en cortes magros promueve bienestar muscular, energético y cognitivo.
Durante años, se ha vinculado la carne roja con riesgos de cáncer y enfermedades cardíacas, especialmente cuando se trata de carnes procesadas. No obstante, la carne roja magra y no procesada ha demostrado beneficios para la microbiota intestinal y la salud cardiovascular, según investigadores de la Universidad de Purdue.
Estudios a largo plazo distinguen claramente entre las carnes procesadas —asociadas a mayor riesgo de demencia en un 13 %— y la carne roja sin procesar, que no presenta dicho riesgo. Reconocer esta diferencia es clave para reconocer su aporte saludable.
El consumo moderado y enfocado de cortes magros de carne roja promueve bienestar muscular, energético y cognitivo.
Valor nutricional
La carne de res es una fuente completa de proteínas de alta biodisponibilidad, que contienen todos los aminoácidos esenciales necesarios para el desarrollo muscular y la reparación de tejidos. Además, aporta hierro hemo —más absorbible que el vegetal—, vitamina B12, zinc y creatina.
La médico Lucy Acevedo, confirma que “la carne aporta proteínas de alto valor biológico como el hierro, que se absorbe con mayor facilidad que el de origen vegetal, vitamina B12, zinc, entre otros micronutrientes esenciales”. Destaca que estos nutrientes son vitales para funciones como la formación de glóbulos rojos y el sistema nervioso central.
Los nutrientes presentes en la carne roja son vitales para funciones como la formación de glóbulos rojos y el sistema nervioso central.
¡La clave está en el equilibrio!
La moderación es fundamental. La mayoría de las guías recomiendan no exceder tres porciones de carnes rojas por semana, priorizando cortes magros y evitando las carnes procesadas. Además, se sugiere mantener porciones razonables (85-150 g por vez) y complementarlas con frutas, verduras y legumbres.
También es importante enfocarse en la calidad: animales criados en pastos, con menor contenido de grasas saturadas y mayor densidad nutricional. Integrada dentro de una dieta estilo mediterráneo, la carne roja puede contribuir a mejorar niveles de colesterol y salud intestinal.
Lejos de ser una amenaza, la carne roja puede ser un aliado nutricional cuando se consume de manera equilibrada, natural y consciente. Priorizar cortes magros, moderar la ingesta y combinarla con alimentos ricos en fibra garantiza sus beneficios —proteínas, hierro, vitamina B12, zinc— sin caer en excesos riesgosos.