Cuatro meses después de su inauguración la obra levantada en esa localidad del Catatumbo, Norte de Santander, sigue sin operar por falta de servicios públicos. El proyecto, presentado como una apuesta educativa para la región, evidencia fallas de planeación y deja en el limbo a cientos de jóvenes rurales.
Lo que en diciembre de 2025 fue presentado como un símbolo de transformación para el Catatumbo hoy se ha convertido en un reflejo de frustración. El colegio-universidad inaugurado por el presidente Gustavo Petro en El Tarra no ha podido abrir sus puertas, pese a haber sido entregado oficialmente hace cuatro meses.
La infraestructura, que prometía integrar educación básica, media y superior para más de 600 estudiantes, permanece cerrada por una razón tan elemental como alarmante: no cuenta con agua potable, energía eléctrica, ni alcantarillado. Es decir, nunca estuvo en condiciones reales para funcionar.
Nunca estuvo lista
De acuerdo con una investigación de Caracol Radio, el proyecto avanzó en medio de inconsistencias desde su fase inicial. Aunque en un principio se certificó la disponibilidad de servicios públicos en el predio, posteriormente se determinó que el acueducto municipal no cubría la zona donde se levantó la obra.
Pese a esta advertencia, la construcción siguió adelante con recursos del Fondo de Financiamiento de Infraestructura Educativa, superando los 8.000 millones de pesos en inversión. Incluso, la licencia de construcción fue otorgada y la obra culminó sin que se resolviera el problema de fondo.
La situación resulta aún más crítica al evidenciarse que el proceso para garantizar el suministro de agua solo se inició meses después de comenzada la obra, y el contrato respectivo fue firmado días después de la inauguración presidencial.
Lo anterior deja en evidencia una falta de coordinación institucional que terminó afectando directamente a la comunidad.
Respecto a esta situación, el gerente del Fondo de Infraestructura Escolar (FFIE), Sebastián Caballero, le expresó a los medios que no se trata de un nuevo elefante blanco en el país. Lo que sí queda en el aire es que se inauguró sin contar con estos requisitos para tener logros de gestión en una región que ha sido bastante golpeada por la violencia durante el gobierno Petro.
Estudiantes siguen esperando
Mientras la infraestructura permanece inutilizada, cerca de 200 estudiantes del Instituto Superior de Educación Rural continúan recibiendo clases en condiciones provisionales. La promesa de acceder a educación superior sin salir del territorio sigue siendo, por ahora, una ilusión.
En una región donde las oportunidades educativas son limitadas y el acceso a formación técnica puede marcar la diferencia entre quedarse en el campo o migrar, el retraso del proyecto tiene un impacto profundo. No se trata solo de un edificio cerrado, sino de una oportunidad perdida para jóvenes que esperaban una alternativa real de desarrollo.
Entre el discurso y la realidad
El caso del colegio-universidad de El Tarra pone sobre la mesa una discusión más amplia sobre la ejecución de proyectos en zonas rurales. Más allá de las responsabilidades compartidas entre el Ministerio de Educación, el FFIE, la administración local y la empresa de servicios públicos, lo ocurrido evidencia una desconexión entre los anuncios oficiales y la realidad en terreno.
La inauguración de una obra sin condiciones mínimas de funcionamiento no solo refleja fallas en la planeación, sino que también alimenta la percepción de que se priorizó el impacto mediático sobre la solución efectiva de las necesidades de las comunidades.
En el Catatumbo, donde la educación representa una de las principales herramientas para construir futuro y alejar a los jóvenes de la violencia, lo sucedido en El Tarra deja una sensación difícil de ignorar: se prometió transformación, pero lo que se entregó fue una estructura sin vida.



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