Con un pequeño hato de ganado normando en un municipio de Cundinamarca, Álvaro Rodríguez enfrenta diariamente los altos costos de producción, las variaciones del clima y los bajos márgenes de rentabilidad. Su historia refleja la realidad de miles de pequeños lecheros colombianos que mantienen viva una actividad esencial para el campo.
Cuando el reloj marca las cuatro de la mañana, mientras gran parte del pueblo aún duerme, Álvaro Rodríguez ya está caminando hacia sus vacas. Allí lo esperan sus 11 animales de raza normando, la base de un negocio familiar que durante años ha permitido sostener su hogar en una zona rural de Cundinamarca.
La jornada comienza antes de que salga el sol. Entre el ordeño, la alimentación del ganado y las labores diarias de la finca, las horas transcurren rápidamente.
Sin embargo, detrás de cada litro de leche que sale de su predio existe una realidad que pocas veces conocen los consumidores en un país en el que cerca de la mitad de sus 740 mil fincas ganaderas se dedican a la lechería y por lo menos el 70 por ciento son de propiedad de pequeños productores, según censos recientes de Fedegán.
“Hay días en que uno siente que trabaja solo para cubrir los gastos”, asegura el productor, quien ha dedicado gran parte de su vida a la ganadería de leche.
Una lucha diaria
Con apenas 11 animales en producción, los ingresos dependen casi exclusivamente del precio que recibe por cada litro entregado. Aunque la raza normando se destaca por su capacidad lechera y adaptación a las condiciones de la región, los costos de producción continúan aumentando.
La compra de concentrados, fertilizantes para las praderas, medicamentos veterinarios y materiales para el mantenimiento de cercas representa una carga constante para las finanzas de la finca. A esto se suma el incremento en los costos de transporte y mano de obra.
Álvaro explica que muchas veces debe aplazar inversiones necesarias para priorizar los gastos inmediatos. “Cuando se daña una cerca o toca arreglar una tubería, hay que sacar plata de donde no hay”, comenta.
La situación se vuelve más compleja durante las temporadas de lluvias intensas o sequías prolongadas. En ambos casos disminuye la disponibilidad de forraje y aumentan las necesidades de suplementación alimenticia, reduciendo aún más los márgenes de ganancia.
Valor de la normando
A pesar de las dificultades, el productor destaca las bondades de la raza normando, una de las más utilizadas en sistemas lecheros de clima frío en Colombia.
Los animales de su finca se caracterizan por una buena producción de leche y una destacada rusticidad, cualidades que les permiten adaptarse a las condiciones variables de la región. Además, la calidad de la leche obtenida es uno de los aspectos más valorados por los compradores.
“Es una raza muy noble. Aguanta las condiciones del campo y produce una leche que siempre ha sido bien reconocida”, afirma.
Sin embargo, reconoce que la genética por sí sola no garantiza la rentabilidad. El manejo adecuado de las praderas, la sanidad animal y una alimentación balanceada son factores que exigen inversión permanente.
Permanecer en el campo
A pesar de los desafíos económicos, abandonar la actividad nunca ha sido una opción para este productor. La finca no solo representa su sustento, sino también una forma de vida construida durante décadas.
Cada mañana, cuando termina el ordeño y observa el resultado de su trabajo, encuentra razones para continuar. Aunque reconoce que la rentabilidad es limitada y que muchas veces la actividad parece sostenerse “con las uñas”, mantiene la convicción de que la producción de leche sigue siendo fundamental para el desarrollo de las zonas rurales.
“Uno sigue porque ama el campo, porque aquí nació y porque sabe que producir alimentos es importante para el país”, expresa.
Historias como la de Álvaro se repiten en miles de fincas colombianas. Son pequeños productores que, con pocos animales y recursos limitados, mantienen activa la cadena láctea nacional y contribuyen diariamente a la seguridad alimentaria.
Su esfuerzo silencioso es una muestra de resiliencia en un sector que continúa enfrentando importantes desafíos, pero que sigue encontrando en la vocación ganadera una razón para seguir adelante.



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