Una evaluación de las Fuerzas Militares identificó problemas de seguridad, resistencia y funcionamiento en el arma presentada por el Gobierno y desarrollada por Indumil. Las versiones contradictorias sobre 13.000 unidades y un presupuesto de $96.000 millones elevaron la discusión desde el campo técnico.
El pasado 14 de mayo, durante las pruebas realizadas en el Fuerte Militar de Tolemaida, dos uniformados resultaron lesionados mientras participaban en la validación del Jaguar, el arma de fabricación colombiana presentada por el Gobierno como un avance de la industria nacional. El incidente reveló que el proyecto aún enfrenta obstáculos antes de llegar a las tropas.
El informe de las Fuerzas Militares conocido por La FM emitió un concepto desfavorable y concluyó que el sistema continúa en etapa de evolución.
La evaluación reunió observaciones del Ejército, la Armada, la Fuerza Aeroespacial, la Policía e Indumil sobre su seguridad operacional, confiabilidad mecánica y resistencia estructural.
El senador electo Germán Rodríguez, mayor retirado de la Infantería de Marina, considera que apoyar la producción nacional no puede significar acelerar su entrada en servicio.
“Me gustaría que Colombia tuviese su propio fusil”, afirmó en diálogo con CONtexto, antes de advertir que el proyecto necesita más desarrollo. (Lea en CONtexto ganadero: Jaguar: la apuesta del Gobierno por un fusil colombiano en medio de dudas sobre capacidad industrial de Indumil)
El hallazgo más grave corresponde a fallas de acerrojamiento (sistema mecánico en las armas de fuego que fija el cañón y la corredera (o cerrojo) entre sí en el momento del disparo) que ocasionaron detonaciones fuera de la recámara.
El documento también menciona riesgos en la fijación y aseguramiento del cañón, una condición que puede comprometer tanto la precisión como la seguridad del tirador.
A esos problemas se suman el recalentamiento excesivo del guardamano durante el fuego sostenido, deficiencias en la identificación del arma y fragilidad en elementos de puntería y componentes estructurales.
En una operación real, cualquier desperfecto puede reducir la capacidad de reacción del uniformado.
Para Rodríguez, la confianza en el armamento constituye una condición básica de la infantería.
“El fusil es el arma básica, el arma madre de nosotros, tanto para realizar operaciones contra el enemigo como para la defensa”, explicó al dimensionar el efecto que tendría una avería durante una patrulla.
Indumil sostiene que el Jaguar es 20% más liviano que el Galil y presenta su desarrollo como un avance hacia la soberanía tecnológica del país.
La entidad también ha reiterado su compromiso con la seguridad, el rigor técnico y la mejora continua durante el proceso.
Dos lesionados en la validación
El gerente de la fábrica de Indumil explicó a La FM que el incidente ocurrió dentro de un protocolo de pruebas en el que deben funcionar de manera coordinada las 125 piezas del arma.
Desde la empresa, el episodio fue descrito como una situación posible dentro de la verificación de un prototipo.
Sin embargo, el resultado obliga a revisar las causas, los protocolos aplicados y las correcciones realizadas antes de continuar con nuevas etapas.
El propio informe señala que varias observaciones inciden directamente sobre la seguridad del usuario y requieren acciones correctivas.
Trece mil unidades
El presidente de Indumil, coronel retirado Juan Carlos Mazo, aseguró que el Ejército había indicado una necesidad cercana a 13.000 unidades y un presupuesto de $96.000 millones. También anunció una garantía extendida de ocho años para la primera producción.
La versión del Ejército, según lo publicado por La FM, es distinta: la institución no habría realizado ese requerimiento porque el Jaguar sigue siendo un prototipo sin las certificaciones exigidas.
Tampoco habría recibido cotizaciones ni destinado recursos para adquirirlo.
Esta contradicción transforma una discusión técnica en un asunto de rendición de cuentas. Antes de hablar de producción masiva, Indumil y el Ministerio de Defensa deben aclarar de dónde surgieron la cantidad, el presupuesto y la supuesta necesidad institucional.
El análisis económico incorporado al informe señala que existen alternativas internacionales con precios inferiores. Según el documento, adquirir el M4A1 mediante el programa estadounidense FMS podría representar un ahorro estimado de $221.054 millones, cerca del 34 % de la necesidad proyectada.
La comparación no debería limitarse al precio unitario: también debe considerar mantenimiento, repuestos, transferencia tecnológica, garantías y autonomía industrial.
Pero mientras el Jaguar conserve fallas críticas y no tenga certificaciones, justificar un mayor costo será especialmente difícil.
Para Rodríguez, el siguiente paso no debería ser político sino técnico e institucional.
“Si hay algo que se hizo bien, se respetará; si hay algo con novedades, se mejorará; y si hay algo con corrupción, se denunciará”, afirmó al plantear que el futuro del proyecto debe definirse con base en pruebas, costos y responsabilidades claras.
El Jaguar puede convertirse en un avance para la industria militar colombiana, pero hoy la evidencia disponible lo ubica más cerca de un prototipo que de un arma lista para el combate.
Antes de hablar de compras masivas, el país necesita saber si el fusil protege al soldado, si supera los estándares exigidos y si el negocio detrás de su eventual adquisición está plenamente justificado.



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