La ruptura de Caregato dejó a San Jorge y La Mojana con pérdidas de ganado, pasturas arrasadas y productores sin margen financiero. Ahora, el verano agrava una economía rural que tampoco logra reactivar la siembra de arroz ni recuperar su base forrajera.
San Jorge y La Mojana entraron al verano sin haber salido del desastre que dejaron las inundaciones por la ruptura del boquete de Caregato.
En esa subregión, donde la ganadería y la agricultura dependen del comportamiento del agua, la sequía no llegó sobre una economía estable, sino sobre un territorio golpeado, fracturado, con menos animales, pasto y capacidad de respuesta. (Lea en CONtexto ganadero: No venga a echarle cuentos al cuentero, ¡respeto por La Mojana y la Depresión Momposina señor Harman!)
La constante de una crisis sin tregua ha sido la descapitalización silenciosa del pequeño productor.
La pérdida de pasturas, la imposibilidad de sostener los animales en las fincas y la presión económica obligaron a muchos a vender parte de su hato, justo cuando la región más necesitaba conservar su capacidad productiva para hacerle frente a la recuperación.
Desde San Jorge y La Mojana, Emigdio Ramón Surmay Vergara, representante legal del Comité Ganadero de San Jorge y La Mojana, expuso la magnitud del golpe con una cifra que da cuenta de la dimensión del problema: “con las crecientes del Cauca y la ruptura de Cara de Gato desaparecieron cerca de 80 mil reses en La Unión, Caimito, San Benito Abad y San Marcos. Muchos pequeños productores tuvieron que vender sus animales porque no tenían dónde llevarlos y los pastos naturales prácticamente desaparecieron”, expresó.
En esa transición de un extremo al otro, el problema no es solo la falta de lluvia. También pesa la escasa infraestructura para almacenar agua, conservar forrajes o sostener animales en condiciones críticas. La mayoría de las fincas pequeñas, que son buena parte del tejido productivo de la zona, no tiene cómo amortiguar y aguantar un verano largo.
Surmay lo planteó como una fragilidad estructural del sistema productivo: “¿Estamos preparados para un fenómeno de El Niño? Ninguno de los ganaderos. Solamente un dos por ciento de las fincas está tecnificada. El pequeño productor ha sido el más sacrificado”, advirtió.
No solo cayó el hato
Mojana y San Jorge no enfrentan únicamente una reducción de reses o de pasturas. También atraviesan una parálisis agrícola que profundiza la crisis de ingresos en el campo y limita las posibilidades de recuperación de miles de familias rurales.
La caída de las siembras es uno de los indicadores más severos del deterioro. Sin suelos recuperados, con dificultades de drenaje y con productores sin espalda financiera, la actividad agrícola perdió tracción en una zona donde la economía rural depende de la combinación entre ganadería, arroz y otros cultivos de ciclo corto.
En palabras de Surmay, la contracción ya es visible en el terreno. “En nuestra zona apenas se está cultivando entre el uno y el dos por ciento de lo que antes se sembraba. Los arroceros no han podido sembrar y la crisis es tanto para la agricultura como para la ganadería”, agregó.
En medio de la doble emergencia, el cierre de Caregato aparece como la medida más urgente para empezar a recomponer la base productiva.
No se trata solo de una obra hidráulica: para los productores es la condición mínima para que el agua salga, el suelo se estabilice y los pastos naturales vuelvan a brotar en una región donde la recuperación depende, primero, de volver a pisar tierra seca.
Por eso, la crisis de San Jorge y La Mojana no puede leerse como un episodio climático más.
Lo que está en juego es la supervivencia productiva de una subregión donde el agua primero sacó al ganado de las fincas y ahora la falta de agua amenaza con rematar lo que quedó en pie. (Lea en CONtexto ganadero: Ganadería en ruinas: La Mojana ha perdido más de medio millón de reses)



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