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México rompe su equilibrio ganadero y pierde autosuficiencia en carne de res

Álvaro Quintana 20 de Enero 2026
México rompe su equilibrio ganadero y pierde autosuficiencia en carne de resFoto: CortesíaLa menor disponibilidad de ganado y el aumento de las importaciones marcan un nuevo escenario para la carne de res en México.

Tras más de diez años con saldo favorable, la producción local pierde fuerza, las importaciones ganan espacio y el sector ganadero enfrenta un nuevo escenario comercial. El fenómeno responde a menor disponibilidad de ganado, pérdida de dinamismo productivo y un tipo de cambio que favorece las compras externas, con impactos en toda la cadena cárnica.


El dato no fue silencioso ni menor, sacudió al sector ganadero mexicano y abrió una discusión que ya se extiende por América Latina. México perdió su autosuficiencia en carne de res y, con ello, cerró un ciclo de más de diez años con superávit comercial. Las importaciones superaron a las exportaciones y dejaron en evidencia un problema que se venía gestando desde hace tiempo en la producción primaria.

Durante una década, la carne de res sostuvo una balanza favorable para el campo mexicano, con una producción capaz de responder al mercado interno y de mantener un flujo constante hacia el comercio exterior, ese equilibrio comenzó a debilitarse de forma progresiva y hoy las cifras lo dejan en evidencia, el país depende en mayor medida de la carne que ingresa del exterior para atender su consumo, un cambio que repercute en toda la cadena, desde el productor ganadero hasta la industria y el consumidor final.

El análisis del Grupo de Consultores de Mercados Agrícolas señala que este quiebre responde a una combinación de factores económicos y estructurales, Juan Carlos Anaya, director del GCMA, explica que el tipo de cambio actual favorece las compras externas, mientras que la disponibilidad de ganado se redujo y la producción nacional perdió dinamismo, cuando estas variables coinciden, el resultado es una balanza comercial que deja de ser favorable.

La señal más clara aparece en los rastros, tanto en las plantas Tipo Inspección Federal como en los municipales, el sacrificio de animales cayó y eso limitó la oferta de carne producida en el país. Menos animales procesados significa menos producto nacional en el mercado y mayor espacio para la carne importada, que entra para cubrir una demanda constante. (Lea en CONtexto ganadero: El impacto que podrían tener las políticas de Trump en las industrias ganaderas de México y Canadá)

La pérdida de autosuficiencia en carne de res ocurre en un contexto complejo para la ganadería mexicana, uno de los golpes más fuertes fue la reducción en la exportación de ganado en pie hacia Estados Unidos, una actividad que durante años fue clave para el ingreso de divisas y para la estabilidad de miles de productores. Las restricciones sanitarias y el cierre de fronteras frenaron ese flujo y alteraron el equilibrio de la cadena.

Con menos becerros exportados y una menor disponibilidad de animales para sacrificio, la presión se trasladó al mercado interno: los precios comenzaron a ajustarse y la necesidad de importar carne aumentó. El impacto no quedó limitado al productor, llegó al consumidor, que hoy enfrenta un mercado más dependiente de lo que ocurra fuera del país.

El problema no se limita a la res, el reporte del GCMA advierte que México arrastra un déficit estructural en otras proteínas animales, en carne de cerdo apenas se produce 49 % del consumo nacional y en el sector avícola la autosuficiencia ronda 80 %, esta dependencia explica por qué las importaciones de cárnicos crecen con mayor velocidad que las exportaciones y por qué el país es vulnerable a cambios en el mercado internacional.

En términos de comercio exterior, las exportaciones de carne lograron crecer en valor gracias a mejores precios internacionales: aumentó 21,7 %, ampliando el desequilibrio, en palabras simples, México compra más carne de la que vende y paga más por ella. (Lea en CONtexto ganadero: Exportaciones de ganado bovino de México subieron 30 %)

Para el GCMA, el desafío inmediato es recuperar la base productiva, hacia 2026 el sector deberá reconstruir inventarios ganaderos, fortalecer la producción nacional y reducir la dependencia externa sin perder competitividad frente a grandes proveedores como Estados Unidos y Brasil, el reto no es menor y exige decisiones claras en sanidad, financiamiento y apoyo al productor.


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