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"Nadie da razón de ellas": con drones prestados ganadero busca 400 reses que se llevó la avalancha en Arauca

Luis Humberto Caballero 22 de Julio 2026
avalancha en AraucaFoto: cortesíaA la fecha, las comunidades siguen sin saber qué provocó exactamente la emergencia.

Once días después de que una creciente del río Lopeño sepultara buena parte de su finca en Tame (Arauca), Gustavo Carvajal Villarreal todavía no logra dimensionar la pérdida: corrales destruidos, cultivos enterrados y cientos de cabezas de ganado que ni siquiera sobrevolando la zona ha podido ubicar.



Once días después de la avalancha, Gustavo Carvajal Villarreal aún intenta asimilar lo ocurrido.

El productor, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda San Lope, en zona rural de Tame (Arauca), asegura que están desaparecidos 400 bovinos de las fincas ubicadas en las 4 veredas que el río Lopeño arrasó por completo.

"Cuando empezó a llegar el lodo entramos en pánico. El ruido era aterrador. La tierra temblaba. El olor era horrible. Tuvimos que buscar refugio en una zona alta y subirnos a un árbol para esperar que amaneciera. En esos momentos uno solo piensa en salvar la vida", recuerda Carvajal.

La tarde del 10 de julio quedó marcada para siempre en la memoria de este productor. Hacia las tres de la tarde comenzó una creciente inesperada que poco a poco fue transformándose en una avalancha de enormes proporciones. Lo más angustiante, asegura, fue que el fenómeno no terminó con una sola creciente.

"Cada dos horas venía otra avalancha. Una más fuerte que la anterior. La última fue hacia las once y media de la noche. Bajaban rocas inmensas, troncos, palizadas y toneladas de lodo. Era una fuerza impresionante que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso", relató Carvajal.

A la fecha, las comunidades siguen sin saber qué provocó exactamente la emergencia. Se habla de un posible deslizamiento en las cabeceras o de un fenómeno ocurrido en la parte alta de la cuenca, pero las condiciones climáticas han impedido realizar sobrevuelos para determinar las causas.

Mientras tanto, la tragedia continúa presente en las veredas San Lope, El Pesebre, Cerritos, Curípao y sectores aledaños, donde las huellas del desastre son evidentes.


Finca sepultada


La finca Las Saritas representa la historia de una vida construida con esfuerzo. Don Gustavo Carvajal llegó al predio hace más de 16 años, luego de adquirir inicialmente unas novillas Gyr y posteriormente las tierras donde desarrolló su proyecto ganadero.

"Era una finca pequeña, pero muy bonita. Siempre conservé los árboles y los arbustos. Tenía distintos tipos de pastos y trabajaba con ganado de ceba. Poco a poco la fui levantando", cuenta Carvajal.

Hoy el panorama es completamente diferente. Las 22 hectáreas quedaron cubiertas por enormes cantidades de lodo. Los corrales desaparecieron, las cercas fueron destruidas y el barro ingresó a la vivienda.

"Nos quedamos sin los servicios básicos: agua, luz (porque la energía era solar y la avalancha se llevó los equipos) y sin vías de acceso, así como sin corrales y prácticamente sin producción. Hasta los suelos se perdieron. El río Lopeño se llevó todo", afirmó Carvajal.

La emergencia acabó con buena parte de los animales y proyectos productivos que sostenían la economía familiar. Gallinas, cultivos de pancoger y cerca de 5.000 peces que mantenía en estanques quedaron sepultados bajo el barro.


Animales desaparecidos

Uno de los mayores dolores para los productores de la zona es el destino de cientos de bovinos que permanecen desaparecidos desde la emergencia.

Según cálculos de los habitantes, en las cuatro veredas afectadas hay cerca de 400 reses desaparecidas, la mayoría dedicadas a la cría.

"Las hemos buscado con drones prestados porque por tierra es casi imposible caminar. El lodo sigue muy profundo y en algunos lugares uno mete el pie y no lo puede sacar. No sabemos si se ahogaron, si quedaron atrapadas o si fueron arrastradas hacia otros lugares. Nadie da razón de ellas", explicó Carvajal.

En el caso de Las Saritas, las pérdidas también son significativas. De los animales que mantenía en la finca, apenas una parte logró sobrevivir.

"Hoy toca alimentarlos con concentrado, agua y sal mineral. Pero no es solamente el valor económico. Son años de trabajo que desaparecieron en unas pocas horas", dijo Carvajal, con la voz entrecortada.


Sin agua ni vías

La situación de las comunidades continúa siendo crítica. Aunque lentamente se han abierto algunos pasos gracias al apoyo de maquinaria amarilla de la Alcaldía, el acceso sigue siendo limitado.

Los habitantes deben transportar agua en canecas y recipientes improvisados para el consumo humano y el cuidado de los pocos animales sobrevivientes.

"Carecemos de agua potable y también de alimento para los animales. Lo más urgente es recuperar las vías y garantizar el acceso al agua para las familias", señaló Carvajal.

A pesar de la devastación, asegura que las comunidades intentan mantenerse unidas y seguir adelante.

"No estamos pidiendo que nos regalen nada. Necesitamos apoyo para volver a trabajar, recuperar nuestras fincas y reconstruir nuestras vidas. Uno queda lleno de tristeza, de impotencia y de incertidumbre, pero hay que seguir luchando", concluye Carvajal.


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