Esta modalidad continúa consolidándose como una alternativa para cerrar brechas sociales y territoriales en Colombia. Desde las regiones apartadas, miles de jóvenes hoy pueden acceder a formación superior sin abandonar sus hogares, sus familias ni sus proyectos productivos.
Durante décadas, acceder a la educación superior en las zonas rurales de Colombia fue un privilegio reservado para quienes podían trasladarse a las grandes ciudades. Sin embargo, el crecimiento de la educación virtual ha comenzado a transformar esa realidad.
El decano de Ciencias Agrícolas de la Fundación Universitaria del Área Andina, Eduardo Mora, aseguró que esta modalidad ha permitido romper el paradigma de que la universidad solo era posible en las áreas urbanas.
“Hoy la educación virtual llega prácticamente a cualquier lugar del territorio nacional. Muchas personas ya tienen acceso a internet y al menos a un celular, lo que les permite formarse sin abandonar sus regiones”, explicó.
Según datos del Ministerio de Educación, cerca del 24% de la población colombiana vive en zonas rurales, regiones donde históricamente han existido dificultades de acceso a vías, salud, comunicaciones y educación.
Se avanza, pero persisten brechas
El crecimiento de esta modalidad ha sido sostenido durante los últimos años, especialmente después de la pandemia del Covid-19, cuando universidades y estudiantes tuvieron que migrar rápidamente a entornos digitales.
Cifras del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SINES) muestran que en 2024 la educación virtual creció un 12,48%, consolidándose como la modalidad con mayor dinamismo en Colombia, con más de 64 mil nuevos estudiantes.
A pesar de ello, la educación presencial sigue concentrando cerca del 70% de las matrículas universitarias en el país. Además, aunque la cobertura bruta en educación superior alcanzó el 57,53%, el tránsito inmediato a la universidad en zonas rurales apenas se acercó al 30%, reflejando la brecha que aún existe frente a las grandes ciudades.
Para expertos, estas cifras demuestran que la virtualidad se ha convertido en una herramienta fundamental para ampliar oportunidades educativas en municipios apartados y sectores populares.
Estudiar sin abandonar el territorio
La virtualidad amplía la cobertura educativa y además permite que muchos jóvenes permanezcan en el campo y apliquen allí mismo el conocimiento adquirido.
Mora advirtió que uno de los mayores problemas del sector agrícola y pecuario es la falta de relevo generacional, pues, muchos jóvenes, abandonan las actividades productivas rurales para migrar a las ciudades en busca de oportunidades.
Frente a esto, destacó programas como el Tecnólogo en Producción de Ganadería Sostenible, desarrollado en alianza con la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, que, actualmente, cuenta con estudiantes en cerca de 20 departamentos del país.
“Lo que buscamos es que los jóvenes entiendan que la riqueza está en sus territorios y que pueden generar calidad de vida sin tener que irse a las ciudades”, afirmó.
El académico explicó, además, que la educación virtual ha generado confianza entre los estudiantes gracias al acompañamiento en tiempo real, plataformas tecnológicas robustas y costos mucho más accesibles.
Actualmente, la oferta virtual de la universidad supera el 60% de sus cerca de 45.000 estudiantes.
Grandes retos
Aunque el crecimiento de la educación virtual ha sido acelerado en los últimos años, las brechas aún persisten. Para Mora, el principal desafío sigue siendo la falta de conectividad, infraestructura y presencia institucional en muchas regiones del país.
El decano aseguró que el próximo gobierno deberá asumir un compromiso real con el campo colombiano, fortaleciendo el acceso a tecnología, vías y proyectos productivos que permitan aplicar el conocimiento adquirido.
“De nada sirve formar talento humano si no existen las condiciones para que ese conocimiento pueda convertirse en desarrollo y riqueza para las regiones”, sostuvo.
Finalmente, insistió en que fortalecer la educación virtual representa una oportunidad académica y una herramienta para combatir problemáticas sociales como la pobreza, el abandono rural e incluso los cultivos ilícitos, ofreciendo alternativas productivas sostenibles para miles de familias campesinas.



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